
Por Nilda M. Tapia
Nueva York (ILN).- Repertorio Español de Nueva York y su magnífico programa de dramaturgia, auspiciado por la MetLife, ha producido otro acierto. Se estrenó este mes de julio 2012, con un cuidado artístico digno de este teatro hispano, la obra “Probation” (En probatoria) escrita y dirigida por el catedrático Yoshvani Medina, y su asistente, la eximia actriz Zulema Clarés.
Es la mejor obra del exilio cubano que he visto. Es la que uno espera, desprovista de todo ese peso de la cubanidad miamense, ni mejor ni peor que el más mentado de los exilios, por la forma de proyectar el problema del recién llegado al exilio. Y hasta festejo el título en inglés, como para que no se pierda esa actitud del hispano de Miami de referirse a las situaciones comunes del exilio por su nombre en inglés, de modo que le quede claro que debe prestar atención al tema en inglés, porque las novedades sobre este tipo de temas vendrán siempre en ese idioma. Eso de que a los hispanos que no llegan a la cárcel porque el delito no lo amerite; no digan que están en probatoria sino en “probation”, no es cosa de la casualidad.
La dirección de Yoshvani Medina, también el autor de la obra, fue efectiva en elegir a sus actores para subrayar las fuerzas del mal dentro de un ambiente que promete ser el ideal. La fuerza que ejerció el venezolano Alfonso Rey (Pancho), como el tío que se las sabe todas y del cual no hay que dudar ni un ápice, fue el puntal de este triunvirato.

El matrimonio que llega a los Estados Unidos de la isla de Cuba, con sus sueños de triunfo, libertad, y emancipación de los lazos políticos y familiares y su encuentro con el tío ya instalado en el exilio y triunfante económicamente, no es privativa de los cubanos en la ciudad de Miami. En todos los países que absorben inmigración, hay un tío exitoso y un sobrino que emigra hacia la tierra de los sueños.
Pero Medina no sólo consiguió la fuerza del tío exitoso en Alfonso Rey, sino ese tremendo dominio del ritmo escénico que tiene este gran actor de carácter. El fue el que signó esa tremenda energía que puso a los otros dos actores, Hanna Guillén (Yenny) y Sandor Juan (Freddy) a mover los escenarios, a proyectarnos su difícil vida en el exilio, a lo extenuante que resulta cruzar ese mar plagado de tiburones.
Por otro lado, Sandor Juan enriqueció su personaje con aquella vulnerabilidad que trae consigo llevar adelante una proeza de escapar de su isla cautiva, cruzar un mar –plagado de tiburones y control enfermizo de dos países-- con su compañera que tiene que proteger y los detalles técnicos de llevar adelante el cruce sin mayores inconvenientes.
Fue muy efectivo en proyectarnos toda esa fuerza que debe de explayar todo inmigrante recién llegado a su tierra prometida.
Hanna Guillén en el papel de la esposa y compañera de Freddy, mostró momentos de sumisión, pero dosificada con aquella independencia que toda mujer ejerce cuando ve que su marido no logra los objetivos con la premura para poder recibir el hijo que viene en camino.
El desenlace final que Medina maneja con gran maestría, nos pone ante la disyuntiva alarmante de tener que “pegar la vuelta” hacia el país de origen, un tema muy debatido entre las inmigraciones ya establecidas en ciertos países receptivos.
Luego de su fracaso laboral y su posible encarcelación por fraude federal, Freddy no tiene otra disyuntiva que volverse a Cuba.
El autor muestra su gran manejo del drama, cuando le da a la audiencia la autoridad de decidir qué debe hacer Freddy. La audiencia de Nueva York fue muy contundente y Freddy debe quedarse y afrontar el exilio. Mi punto de vista fue muy definitivo; Yenny y el hijito recién nacido de ambos debían ser protegidos del peligro del viaje de regreso y el niño, inocente por excelencia, debía ser protegido de su nacionalidad y sus derechos como ciudadano.
Si ahondamos en lo que esta obra puede proyectar, tendríamos mucho tema para el análisis. Cada uno de nosotros que nos ha tocado emigrar de nuestros entornos naturales, podemos analizarla en forma distinta. Pero siempre tendremos algo en común, buscar la protección del ser más inocente que pueda ser afectado por la realidad que tiene que afrontar esta pareja de intrépidos.


























