
Esta semana se realizó una gran presentación de vinos en el Museo de Arte Rubin de la calle 17 en Manhattan y con mucho orgullo participaron los vinos andinoamericanos de Chile y Argentina.
La tradicional degustación de vinos que se realiza desde hace trece años, presenta una selección de las mejores destilerías y vinos del mundo, además de saborear las joyas y novedades de la cultura vinícola, es una oportunidad para educarse en los diferentes seminarios y charlas explicativas y cata de vinos.
Orgullosamente varias bodegas latinoamericanas estuvieron presentes con sus vinos de alta calidad, vinos del valle de Almahue de Chile, de la Patagonia Argentina y de los famosos valles de Mendoza, cuna del Malbec, el vino emblema de la nación gaucha a nivel mundial, representaron a Latinoamérica con gran aceptación.
VINOS ORGÁNICOS
Uno de los aspectos más interesantes que ofrecen los vinos andinoamericanos además de su alta calidad, es que van con la tendencia global de consumir productos orgánicos, realmente que la tradición de consumir productos naturales tiene raíces milenarias en Sudamérica y es precisamente el mantenimiento de esas formas de cultivo y producción de la uva que preservan los viñedos, que les dan un valor agregado en una época en la que los consumidores prefieren los productos naturales y con la menor injerencia de químicos.
UVAS CON SABOR AMERICANO
Los vinos de las bodegas de Chile y Argentina son certificados orgánicos y poseen aromas únicos gracias al terruño en el cual nace y crecen los viñedos, que tiene características únicas por los minerales volcánicos que concede los majestuosos Andes. Con varias generaciones dedicadas a la producción de las mejores uvas, estas bodegas presentaron sus vinos en diferentes variedades, el ya clásico Cabernet Sauvignon, Carmenare, Torrentes, Pinot Noir, Malbec y Sintonía, por mencionar algunos.
PRODUCTO COMPETITIVO
La Ciudad de Nueva York es una gran consumidora de vinos ya que la industria de los restaurantes es una de las más poderosas y competitivas. Actualmente la tendencia de los “foodies” neoyorquinos, que aprecian no solo la buena comida pero además la buena bebida que la acompaña, exige cada vez más productos de la mayor calidad y pureza.

Los vinos andinoamericanos levantaron la bandera para dejar sentada su tradición y una excelente representación de productos latinoamericanos en el complicado mercado neoyorquino.




























