En este nuevo siglo, tras la magnitud mediática que supusieron los atentados del 11-S en Nueva York, sigue presentando, sea cual fuere el lugar donde se produzca, unas características bien definidas: infligir dolor y daño al mayor número de personas posible. Hoy su versión 2.0 avanza con estrategias cada vez más complejas.
Por Darío Garzarón
TORRES GEMELAS, EL PUNTO DE PARTIDA
Los atentados ocurridos en Nueva York en el año 2001, no sólo conmocionaron a la opinión pública por las dramáticas imágenes y testimonios que los rodearon y su seguimiento mundial en directo, sino que, supusieron un antes y un después en lo que a terrorismo se refiere, ya que se rompió el mito de la invulnerabilidad de la primera potencia mundial y se atacó, de forma espectacular, al corazeon del capitalismo mundial.
Tras estos acontecimientos, los Estados Unidos tomaron conciencia de que el terrorismo internacional es la mayor amenaza simétrica existente para las sociedades abiertas, mientras que la opinión pública fue testigo de la presencia de constantes focos de violencia antioccidentales y antidemocráticos.
Tras los atentados ocurridos en Nueva York el Gobierno de Estados Unidos abogó por la destrucción de todos los campos de entrenamiento a cielo libre, lo que ha producido que la tipología de los ataques haya evolucionado. Fundamentalmente por dos razones: la utilización de campos de entrenamiento virtuales, en lugar de campos de entrenamiento físico, y la aparición de terroristas aislados, situados en un punto medio entre un 'llanero solitario' y las organizaciones terroristas, que atacan con los medios materiales y humanos que tienen a su disposición.
El resultado es que esa persecución, encabezada por Estados Unidos, ha posibilitado que los núcleos terroristas estén dispersos, lo que genera trastornos importantes con respecto al seguimiento que pueden hacer los servicios de inteligencia, así como dificultar las operaciones antiterroristas.
Los terroristas han apostado históricamente por la estrategia del magnicidio, es decir, por atacar a la pieza más codiciada (líderes religiosos o políticos), para luego hacer caer el resto del sistema, conscientes de que el terror es capaz de cambiar las conductas de las personas e, incluso, de los gobiernos.
Pero, estas organizaciones no han sido ajenas a la evolución de una sociedad cada vez más mediatizada, por lo que actualmente, los emisarios del terror atentan, no sólo contra la pieza más codiciada, sino también contra otros elementos que puedan atraer la atención de los medios de comunicación.
Cada vez más, las organizaciones yihadistas (rama más violenta dentro del Islam) siguen el principio de "meaxima letalidad”, lo que supone matar el mayor número posible de personas en el mayor número de ocasiones.
LA AMENAZA YIHADISTA
Los terroristas cambian continuamente sus objetivos en función de los límites de su capacidad operativa, buscando siempre demostrar su fuerza y su imbatibilidad mediante acciones realmente espectaculares.
Ambos expertos coinciden en que el yihadismo, ejemplificado en la organización terrorista Al Qaeda, se postula como la principal amenaza terrorista en este siglo.
La importancia de esta organización y sus franquicias reside en su impacto global y en la extensión de su campo de acción.
Para quienes no defienden la yihad (lucha espiritual que sucede en el interior de cada musulmán), existen tres escenarios: el primero consiste en convertirse al verdadero Islam, esto es, al yihadismo; el segundo se basa en la aceptación de vivir bajo el yugo de la yihad; mientras que el tercero hace referencia a la preparación para ser muerto por la propia yihad.
En lo que al modo en el que se planifican y ejecutan sus ataques terroristas, este tipo de organizaciones siguen dos principios: el "Kitmán" y la "Taqiya", que permiten a estos fundamentalistas violar los preceptos propios de un buen musulmán, como, por ejemplo, la prohibición del tráfico y consumo de drogas, siempre y cuando este incumplimiento sea para servir a los intereses de la yihad islámica.
Las vías de financiación de este tipo de grupos, son variadas. Por un lado, los caminos de financiación pueden ir desde el tráfico de armas, el blanqueo de dinero procedente de negocios aparentemente normales o el narcotráfico, hasta la ayuda material, humana y económica suministrada por algunos Estados cómplices.
Al hilo de esta financiación llevada a cabo por ciertas naciones afines a este tipo de organizaciones, actualmente, Irán y Siria abrigan a terroristas y ofrecen ayuda para que organizaciones como Hizbulah (partido chiita de Líbano) y Hammas (principal formación islámica en Palestina), puedan seguir con sus actividades. Además la importancia de estos Estados es tal que, sin ellos, ninguna de estas organizaciones sería una cuarta parte de lo que es ahora.
En los últimos año, y tras los atentados de Nueva York, Madrid y Londres, los países occidentales son el blanco preferido de las amenazas de los reyes del terror yihadista y, estos grupos son una verdadera amenaza para la paz mundial, y va más allá al asegurar que “en el momento en que estos grupos tengan en su poder armamento nuclear, biológico o químico se convertirán en una gran amenaza para el mundo pues, según han declarado ciertos miembros de la cápula de Al Qaeda, en caso de poseer esas armas harían uso de ellas en sus ataques”.
Por desgracia, tendremos terrorismo para rato debido a que los objetivos de sus acciones están marcados de forma clara: autoridades periféricas que hacen frente a estos individuos armados, poblaciones que no están en su órbita (cristianos, hindúes) y centros de poder, fundamentalmente occidentales”.
Y DESPUÉS DE BIN LADEN
Muerto Osama bin Laden, la vida del mayor terrorista de la historia es analizada por expertos en el mundo islámico y terrorismo internacional, poniendo al descubierto la otra cara del que fue el enemigo público número uno y la herencia que deja.
A la pregunta de cómo queda Al Qaeda tras la muerte de Bin Laden,queda tocada y veremos si es capaz de recuperarse.
La muerte del dirigente terrorista para Al Qaeda es un mazazo en un contexto en el que la organización está en claro declive. Es perder a una figura mediática muy importante, su Robin Hood, el hombre que desafiaba a Estados Unidos y que no podía ser localizado a pesar de todo el poder norteamericano. Este capítulo esta cerrado y eso es un golpe duro para esta organización.
Al Qaeda no va a desaparecer a corto y medio plazo. Este experto en terrorismo internacional explica también que hace ya tiempo que Al Qaeda ni es la mayor de las entidades implicadas en el actual terrorismo global, ni la que más atentados idea, planifica, prepara y ejecuta por sí misma.
Tras la muerte de Bin Laden hay cuatro grandes componentes en la gran estructura de Al Qaeda: primero, la propia Al Qaeda, ahora todavía más menoscabada, una vez privada de su líder más carismático; segundo, las extensiones territoriales que dicha estructura terrorista ha conseguido establecer, de uno u otro modo, entre 2003 y 2007, especialmente Al Qaeda en la Península Arábiga, Al Qaeda en Mesopotamia y Al Qaeda en el Magreb Islámico.
Como tercer punto, el heterogéneo conjunto de grupos y organizaciones afines o asociadas a Al Qaeda, entre las que, "en estos momentos destaca Therik-e-Taliban de Pakistán; al-Shabaab; Lashkar-e-Toiba; y la Unión de Yihad Islámica. Por último, las células locales e independientes, constituidas de manera aparentemente espontánea, e incluso los individuos aislados que, una vez radicalizados, se plantean actuar por su cuenta.
Hay que ver si la organización mantiene su cohesión, si el nuevo líder consigue mantener unido al grupo. En este punto, aparece la figura de Al Zawahiri, el posible sucesor de Bin Laden, un cirujano egipcio de 60 años al que CIA (Agencia Central de Inteligencia estadounidense) ha puesto un precio de 25 millones de dólares por su captura.
Al Zawahiri es el verdadero estratega del terrorismo global desde los años noventa. Si, como parece, se convierte en el nuevo "emir" de Al Qaeda, quizá no concite el mismo consenso que Osama bin Laden dentro de la propia estructura terrorista, en cuya jerarquía de mando ha ejercido como segundo desde sus mismos inicios.
Al Zawahiri posee otro carácter diferente al de Bin Laden. También tiene una trayectoria coherente dentro del mal, un hombre que desde muy joven ya participaba en grupos radicales y que se crió en una familia de clase media-alta. Pero es una persona más agria y, sin duda, sin el carisma de Osama Bin Laden.
Pie de foto
- Al Zawahiri, posible sucedor de Bin Laden al frente de Al Qaeda.
2. Paquistaníes gritan consignas contra Estados Unidos por la muerte Osama bin Laden , el fallecido líder de la red terrorista Al Qaeda.
3 . Miembros de una organización terrorista islámica



























