Ha dibujado y pintado desde que tiene uso de razón, pero su preparación académica comenzó a los diecisiete años. Julia Justo posee una Licenciatura en Bellas Artes de la Universidad Nacional de La Plata, su lugar de nacimiento, en Argentina.

Gracias a una beca estudió en la Escuela Internacional de Pintura de Roma, Italia y en 1999 viajó a Estados Unidos para estudiar inglés por dos meses, pero la vida cultural y social de Nueva York le conquistaron y en estos veintiún años, ha construido una nueva vida que incluye a su hija y una producción multi-disciplinaria en artes visuales, con
instalaciones, fotografía, collage y práctica social.

Julia Justo ha expuesto extensamente en galerías y museos nacionales e internacionales, ha recibido varios premios y residencias y tiene varias publicaciones. Su trabajo creativo se centra en cuestiones de justicia social como derechos de la mujer, inmigración y equidad. Trabaja en el Museo del Barrio, ofreciendo tours a las galerías y talleres de arte.

Julia Justo con una de sus dos instalaciones presentadas para la Latin American Art Triennial (Trienal de Arte Latinoamericano) realizado en BronxArtSpace 2019.

Dialogamos sobre los retos de la maternidad, el cáncer  y las artes visuales en el contexto contemporáneo.

La protesta social a través del arte no es nueva en Latinoamérica, particularmente durante las dictaduras, ¿qué similitudes y qué diferencias se pueden identificar entre el trabajo artístico como protesta en los 60s y 70s, con la actualidad?

-Siempre han habido artistas que han usado el arte como herramienta para atraer la atención del público hacia temas de justicia social.

Así fue en los años 60s y 70s y actualmente, la diferencia entre el arte de protesta de antes y el de ahora es que antes los artistas dependían de los medios impresos para promover su mensaje social, como periódicos, revistas o catálogos.

También anteriormente los artistas utilizaban mayormente técnicas de grabado,
para hacer afiches, que eran reproducidos fácilmente y colgados en espacios públicos.

Hoy los artistas no dependen tanto de los medios impresos, ya que pueden publicar obras en medios sociales o plataformas virtuales, las cuales tienen alcance global. Además, hay diferencias en el medio de expresión usado, ya que ahora muchos de los afiches son completamente digitales y a veces, ni siquiera llegan a imprimirse.

De acuerdo a archivos históricos de los años 60s y 70s el mayor foco de las fuerzas policiales era espiar a grupos de derechos civiles, los recientes aumentos de protestas me recuerdan esos conflictos.

Desafortunadamente los movimientos de derechos civiles de esos años, no terminaron con la discriminación y violencia racial en Estados Unidos y hoy seguimos lidiando con los mismos problemas.

La diferencia es que hoy vivimos en un mundo aún más frágil, más fracturado, debido a la crisis económica, la pandemia y cambios climáticos globales que afectan el medio ambiente. Esto ha llevado a que la gente se sienta más frustrada y se una a los movimientos de protesta, que muestran mayor diversificación, una necesidad
especialmente de las minorías, de apoyarse en solidaridad.

La migración y la incorporación a una nueva estructura socio-cultural, presenta cuestionamientos sobre identidad. ¿Cuáles han sido los aspectos más difíciles de enfrentar en ese proceso y cuáles los más agradables?

- Mi llegada a Nueva York me impactó profundamente como persona y artista, porque este es un país de una cultura muy diferente a la argentina. El proceso de ajustarse a una nueva sociedad, cultura e idioma, puede ser bastante estresante y largo y todo esto puede llevar al inmigrante a sentirse aislado.

Con el tiempo entendí la importancia de aceptar a bien la acumulación cultural; la importancia de preservar mis valores, creencias y tradiciones y desde ese lugar interactuar con la cultura general de mi nuevo país.

Es así como comencé a crear altares en mi práctica artística, en donde añado tanto elementos latinos como norteamericanos. Lo interesante es que los inmigrantes, en nuestro proceso de ajuste y aprendizaje, terminamos siendo mediadores entre
las dos culturas.

¿Cómo el arte te ha ayudado a enfrentar el reto del cáncer? 

-En el 2016 fui diagnosticada con cáncer de seno. A esa altura hacía años que no hacía arte, que venía postergando crear mi obra ya que estaba dedicada a criar a mi hija. Después de mi diagnóstico decidí que si sobrevivía volvería a hacer lo que siempre me gustó, arte visual.

Hoy mi cáncer está en remisión completa, no hay más señales de él, pero mi diagnóstico de cáncer me dejó con una importante lección de vida, me enseñó que no podemos tomar la vida por sentada, que todos los momentos deben ser atesorados y que no debemos posponer lo que nos gusta hacer o la realización de nuestros sueños, porque no tenemos el futuro asegurado.

Volver a hacer arte también me sirvió durante el último tramo de mi tratamiento de radioterapia, ya que me permitió enfocarme en algo positivo e interesante, en vez de concentrarme solo en mi enfermedad y la preocupación por mi prognosis.

Mi diagnóstico de cáncer también me ha hecho decidir que quiero enfocarme en los asuntos más importantes para mi, como son los temas de justicia social, derechos de las mujeres, inmigrantes y minorías.

La maternidad es una experiencia única, ¿cuán difícil es compaginar el trabajo artístico con la maternidad?

-Combinar la maternidad con el trabajo es un desafío, sobre todo si queremos hacer bien las dos cosas, pero las mujeres somos especialmente capaces de manejar las dos áreas y alguna más.

Creo que consiste en usar el tiempo de una manera eficaz, planeando anticipadamente nuestro día y estableciendo prioridades para determinar qué es lo más importante y urgente y que pueden esperar.

Cuando estoy con mi hija no divido mi atención en ninguna otra cosa y me enfoco solo en nosotras, sin electrónicos de por medio, conversamos, nos ponemos al día. A veces también la involucro en mi trabajo preguntándole su opinión acerca de algo que estoy haciendo. A ella le gusta que la involucre, los niños son muy creativos y tienen muy
buenas ideas no solo en el arte.

¿Cuál es tu percepción personal sobre la posición de las latinas en las artes en Nueva York?

-En general los latinos llegamos a Estados Unidos creyendo en el sueño americano, así que muy pronto nos dimos cuenta lo difícil que es ese sueño de realizar, pero no nos rendimos fácilmente y seguimos luchando.

Tenemos ejemplos en el mundo artístico de Nueva York de importantes mujeres latinas que han logrado romper las barreras sociales y han dado prueba de “sí, se puede”. Ellas son una inspiración para todas las latinas, sean artistas o no y un gran orgullo, estoy pensando en Liliana Porter, Carmen Herrera, Zilia Sanchez y Cecilia Vicuña entre otras.

Un mensaje final

-Estamos pasando por un momento crítico, donde se han interceptado varias crisis, la pandemia, el racismo sistémico, el caos climático y la crisis económica. Muchos hemos perdido parte de nuestros salarios o nuestros trabajos o nuestros seres queridos, o todo eso junto.

Estamos en un momento en la historia que nunca hemos vivido antes y eso puede darnos mucha inseguridad y miedo, pero recordemos que donde hay caos hay también
oportunidad. Este puede ser el mejor momento para usar nuestras voces, unirnos en solidaridad y trabajar por la visión de ese mundo en el que queremos vivir.

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