
Por Fernando Campos
IMPACTO
La venerable actriz, escritora y bailarina puertorriqueña Anita Vélez Mitchell, quien en 2013 recibió en el centro nocturno Copacabana el más alto reconocimiento de la Asociación de Cronistas de Espectáculos de Nueva York, el Premio Extraordinario ACE por Distinción y Mérito, falleció el viernes 10 de julio, a las 2:45 de la tarde en su residencia de Manhattan frente al Carnegie Hall.
La polifacética artista, que fue inspiración del personaje de Anita en el famoso musical de Broadway “West Side Story”, fue recluida en el neoyorquino Hospital Roosevelt en varias recientes ocasiones aquejada por complicaciones de su padecimiento de pulmonía, había cumplido 99 años de edad, y estuvo activa en el mundo de los espectáculos hasta el pasado año, cuando estrenó su producción teatral “Temple of Souls”, en el neoyorquino Temple for the New City.
A pesar de que nuestra querida Anita había vivido una extraordinaria trayectoria, con innumerables créditos que hicieron de ella una leyenda, la escenificación de esta obra musical, que relata el romance prohibido entre Amada, la bella hija de un conquistador, y un joven taíno, Guario, fue muy especial para ella, ya que en la producción participaron varios miembros de su familia, incluyendo su hermana, la compositora Anika Peress; y su nieta, Lorca Peress, quien tuvo a su cargo la dirección.
Cabe señalar que Anita Vélez Mitchell fue la madre de Jane Vélez Mitchell, la estelar comunicadora de la televisión, quien siempre mantuvo una linda relación con su progenitora.

Nosotros que conocimos a Anita por muchos, muchos años, bien podemos evocar que la conocimos en la residencia de la notable intelectual Carmen Marrero, en una época en que la recién desaparecida artista era una de las más solicitadas de nuestro entorno artístico.
Con su grupo de bailes, fue ella la estrella escogida para el espectáculo de apertura del Caribe Hilton, de su natal Puerto Rico. Y gracias a ella conocimos a su compatriota, el inolvidable actor José Ferrer, con quien coincidí en su apartamento cuando el intérprete de “Cyrano de Bergerac” la visitaba, como lo hacían con frecuencia otros notables.
Por medio de una entrevista que Anita le concedió a la colega argentina Nilda Tapia, conocimos parte de su anecdotario desde sus albores, cuando siendo una niña tuvo la oportunidad de conocer al gran ídolo de esa época, Carlos Gardel. “El Zorzal” sentó a la jovencita en sus rodillas y le cantó “Che, papusa oíd... los acordes melodiosos que modula el bandoneón...”
“De allí pasó a codearse con malabaristas y cultores del arte circense. Trabajó como trapecista del circo Ringling Brothers. Armó su grupo de bailes de España y del Caribe. Bailó en lugares privilegiados de Broadway, con temporadas anuales en el codiciado Teatro Palace, recreó con su arte a presidentes. En una ocasión tuvo que ser rescatada por un hidroavión privado para sacarla del país para salvarla a ella y su grupo del asedio trujillista y escapar a La Habana, Cuba, para cumplir sus compromisos de trabajo.”
“Tito Puente me arreglaba toda mi música”, dijo una vez Anita. “Hasta me compuso un mambo en honor del señor Lococo, de Argentina, que mal llamó ‘Macoco’. Y Bobby Capó vino a verme para oir mi traducción al inglés de su inolvidable ‘Piel Canela’, entonando aquello de ‘I’m crazy about you, and you, and you. I know you love me, too, I know you do”.
En síntesis, Anita Vélez-Mitchell tuvo experiencias maravillosas en el curso de su vida, por lo que nunca será olvidada.



























