
Esperando el 2021 podemos, mirar hacia atrás, mas corremos el riesgo de convertirnos en estatuas y quedarnos anclados en el pasado, pero, podemos estudiar el pasado para encontrar el significado del alma humana y levar el ancla.
Podemos mirar hacia el futuro con el alma de un niño y dejarnos sorprender.
Podemos mirar con el alma de un caminante, calzar esperanza y echar a andar.
Podemos mirar con el vientre de una olla vacía y esperar ansiosos el maná para calmar el hambre.
Podemos mirar con los ojos del enamorado e iluminar las aciagas noches de este largo invierno.
Podemos mirar con los ojos de quien perdió la capacidad de amar, y cerrar las cortinas de la vida.
Podemos subir a un bote y navegar en busca de una tierra amiga, o, ¡hélas!, naufragar en el intento.
Podemos, albañiles de la vida, construir el futuro a partir de nuestros cimientos.
Podemos añadir resortes a nuestros sueños y brincar hasta romper el techo que nos quieren imponer.
Podemos, cuerpos generosos, prestar nuestros brazos a la ciencia para combatir la enfermedad.
Podemos, escudos contra el miedo, elevar nuestra voz frente a la injusticia.
Podemos regresar a nuestra infancia, jugar a ser Caballo Loco y defender nuestras tierras y costumbres del avance del invasor.
Podemos perdonar la ofensa, pero, castigar al ofensor para que no vuelva a ofender.
Podemos sentir lástima, pero jamás de nosotros mismos.
Podemos hablar en nuestra lengua, cimiento unificador de nuestras raíces, pero hermanándola con nuestra nueva lengua, vehículo comunicador con nuestra nueva sociedad, ambas, almas gemelas de nuestros hijos.
Podemos ser mezcla y ser condimento único.
Podemos ser manantiales confluyentes contribuyendo al caudal de una nueva sociedad.
Podemos ocupar nuestro lugar en este mundo sin aplastar a nadie, pero sin que nadie nos aplaste.
Podemos aprender a vivir balanceándonos entre el tiempo que separa el pasado del presente, o el presente del futuro.
Podemos desearnos un feliz 2021 sin falsos cantos de sirena.
Podemos esperar un 2021 pleno de voces de alegría y de esperanza en una nueva sinfonía con ritmo de salsa, de cueca, de cumbia, de bachata, de corridos, de tango, ritmos que mezclan alegría, incertidumbre y nostalgia.
Podemos hacer el continente indisoluble junto a Whitman y Neruda; cabalgar por el mundo junto a Cervantes; morir en París con aguacero junto a Vallejo; perdernos en los brazos de la Poniatowska, hija de dos continentes, alma de México; perder la razón en el Macondo de García Márquez; o leer las primeras letras abriéndose a la vida, o las últimas cerrando un universo de aventuras.
Al sonar la última de las doce campanadas podemos abrazarnos en las nubes deseándonos un feliz y venturoso 2021, pleno de amor, salud, trabajo, amistad y justicia en compañía de nuestras familias.
Y cuando el cielo se ilumine en una orgía de colores, podemos abrir las ventanas a la vida y gritar:
¡Al diablo el 2020! ¡Feliz 2021!
* Escritor y director de teatro chileno, miembro correspondiente de la Academia Norteamericana de la Lengua Española (ANLE). Reside en Nueva Jersey.



























