IGLESIA SANTA BRIGIDA EN BROOKLYN
Santa Brígida, donde un gran porcentaje de su feligresía es de origen latinoamericano, continúa siendo un bastión
de promoción de valores positivos y de defensa de los inmigrantes.

Esta Semana Santa se vive en medio de una pandemia que no ha terminado, sin embargo en estos tiempos dolorosos, la comunidad hispano-hablante, -cuya mayoría es católica-, ha encontrado en su religiosidad el consuelo y la fortaleza necesarios para sobrevivir y continuar.

Entrevistamos al Padre Joseph Dután, uno de los líderes espirituales de la Iglesia Católica Santa Brígida en Brooklyn, que durante más de tres décadas ha apoyado a los inmigrantes, incluyendo marchas por sus derechos, tanto en Nueva York como en Washington DC.

El padre Joseph, neoyorquino nacido en Woodside, Queens, hace treinta y dos años, hijo de padres ecuatorianos oriundos de Déleg, al sur de Ecuador, el próximo 30 de julio cumplirá tres años en su función como Vicario Parroquial de esta iglesia.

REV. DUTAN SANTA BRIGIDA
El Rev. Joseph Dután, Vicario Parroquial de Santa Brígida en Brooklyn, es un sacerdote católico nacido en Nueva
York de padres ecuatorianos, que se siente orgulloso de sus raíces y trabaja para mantener la fe y la esperanza en
la comunidad.

¿Cuán cercano a la cultura latina creció?

-Desde niño siempre he viajado a Ecuador, en mi familia la cultura siempre fue importante, me transmitieron las costumbres, comida, lenguaje y aún cuando de joven mi español no era tan bueno, desde que me enviaron a esta parroquia bastante hispana, he aprendido y ahora lo domino, más que hace cuatro años atrás.

Es muy importante viajar y conocer nuestros países, los lugares de donde vienen nuestros padres, donde están nuestras raíces, siempre ha sido muy importante para mis padres y para mi, saber y conocer de donde vengo.

¿Cuál fue el proceso de su vocación?

-Desde niño mis padres me dieron educación católica. Estudié en la Escuela Santa Teresa de Woodside, -que es mi parroquia matriz- ,hasta octavo grado, pero ya desde el sexto grado sentí algo especial en el corazón, que me movía hacia el sacerdocio y gracias al ejemplo de un sacerdote de nuestra parroquia, me inspiré más en la vocación
sacerdotal, pero tenía miedo, era un joven creciendo en un vecindario un poco rudo, con temor de decir a las amistades que quería ser sacerdote, porque creen que uno quiere estar aislado, por eso solo lo sabía mi madre.

Al terminar la secundaria, también católica, estudié ingeniería electrónica en City College y después en un instituto de tecnología, donde faltando un semestre para terminar la carrera, volví a sentir el llamado de Dios.

Padecí leucemia a los veinte años, eso me acercó más a Dios y dije, basta de correr e ingresé al Seminario en Douglaston en la Cathedral House of Formation, mientras estudiaba Filosofía en la Universidad Saint John.

Después de cuatro años en el Seminario Mayor San Joseph en Yonkers, el 30 de junio del 2018 me ordené como sacerdote. Mi primera asignación fue Santa Brígida, con el Padre Jorge Ortiz.

¿Cómo ha sido este tiempo en Santa Brígida?

-Comencé sin saber lo que era el sacerdocio y aprendí con el Padre Ortiz, quien me enseñó a ser parte de la comunidad, a integrarme con la gente, sintiendo y compartiendo sus alegrías y dolores. Cuando llegó la pandemia todo fue muy difícil y doloroso, nadie sabía y hasta el momento no sabemos qué es esto, ni cuál es la cura.

Mi pastor fue uno de los primeros que se contagió y falleció, igualmente muchos miembros de mi familia, mis padres, hermanas, tíos y tías, sobrinos, todos afectados por el virus, pero con la gracias de Dios hasta  hoy, no tengo ni anticuerpos, ni nunca me he contagiado.

La parroquia se paralizó, éramos solo los sacerdotes y unas dos personas que nos ayudaban, pero fuimos aprendiendo a movernos con la tecnología. Esto nos sorprendió con la guardia abajo. Fue tan difícil porque los feligreses llamaban, eran decenas de llamadas al día, pedían que recemos, que su hermano, padre, hijos, esposos estaban luchando con el virus.

Comenzaron a buscarnos en redes sociales, no estábamos listos con cámaras para hacer “live stream”, comenzamos a pasar las misas en vivo, solo con un celular y fuimos adaptando diferentes implementos, ha sido un proceso.

¿Cómo ha sido el retorno?

-Los feligreses siempre han estado presentes, hemos estado en contacto, les llamamos o enviamos mensajes de texto, sobre todo a quienes tienen familiares contagiados. Hemos perdido más de un centenar de feligreses.

Como parroquia hemos atravesado la crisis solos, los pastores hemos estado con los feligreses y ellos con nosotros, guiados por la fe y el ejemplo de Jesucristo.

Tuve a mi padre en el hospital Cornell por más de un mes y a pesar de que en ese mismo hospital pasé mi leucemia y que el personal se volvió como familia, durante la pandemia no fue posible ver a mi padre por las restricciones, a pesar de ser sacerdote.

Mi padre se fue ante la presencia del Señor el 5 de mayo del 2020, mi madre luchó y venció al Covid-19, pero mi padre tenía otras condiciones.

Cuando se reabrió la iglesia la gente estaba muy contenta, se abría un lugar donde encontrar consuelo y esperanza.

Volvieron con alegría, comenzamos las misas, con restricciones claro, pero se reactivaron las actividades, como grupos de oración y con el nuevo liderazgo del Padre Velasco, hemos incluido devociones como la Hora Santa, una tradición de nuestros padres.

¿Cómo se celebrará Semana Santa?

-Hemos tenido la estación de la Cruz todos los viernes en español y martes en inglés, también confesiones, para promover la penitencia y celebraremos todos los ritos católicos de Viernes Santo y Pascua.

¿El padre Joseph come Fanesca?

-¡Claro! Desde niño crecí comiendo Fanesca preparada por mi abuelita en la forma tradicional, con los doce granos. Además mi padre fue cocinero profesional y me enseñó algo importante, me decía: “tienes que comer de todo, porque tal vez algún día, lo que no te guste, puede ser la única comida que tengas.”

Un mensaje Final

-No debemos perder la fe, ahora más que nunca debemos mantener firmes nuestros valores espirituales, en el ejemplo de Jesucristo, volver nuestra mirada, confianza y esperanza hacia Dios.

En esta Semana Santa los católicos ponemos nuestro dolor, temores, sufrimientos, angustia, ansiedad, en la cruz y morimos simbólicamente con Cristo, pero para resucitar fortalecidos con Él, para sanar nuestras heridas emocionales, entregando nuestro corazón a Jesús y siguiendo su ejemplo de compasión, hermandad, solidaridad, de amor incondicional.

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