EDITORIAL
No es ningún secreto que durante la pandemia del COVID-19, los inmigrantes indocumentados y la comunidad latina, fueron los más afectados representando el mayor índice de contagios y fallecidos, según los datos ofrecidos por varias organizaciones de la ciudad de Nueva York y los números reflejados en el Departamento de Salud del estado.
Los retos que enfrenta la gobernadora Kathy Hochul y el alcalde Eric Adams, para brindar una verdadera protección a los inmigrantes no son nada fáciles luego de las políticas implementadas por Donald Trump, bajo deliberaciones impulsadas por la xenofobia y el racismo.
Aunque la ciudad de Nueva York, por ejemplo, es una “ciudad santuario”, las autoridades deben brindar una protección completa a los inmigrantes y no permitir que continúen las redadas de ICE.
Si se desea lograr una verdadera recuperación económica equitativa, es necesario examinar y comprender a las comunidades y los desafíos que enfrentan día a día para crear una nueva ruta que guíe al estado y la ciudad a continuar empoderando y apoyando a estas comunidades que son vitales en la diversidad económica, social y cultural.
Los expertos recomiendan que en el corto y mediano plazo en Nueva York se deben desarrollar políticas y promulgar leyes que atraigan a más inmigrantes, al mismo tiempo que promulgar políticas que faciliten la vida de los inmigrantes que ya viven en el estado.
Es importante demostrar que existe en este territorio al que llaman “nuestra ciudad, nuestro hogar” un lugar para ellos, al escapar de las políticas económicas, sociales e incluso desastres naturales, porque simplemente sus autoridades no han sabido administrar sus recursos en sus países de origen.
Este importante sector de la población durante el punto más álgido de la pandemia del COVID- 19 se enfrentó al virus en las calles y sus lugares de trabajo, sin que sus empleadores les brindarán un equipo de protección personal seguro que les garantizará no contagiarse.
Si bien el estado y la ciudad de Nueva York han tratado de integrar a los inmigrantes al ofrecerles diferentes recursos gratuitos como asistencia legal, documentos de identidad u otros.
Los inmigrantes que no pueden convertirse en ciudadanos demandan que esto no es suficiente después de que la pandemia exacerbó las desigualdades y quedaron vulnerables, sin poder recibir ningún tipo de ayuda económica federal, estatal o local.
Las autoridades en Nueva York no han hecho lo suficiente para proteger a los trabajadores esenciales que batallaron en la primera línea.
La fuerza laboral de los trabajadores de la salud, de supermercados, del transporte público, de limpieza, los trabajadores agrícolas, y muchos otros, continúan arriesgando sus vidas para mantener en movimiento a la ciudad de Nueva York.
Muchas de ellas, por ejemplo, no cuentan con un seguro de salud y no pueden ser atendidas en los hospitales, siendo automáticamente rechazadas.
Crear legislaciones que brinden protección médica a los inmigrantes evitaría catastróficas crisis sanitarias.
Algunas acciones inmediatas que se podrían tomar a nivel estatal en Nueva York serían que los legisladores aprueben la Ley de Nueva York para Todos, que prohibiría al personal estatal y municipal compartir información personal de inmigrantes sin una orden judicial.
También, aprobar la Ley de Licencias Empire State, que permitiría a todas las personas, independientemente de su estatus migratorio, solicitar licencias ocupacionales y comerciales.
Así mismo, recomiendan a los legisladores estatales que aprueben una legislación que amplíe el acceso lingüístico a los servicios estatales y ayude a proporcionar fondos para asesoría legal para los procedimientos de inmigración.
La inmigración irregular hacia los Estados Unidos es esencialmente una consecuencia del desequilibrio y la inestabilidad social entre la demanda laboral en los países de destino y la capacidad o voluntad de los gobiernos a establecer los canales legales de inmigración.
La comunidad latina no permitirá más que la inmigración se convierta en un slogan de campaña que crea un efecto discursivo de odio y racismo hacia las comunidades inmigrantes.
Nueva York debe mantener el enfoque que garantice que la migración tenga un lugar con condiciones de legalidad, seguridad y dignidad, y que los derechos de los migrantes y sus comunidades puedan ser plenamente reconocidos.
Lamentablemente a nivel nacional el sistema de inmigración no ha cambiado en absoluto. Estados Unidos todavía le está dando la espalda a las personas que buscan asilo, o una mejor calidad de vida.
Es el momento que Nueva York dé un paso al frente y abra un camino más seguro a la protección y los derechos de los inmigrantes. No puede reconstruirse y recuperarse sin inmigrantes. El tiempo para la acción es ahora.
El costo de la inacción a nivel nacional es demasiado alto para las familias que ya sufrieron los nefastos ataques de políticas antiinmigrantes.
Es de vital importancia que se reconozcan las contribuciones de nuestras comunidades de inmigrantes y los desafíos que enfrentan, dadas las dificultades dispares que han soportado durante la pandemia.
Es necesario también que desde la municipalidad y la gubernatura estatal continúen abogando por sus necesidades y asegurando su participación en una recuperación equitativa.
La aprobación de la reforma migratoria, un reto humanitario para las autoridades



























