Cuba: Punto X. Una muestra hipotética al futuro cubano


Alfonso Rey, Dalia Davi, Lucio Fernández.

Por Nilda M. Tapia

Nueva York (ILN)- La obra Cuba: Punto X del cubano Iván Acosta (El Súper, Amigos) acaba de estrenarse el pasado 20 de Septiembre en The Producers’ Club, bajo la dirección del mismo Iván Acosta, con las actuaciones de Alfonso Rey como Eulalio, Dalia Davi, como Yaritza y Lucio Fernández como Adrián,  atrayendo una audiencia entusiasta que colmó la acogedora sala de The Producers.

La realidad de Cuba ha sido para muchos cubanos en el exilio como un constante desencanto y un persistente dolor de los que cuesta toda una vida reponerse, pero más difícil aún es abstraerse para proyectar una historia sin melodrama y desprovista de la consabida arbitrariedad del exilio.

Acosta sale ileso de esto último, logrando una narrativa dinámica y realista, con un diálogo ágil y cotidiano.

Y es esta agilidad en el diálogo que salva esta obra del panfleto, logrando una temática sustanciosa de alto contenido humano, donde dos personas aisladas de la civilización luchan por darle significado existencial a una agobiante monotonía.

Son ellos el comandante del régimen castrista, Eulalio, y su compañera semi-secuestrada Yaritza.  Ambos viven primitivamente en un cerro de la Sierra Maestra en Cuba por largos cinco años, escondidos para no ser atrapados y juzgados por violar los derech0s humanos durante el régimen comunista.

La acción sucede ya en el 2020, luego de que los hermanos Castro han desaparecido de la esfera política cubana.

El tercer personaje, Adrián es un integrante de una comisión internacional encargada de rastrear y llevar a juicio a los fugitivos que han violado en alguna forma los derechos humanos.

Este último llega en el momento culminante donde la pareja parece haber solucionado su huida de la isla.
Esta producción tiene un peso muy especial e importante en el movimiento del teatro en español de Nueva York, un movimiento rico en concentrar los problemas de los países de las comunidades latinoamericanas afincadas en esta multiétnica ciudad.

Curiosamente, el problema cubano que ha arrastrado a los valores vivos de ese país al exilio, poco se ha tratado en la temática del teatro en español.

Y es muy edificante que una pluma como la de Iván Acosta haya tratado este tema, por haber sido parte muy valiosa de ese exilio en masa y por haberse formado intelectualmente en el exilio pero sin abandonar sus raíces cubanas.

Notamos un gran interés por parte de figuras muy importantes en el movimiento, así como un cuidado de padre ejemplar por parte de Iván Acosta en elegir cada integrante de esta producción con figuras que han estado muy activas en el teatro en español (TeE).

La elección del venezolano Alfonso Rey y de la dominico-americana Dalia Daví para la pareja central es de gran celebración, así como la reaparición del actor Lucio Fernández, últimamente muy ocupado en labores comunitarias.

Los tres nos dieron un gran momento teatral, de esos que nos quedará en nuestro recuerdo.

El Comandante Eulalio de Alfonso Rey se destacó por su carisma y su afán por transmitir ese fervor de lucha por sus ideales.

No fue sino al final que nos dimos cuenta de lo que estaba escapando.  Mientras tanto, nos pasamos toda la obra deseando que pudiera lograr su huida…

Por otro lado, la Yary de Dalia Daví nos mostró a la hembra, a la luchadora y a la guerrillera… tan pronta en la decisión como en la acción.

Y lo más importante,  hasta dónde puede llegar una mujer idealista y decidida al instante de la definición…Lucio Fernández nos mostró un Adrián persistente en su objetivo, frío y calculador.

Trabajó bien sus movimientos de acech0 logrando gran sutileza en lograr su cometido de someter a su apetecible presa.

Algo frío en sus parlamentos, no llegó a impregnarle profundidad a sus palabras, pero nos convenció en su dramática reaparición como guerrillero.

Celebramos la asistencia de dirección de Peter A. Dubó, el diseño y arte de telón de fondo de Jesús Rivera, la música original de Alfredo Triff, el diseño de sonido con cápsulas radiofónicas de Frank Rodríguez, la labor de grabación y transferencias de Amaury Acosta.

La coreografía del siempre activo Alberto Morgan, la labor de producción de Saulo Díaz y Gerard Karabin, el trabajo encomiable en los vestuarios con sus caprichosos efectos por Rosa Méndez Piña, la reaparición de la gran Graciela Lecube en su labor de traducción al inglés, la labor en escenografía y sonido por Liliana Barrera, la iluminación de Alfonso Rey.

Las labores valiosas de Arcadio Ruiz-Castellano, Abby Levine y Craig Radhuber, Patricia Escobar, Sergio y Graciela García Marruz, Geandy Pavón, y Yaritza E. Acosta.

Produjo todo esto en labor colaborativa MeLu Communications Group y Latin Jazz USA Productions, en asociación con Ollantay Center for the Arts. Un gran trabajo de equipo.

 

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