Aprender a avanzar sin sentir culpa por dejar atrás lo que ya no encaja en tu vida

Crecer cambia muchas cosas. Cambia nuestra manera de pensar, nuestras prioridades, nuestros sueños y hasta la forma en que entendemos la vida. Lo que hace algunos años parecía suficiente puede dejar de serlo. Los lugares donde antes nos sentíamos cómodos pueden comenzar a sentirse pequeños y algunas relaciones que parecían inseparables pueden tomar caminos diferentes. Y aceptar eso no siempre es fácil.

Muchas veces queremos avanzar sin que nada a nuestro alrededor cambie. Queremos convertirnos en una nueva versión de nosotros mismos, pero conservar exactamente las mismas relaciones, dinámicas y costumbres.

Sin embargo, crecer también significa aceptar que no todo puede acompañarnos durante todas las etapas de nuestra vida.

No todas las personas están destinadas a recorrer todo el camino

Hay personas que llegan a nuestra vida en momentos específicos.
Nos acompañan.
Nos enseñan.
Nos ayudan.
Compartimos experiencias que jamás olvidaremos.
Pero eso no significa necesariamente que permanecerán para siempre.
Algunas relaciones evolucionan con nosotros. Otras simplemente cumplen una etapa.
Aceptar esto no significa dejar de valorar lo vivido. Podemos sentir gratitud por alguien y, al
mismo tiempo, reconocer que nuestras vidas ahora avanzan en direcciones diferentes.
No todo lo que formó parte de nuestra historia tiene que formar parte de nuestro futuro.

Crecer no significa sentirse superior

Existe algo importante que debemos aclarar.
Evolucionar no significa pensar que somos mejores que los demás.

Cada persona tiene su propio camino, sus prioridades y su momento.
Tal vez aquello que para nosotros representa crecimiento no sea importante para otra persona. Y eso también merece respeto.

El problema comienza cuando sentimos que debemos disminuir nuestros sueños, esconder nuestros logros o dejar de avanzar para evitar que alguien se sienta incómodo. Nunca deberíamos necesitar hacernos pequeños para continuar perteneciendo a un lugar. Las relaciones saludables permiten que las personas crezcan sin sentirse amenazadas por el crecimiento del otro.

Algunas relaciones también necesitan evolucionar

No toda diferencia significa que debemos alejarnos.
A veces una relación simplemente necesita adaptarse a una nueva etapa.
Las amistades cambian.
Las familias cambian.
Las parejas cambian.
Nosotros cambiamos.
Una relación madura no exige que sigamos siendo exactamente la misma persona que
conocieron hace diez o veinte años.
Al contrario, permite que cada persona evolucione.
El verdadero desafío está en aprender a crecer juntos sin intentar controlar en quién debe convertirse el otro.

La culpa de seguir adelante

Muchas personas sienten culpa cuando comienzan a tomar decisiones diferentes.
Cambian de carrera.
Regresan a estudiar.
Se mudan.
Establecen nuevos límites.
Conocen nuevas personas.
Descubren intereses diferentes.
Y entonces aparece el miedo de estar abandonando a quienes siempre estuvieron allí.
Pero avanzar no significa olvidar de dónde venimos.
Tampoco significa dejar de querer a las personas que formaron parte de nuestra historia.
Significa entender que nuestra vida también merece continuar.
No podemos permanecer eternamente en una etapa únicamente porque otras personas se sienten cómodas encontrándonos allí.

No siempre tiene que existir un culpable

Cuando una relación cambia, sentimos la necesidad de encontrar una explicación.
¿Quién falló?
¿Quién cambió?
¿Quién tuvo la culpa?
Pero no todas las distancias nacen de una traición o de un conflicto.
A veces simplemente dejamos de compartir las mismas prioridades.
Las conversaciones cambian.
Los intereses cambian.
La vida cambia.
Y dos personas que alguna vez caminaron juntas pueden comenzar a dirigirse hacia lugares
diferentes.
Eso no borra lo vivido.
No convierte los recuerdos en una mentira.
Simplemente significa que aquella relación perteneció a una etapa que quizás ya terminó.

También aprenderemos quién celebra nuestro crecimiento

El crecimiento revela muchas cosas.
Entre ellas, quién puede celebrar nuestras victorias sin sentirse disminuido por ellas.
Las personas que realmente nos quieren no necesitan entender cada una de nuestras decisiones para desearnos lo mejor.
No compiten constantemente con nuestros logros.
No intentan convencernos de que soñamos demasiado.
No necesitan que fracasemos para sentirse mejor consigo mismas.
Pero también debemos ofrecer lo mismo.
Celebrar cuando otros avanzan.
Aceptar cuando sus caminos cambian.
Entender que su crecimiento tampoco representa nuestro fracaso.
Las relaciones más sanas permiten que ambas personas brillen.

Hay despedidas que no necesitan resentimiento

No todas las personas que dejamos atrás tienen que convertirse en enemigos.
Podemos cerrar una etapa con respeto.
Podemos recordar lo bueno sin desear regresar.
Podemos agradecer lo aprendido sin continuar participando en una dinámica que ya no encaja con quienes somos.

Madurar también significa aprender a despedirnos sin destruir todo lo que existió antes.
Porque cerrar una puerta no siempre significa que detrás de ella había algo malo.
A veces simplemente significa que nuestro camino continúa en otra dirección.

Sigue creciendo

Habrá momentos en los que avanzar se sentirá solitario.
Momentos en los que mirarás alrededor y descubrirás que algunas personas que imaginabas a tu lado ya no están.
Pero también aparecerán nuevas relaciones.
Nuevas conversaciones.
Nuevas oportunidades.
Personas capaces de conocer y valorar la versión de ti que estás construyendo.
No tengas miedo de evolucionar.
No necesitas pedir disculpas por querer aprender, cambiar, mejorar o descubrir nuevas
posibilidades.
Agradece a quienes caminaron contigo.
Cuida a quienes continúan haciéndolo.
Y permite que se vayan, sin odio ni resentimiento, aquellas relaciones que ya cumplieron su
etapa.
Porque crecer no significa abandonar a los demás.
Significa no abandonarte a ti mismo para permanecer donde ya no perteneces.

Compartir
[fbcomments]