EDITORIAL
La ciudad de Nueva York está a punto de hacer historia y los miembros de la comunidad latina están siendo parte de ese proceso legislativo en el que se les permitirá a los inmigrantes con tarjeta verde o permiso trabajo poder votar en las elecciones municipales.
Esta nueva oportunidad de participación política sobrepasa los cánones convencionales a los que la comunidad latina estaba acostumbrada, quizás con una participación moderada que paulatinamente estaba siendo impulsada por organizaciones sociales, muchas de ellas, en favor de los inmigrantes.
De llegar a ser aprobado el proyecto de ley Intro 1867, la comunidad latina se vería relacionada en cada uno de los procesos electorales, conformado por la opinión pública y un contacto directo con las instituciones y la movilización política organizada en la toma de decisiones.
Se trataría además, de un proceso comunicativo entre los dirigentes políticos y los electores hacia los modos de producción y su relevancia integrada en el mejoramiento de la participación, opinión y responsabilidad civil en un contrato más sólido e inclusivo.
Los latinos como ciudadanos que aportamos al dinamismo económico de la ciudad de Nueva York con el pago de nuestros impuestos, y otras actividades, nos permitimos una profunda aproximación al conocimiento de nuestro mundo sociopolítico y los procesos electorales que vendrán al momento que un candidato nos presente su plataforma y seamos nosotros mismos, quienes decidamos qué rumbo tomará la ciudad de Nueva York.
Este fenómeno del creciente voto latino y la nueva mirada político-electoral, con la aprobación de esta legislación presentada por el concejal de origen dominicano, Ydanis Rodríguez, se sustenta en el hecho de que, el acto de adhesión hacia un liderazgo se realiza a través de un intercambio valórico en donde el electorado latino fundamentalmente busca construir o reforzar su identidad y de esa forma proyectar sus deseos, sus miedos, sus necesidades, sus esperanzas, para que ese probable ejecutor presumiblemente esté dispuesto a satisfacerlas en mayor medida.
Para el electorado latino, decidir sobre los cambios que enfrentará la ciudad de Nueva York en los próximos años, se trata de manifestar los mismos valores a los que nos enfrentamos.
Al momento de ser partícipes con nuestro voto nos dará sentido, puesto que vamos a considerar a la participación política como un espejo donde nos veremos reflejados.
Nuestras decisiones entonces, nos dirán quiénes somos, hacia dónde vamos, y nuestras proyecciones como ciudadanos. También nos invita a reflexionar acerca de la razón que me impulsa a institucionalizar mi proceso de construcción de identidad, a través de mi voto o en su defecto mi desinterés en la política y sus procesos constituyentes.
Los latinos como ciudadanos convencidos de la necesidad de un cambio, no debemos pasar por alto la aprobación de esta legislación. Hasta ayer la visión sobre el electorado latino era la de un grupo prácticamente inmutable, apenas diferenciado por unos escasos rasgos de género, de edad, de ingresos, de educación y etnografía básica.
Hoy en día, ese importante electorado en la ciudad de Nueva York se ha fortalecido en decenas, cientos y hasta miles de personas con intereses cada día más particulares en posición de su realidad social, política y económica.
Incluso vemos una mayor participación de latinos dentro de la política o puestos claves a nivel gubernamental con una importante incidencia en políticas sociales.
Al momento de elegir a nuestras autoridades, sean de origen latino o de cualquier origen étnico, nosotros como comunidad tenemos que ser capaces de verificar y analizar los proyectos políticos, los candidatos y sin duda, el beneficio ciudadano como sociedad.
Después de la difícil situación que hemos pasado como comunidad por la crisis sanitaria del COVID-19 y la incertidumbre crisis socioeconómica que atravesamos.
Los latinos nos vamos a enfrentar a diversas alternativas, pero necesitamos certezas para determinar qué es lo que realmente nos importa, que necesitamos para ir construyendo identidad y qué es desechable.
Es falso que el electorado latino de hoy en día se adhiera a promesas porque cualquier candidato puede ofrecer lo mismo. Es falso también, que el electorado latino se adhiera a razones, planes, o programas convenientes sólo a sus propios intereses, cualquiera puede realizar promesas de esta índole y no cumplirlas.
El electorado latino en cambio, con la aprobación de esta nueva legislación se adhiere a una causa, una propuesta épica, un grito de batalla, que representa y que lo incluye en un propósito como seres que vivimos en comunidad.
Es casi similar cuando los latinos hace algunos meses nos unimos en una sola causa, al exigir la aprobación del Fondo de Trabajadores Excluidos, como ese grito unificado guiado por distintas organizaciones logró que se convirtiera en ley.
Todos debemos tener una causa y enfocarnos en esa causa mediante la cual construimos el sentido del candidato o de un proceso político que nos afecta o beneficia. Como comunidad latina tenemos dos opciones: por un lado, una continuidad y por el otro un cambio, tomando en cuenta siempre nuestros valores.
La Intro 1867 es el espejo que necesitamos para devolvernos la identidad perdida o quizás jamás encontrada, que nos permitan votar en las elecciones municipales y elegir autoridades, es el pasaporte de identidad que tenemos en este momento reflexionar sobre nuestro futuro, en nuestro propósito, en nuestra causa inspiradora, en lo que nosotros significamos, en lo que nosotros como latinos valemos.
Por eso, para los latinos votar en la ciudad de Nueva York, es un símbolo que representa un valor o un compendio de valores, que como comunidad nos representa, dándole a nuestro voto un verdadero valor electoral hacia el cambio.
La ciudad de Nueva York: un ejemplo de democracia participativa



























