
Con Piedad Castaño. “El lenguaje de las flores”, adaptación y dirección general Emir Cruz. A partir de la obra de Federico García Lorca, “Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores”. Audio, Michelle Cruz. Vestuario, Piedad Castaño y Marisela Verástegui. Maquillaje, Juana Ureña y Emir Cruz.
Peluquería, Juana Ureña. Fotografía, Ángel García, idea y concepto, Emir Cruz. Estrenada dentro del marco del Festival de Teatristas Dominicanos en el Exterior, en la sede del Comisionado Dominicano de Cultura.

“Doña Rosita la soltera o el lenguaje de las flores”, es la última obra estrenada en vida de Federico García Lorca, en Barcelona en 1935, por la eximia actriz del teatro de la época, Margarita Xirgu.
Aquí en nuestro patio, hemos contado con varias puestas de éxito con Amelia Bence, Virginia Rambal y Denisse Quiñones, Miss Universe 2001, estas tres producciones en el teatro Repertorio Español.
En esta ocasión toca turno, a un nuevo intento de plasmar el dolor causado de esta mujer abandonada por la partida de un novio que nunca regresará.

Emir Cruz es el encargado de adaptar el texto a partir del drama lorquiano, con una credibilidad y maestrías de gran calibre.
El aplomo y la fuerza literaria de Cruz, se manifiesta de principio a fin en este unipersonal donde fulgura nuevamente en nuestra escena la actriz colombiana Piedad Castaño.
“Doña Rosita…”, se ha definido de esta forma: poema granadino del novecientos, dividido en varios jardines, con escenas de canto y baile. Pues bien esta adaptación del dominicano Emir Cruz, contiene también estos elementos puestos al servicio de una actriz de cualidades interpretativas de gran solvencia e histrionismo.

Piedad Castaño, nos envolvió con su trabajo, su proyección del personaje y el patetismo de su voz y parlamentos, logrando una comunicación a la máxima expresión con la audiencia que asistía a la sala Rafael Villalona. Rosita, cargando solo una maleta llena de los recuerdos más caros: su vestido y velo de novia los cuales nunca usó, la foto enmarcada del primo y prometido quien posteriormente casó con una argentina y vivía en Tucumán, además del puñado de cartas que este continuó enviando a través de los años, manteniendo la idea y la esperanza del retorno para el supuesto matrimonio que nunca se llevaría a cabo. Pero el amor eterno que se prometen en principio, por la distancia y el tiempo que deberían estar sin verse, se hace eterno y va corroyendo el alma, la blancura y la alegría de la angelical heroína de Lorca.
Desgarradora labor escénica de Piedad Castaño quien nos convenció de forma total en la escasa hora que dura el unipersonal y donde el patetismo se manifiesta al máximo, cuando confiesa y expone al final que todo lo que había sucedido ella ya lo sabía al igual que sus vecinos, pero debía mantener latente la ilusión como el primer día, de esta boda aunque ella supiera que nunca se llevara a cabo.

Repetimos, son perfectos el trabajo de la señora Castaño así como esa joya de texto y dirección creados por Emir Cruz.
Ambos artistas deben prodigarse más frecuentemente, porque labores como esta son las que mantienen latente y en muy buena forma el teatro en castellano de nuestra urbe.



























