GAMALIEL VALLE ROSA DE PUERTO RICO DIRIGE LA DISCRETA ENAMORADA

Por Nilda M. Tapia

En otra presentación de su programa Van Lier para nuevos directores, Repertorio Español ofreció la comedia de enredos La discrete enamorada, del escritor español  Lope de Vega.  El picante y enredado diálogo demandó mucha destreza en los actores para lograr la requerida cadencia, soltura y ritmo exigidos en los clásicos del Siglo de Oro español.

El director puertorriqueño Gamaliel Valle Rosa le impuso mucha velocidad a la acción de un elenco muy heterogéneo en cuanto a origen, que si bien no mantuvieron el gracejo acostumbrado sí supieron lograr un momento entretenido y de gran esparcimiento.  Elegir a la sevillana Inma Heredia para encarnar a la madre, Belisa, y a la joven actriz de teatro y television madrileños, Soraya Padrao en el suculento papel de la hija Fenisa para abrir el diálogo, fue un acierto que quedará gratamente en el recuerdo.

Después de una introducción tan excelente, la llegada a escena del Capitán Bernardo, interpretado por el argentino Gerardo Gudiño, le trajo a la acción un vigor que transformó su esencia familiar en mundana.  Gudiño puso mucho énfasis en dejar muy bien plantado al personaje que inspira no sólo respeto sino viril atracción tanto en la madre como en la jóven y atractiva hija.

Lope de Vega lo presenta como el candidato ideal tanto para la madre, Belisa, como para la niña, Fenisa. La llegada a escena del hijo del Capitán, Lucindo, interpretado por el actor asturiano  Ignacio García Bustelo y su criado Hernando, encarnado con mucho brío por el guayaquileño Julio Ortega, trae un nuevo vigor a la acción, ya que estos dos actores se acoplaron muy bien y supieron conectarse con la audiencia tan efectiva como anímicamente.  Los enredos comenzaron y Ortega no escatimó movimiento alguno para seguir la acción y hasta caracterizarse en damita enamorada para satisfacer las locuras de Lope de Vega, con el contrapeso actoral de García Bustelo que encarnó un Lucindo “digno de llevarlo a la pantalla”, como decía nuestro gran cómico argentino Pepe Iglesias, El Zorro cuando de verdad le gustaba algo…

Pero para agregarle insulto a la ofensa en esta comedia muy del Siglo de Oro… ya que esta obra fue traída a los años 50 como si tal cosa, los efectos de sonido nos ofrecían boleros que fueran popularizados por voces como las de Daniel Santos y otros boleristas  de la época.  Estos efectos jocosamente nos sacaban del Siglo de Oro para deleitarnos los oidos con música muy bien recordada por muchos, mientras que la acción nos arrancaba del romanticismo caribeño para zambullirnos de nuevo en los clásicos y enredados vericuetos del clasisismo de Lope de Vega.

Se logró un efecto de parodia que despertó más de una sonrisa en la audiencia.  Estos directores jóvenes como Valle Rosa no escatiman en echarle sal, pimiento y hasta ron a una pieza clásica para dar en tierra cuanto almidón se le haya recargado con los años.  Este nuevo director se las trae…

 

 

 

 

 

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