Ningún otro presidente venezolano como el socialcristiano Luis Herrera Campins (1979 1984) ha utilizado los refranes como parte de su lenguaje comunicacional, sobre todo a la hora de descalificar a sus opositores, que eran muchos y de grueso calibre.
“Tarde piaste pajarito”, fue uno de sus dichos. Lo utilizó dos o tres veces contra los dirigentes de Acción Democrática, cuando atravesaba los instantes más críticos del derrumbe de su popularidad. La efectividad de ese lenguaje resultó escasa, pero Herrera puso a prueba su habilidad en el toma y dame con los adversarios.
El referido proverbio acaba revivir como consecuencia de algunas afirmaciones de María Corina Machado contra Donald Trump, cuando ya han transcurrido nueve meses desde la operación militar de captura de Nicolás Maduro. Era esa la primera y tardía manifestación de inconformidad de MCM ante el insistente desdén presidencial norteamericano frente a ella.
La actitud de Machado ha sido, sin embargo, comedida. No tocó de manera expresa el fondo de algo de especial trascendencia: la validez legal de los contratos petroleros suscritos con el gobierno de los hermanos Delcy y Jorge Rodríguez, aunque sí aludió a las calificaciones morales del contratista beneficiario.
En su entrevista con The New York Times ella dijo "Quiero ser muy clara: si estos contratos que se están firmando cumplen con la ley venezolana, serán respetados", ante lo cual quedó en el aire la pregunta de si había sido clara. Lo único que quedó claro con esa frase fue un desconocimiento del artículo 138 de la Carta Magna, conforme al cual «toda autoridad usurpada es ineficaz y sus actos son nulos». ¿Si ella misma había calificado de usurpadora del poder a Delcy Rodríguez, por qué entonces sus actuaciones pudieran ser válidas?
Ahora, por supuesto, también flotan en el aire otras interrogantes: ¿Por qué MCM marcó distancias con Trump ahora y no antes? ¿Ella tiene verdaderos asesores políticos y los escucha? ¿Dónde quedan sus conocimientos sobre el entramado de la legislación venezolana? ¿Estará preparada para el ejercicio de la más elevada magistratura venezolana?
Cuando Luis Herrera hablaba sobre los asuntos del Estado lo hacía con conocimiento y dominio de los asuntos jurídicos, en ningún caso a golpes de emoción. Claro, cometía errores a cada rato, pero eso era producto de su tozudez y de las enormes carencias de sus colaboradores. Él se sabía pasear con soltura por la arena política, como quedó en evidencia en la controversia con su compañero de partido Rafel Caldera, contra quien luchaba con artificios y jamás dejando su pecho al descubierto. En eso era un maestro.
Ahora, por supuesto, las cosas no pintan nada bien.



























