Poeta Ecuatoriano es recordado con obra de teatro

Por Nilda M. Tapia

La obra se encarga de recordar los últimos momentos dramáticos del poeta guayaquileño, Medardo Angel Silva que viviera sus escasos años de vida en los comienzos del siglo XX.

Nueva York (ILN).- El Kayros Theatre Group y Golden King Production presentron la obra “Medardo, con el alma en los labios” (The secrets of my soul) dos fines de semana de abril, en el Little Time Square Theater, en la zona de Times Square.

Esta obra que se presentó en español con títulos en inglés, inaugura la labor como autor del teatrista ecuatoriano Julio Ortega.

El tema se encarga de recordar los últimos momentos dramáticos del poeta guayaquileño, Medardo Angel Silva que viviera sus escasos años de vida en los comienzos del siglo XX.

En un diálogo tenue y pueblerino, Ortega logra acercarnos al poeta a través de su poesía y conocer sus profundas dudas vivenciales  y penosa incertidumbre de este joven cuya alma desestimaba la vida, ejerciendo una pasión casi enfermiza por la muerte.

La labor creativa del director José Cheo Oliveras jugó un papel muy importante en la escenificación de esta obra, creando imágenes surrealistas que ubicaban al espectador en un ambiente de hondo contenido dramático, aún antes del comienzo del diálogo, con un toque final casi onírico al presentar una escena pasional entre el poeta y la muerte, encarnada ésta con acierto por la actriz Piedad Castaño.

Otro acierto fue el cuidadoso esfuerzo de no quitarles esa tenue ingenuidad a los jóvenes personajes, manejando a los más adultos con un sabor caricaturesco, como para agudizar con esta postura actoral ese antagonismo que los mayores siempre demuestran por los jóvenes  apasionadamente enamorados.

Julio Ortega encarnando al poeta, logró un Medardo obstinado en sus demandas de amor a su Amada, pero dejando traslucir su ulterior pasión por la muerte.  Zuleika Velásquez, encarnando a la joven Amada,  le otorga a su personaje la frescura de su propia lozanía, con momentos acertados de cierta fuerza dramática.

Ana Montero encarna una madre muy convincente en todo momento.

Juan Villareal y  Adriana Sananes traen una festejada variación a la acción, mostrando ambos mucha habilidad para manejar la caricatura por medio de las modulaciones y acertados manerismos.

Lamenté no poder regresar para ver la labor de otra gran actriz de nuestro patio, la dominicana Lissette Montolio, quien reemplazó a la Sananes según la crítica con gran efectividad.

En suma, esta primera obra de Julio Ortega muestra cierta inquietud por parte de este actor de dar a conocer a figuras del historial artístico de su Ecuador.

Esta es siempre una labor muy bienvenida en este medio donde los hispanos nos convertimos en admiradores de todo lo que refleje la cultura y la historia de cada uno de nuestros países hispanos.

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