
La ciudad de Nueva York, durante décadas, ha dejado la provisión de baños principalmente a establecimientos privados y la lucha por encontrar un baño accesible se ha convertido en una muestra de la falta de atención a un problema crónico de salud pública en la llamada Capital del Mundo.
La mala calidad de aire en Nueva York, una de las razones por las cuales muchos residentes están abandonando la ciudad, es resultado de una serie de factores entre los cuales están, además de nuevas regulaciones legalizando el uso recreación de la marihuana, el incremento del uso de cigarrillos electrónicos para vapeo y el incremento del uso de todo lugar público como servicio sanitario.
La situación actual, si bien es resultado directo de décadas de negligencia y proyectos de infraestructura fallidos o inacabados, se ha convertido en parte del diario vivir de millones de residentes y visitantes, muchos de los cuales continúan utilizando las mascarillas, ya no para evitar el contagio del covid, pero para atenuar los malos olores que se incrementan en la ciudad de Nueva York.
A continuación, presentamos una serie de aspectos en la crisis de calidad de aire que vive la ciudad de Nueva York, enfocada particularmente en la implementación de servicios sanitarios públicos.

ANTECEDENTES HISTÓRICOS
La historia de la ciudad de Nueva York en sus primeras etapas de urbanización y desarrollo da cuenta de las malas condiciones de higiene y salud pública, particularmente durante los siglos XVII, XVIII y XIX, como la mayoría de las ciudades del mundo occidental.
Antes de la llegada de europeos a la ciudad de Nueva York, grupos aborígenes como los Lenape tenían sus propias técnicas para procesar los desechos humanos. Cuando llegaron los primeros colonos europeos, introdujeron a la recién instaurada Nueva Ámsterdam, letrinas o zanjas recolectoras de desechos humanos que recorrían las calles a la vista pública, e incluso está documentado que cuando en la ciudad se comenzaron a construir edificios de más de un piso, los desechos se arrojaban por las ventanas, por lo cual fue necesario implementar regulaciones prohibiendo esta práctica.
A mediados del siglo XIX, antes de la llegada de la plomería interior y los inodoros con cisterna, los edificios y casas continuaban utilizando letrinas y urinales como inodoros.
Además, tanto los residentes pobres como los ricos utilizaban bóvedas privadas. A finales del siglo XIX, muchas viviendas de la ciudad, particularmente en el Lower East Side, carecían de baños o agua corriente.
A mediados del siglo XIX, antes de la llegada de la plomería interior y los inodoros con cisterna, los edificios y casas utilizaban letrinas y orinales como inodoros. La plomería adecuada solo fue exigida por la Ley de viviendas de vecindad del Estado de Nueva York en 1901.
En ese entonces, las viviendas de la ciudad de Nueva York tenían más de nueve mil bóvedas privadas en sus patios, a las cuales les llamaban elegantemente "fregaderos escolares" y los lavamanos de las escuelas sólo se desocupaban ocasionalmente al primitivo sistema de alcantarillado de la ciudad, que eran importantes focos de enfermedades.
La ley de 1901 prohibió esos llamados lavabos escolares y exigió a los propietarios que los reemplazaran con inodoros y así se comenzaron a instalar inodoros y bañeras. Para 1914, sólo quedaban 375 lavabos escolares en la ciudad.

DE MAL A PEOR
Los residentes promedio de la ciudad no tuvieron baños interiores sino hasta finales del siglo XIX. Los avances en la tecnología de plomería permitieron la asequibilidad y la instalación de inodoros en hogares de clase media. El Código de Construcción de la ciudad de Nueva York de 1968, requería que los edificios tuvieran al menos un baño para hombres y un baño para mujeres por cada cien personas.
En el 2008 esto se cambió a un baño para cada género por cada ciento cincuenta personas, es decir, hubo un retroceso.
La escasez de baños públicos también fue consecuencia de la crisis fiscal de la ciudad de 1975, cuando el gobierno municipal, tratando de ahorrar dinero, cerró los baños públicos. La pandemia de COVID-19 en el 2020 agudizó esta deficiencia sanitaria, que con la llegada de cientos de miles de refugiados y el retorno del turismo nacional e internacional han desembocado en una crisis sanitaria.
A partir de la década de 1990, ha habido varios intentos de instalar más baños en la ciudad de Nueva York y en el 2006 se llegó a instalar cinco baños pagados, como parte de un programa que según se sabe, dejó en bodega, hasta la actualidad a varias unidades que están sin usar, mientras en las calles de la ciudad existe una necesidad enorme de este tipo de servicio.
En 2012, el alcalde Michael Bloomberg firmó una legislación permitiendo a los pequeños restaurantes con capacidad para hasta treinta personas, disponer de un baño, en lugar de los dos necesarios en la mayoría de los establecimientos. Pero la administración del alcalde Eric Adams, modificó el código de construcción de la ciudad en 2022, para que los restaurantes ya no estuvieran obligados a abrir sus baños al público en general.
Varias personas sin hogar demandaron al gobierno de la ciudad de Nueva York y a la Autoridad de Transporte Metropolitano (MTA) en 1990, alegando que la ciudad y la MTA creaban una "molestia pública" al no proporcionar baños públicos.
En 1990 incluso se presentó una demanda contra el gobierno municipal y la MTA por parte de los desamparados de la ciudad, alegando que había una situación de molestia pública por la falta de baños y en el informe del Centro de Acción Legal para Personas sin Hogar, se señaló que de 526 estaciones de servicios públicas en los parques, casi tres cuartas partes estaban "cerradas, sucias, malolientes o sin papel higiénico ni jabón".
En 2010, había solo ciento treinta y tres baños abiertos en ochenta y uno de las 468 estaciones del sistema. Todos los baños del sistema se cerraron en 2020 por la pandemia de COVID-19 y permanecieron cerrados durante más de dos años. La MTA reabrió dieciocho baños en nueve estaciones en enero de 2023 y actualmente, en 2024, hay cincuenta y ocho baños abiertos en todo el sistema de trenes de la ciudad.
Actualmente la ciudad de Nueva York, con una población de más de ocho millones y medio de habitantes, dispone de aproximadamente mil cien baños públicos, así como de un número desconocido de baños de propiedad privada.
En 2017, había alrededor de tres y medio millones de unidades de vivienda en la ciudad, muchas de ellas con baños, mientras que también existen baños privados en oficinas y otros establecimientos no residenciales, sin embargo, la ciudad en el 2024 vive una de las peores crisis de su historia en cuanto al uso del espacio público, veredas, parques, sistema de transporte, etc., etc., relacionados a la higiene y los desechos de orina y heces fecales.

NECESIDAD EMERGENTE
Comparando la estructura sanitaria de Nueva York con otras grandes ciudades, sus baños públicos son escasos, ya que los 1.100 baños públicos dan como resultado un porcentaje promedio de sólo dieciséis por cada 100.000 residentes, que no incluyen los millones de visitantes que llegan anualmente a la ciudad.
En la capital del mundo, encontrar un baño público y en buenas condiciones es un verdadero reto. En el 2019, un informe emitido por la Oficina del Contralor de la ciudad señaló que, de las cien ciudades más grandes de Estados Unidos, Nueva York ocupaba el puesto noventa y tres en el número de estaciones de aseo, por cada cien mil habitantes.
Eso equivalía a sólo dieciséis baños públicos por cada cien mil residentes, en comparación con doscientos diez en Saint Paul, Minnesota y ciento cuarenta en Jacksonville, Florida.
La escasez de baños públicos en la ciudad de Nueva York ha empeorado drásticamente con la llegada de más de ciento sesenta mil refugiados y la falta de educación e instrucciones sobre las opciones disponibles.
Igualmente, la creciente crisis de vivienda que está incrementando alarmantemente el número de personas desamparadas, es un elemento que agrava la situación sanitaria en la ciudad.
Esta crisis ha motivado incluso la creación de mapas de baños públicos en la ciudad, los cuales están disponibles en internet y esto también debido a la necesidad de ofrecer servicios eficientes a los millones de turistas que son importantes para la economía de Nueva York.

Las autoridades municipales de la administración actual tampoco han demostrado interés o intento efectivo por solucionar este problema sanitario, que no disminuye reduciendo visualmente la presencia de mendigos y refugiados en las calles.
Si bien refugiados y residentes disponen de unidades sanitarias en sus viviendas, la intensa actividad y movilidad que requiere el vivir en una ciudad como Nueva York, donde para trabajar o realizar cualquier trámite se debe viajar distancias considerables, obligan a sus habitantes a utilizar baños para sus necesidades básicas, incluyendo el lavarse las manos para evitar la transmisión de enfermedades.
Actualmente el incremento de baños públicos en la ciudad de Nueva York, es no solo una necesidad básica, si no una prioridad emergente a una situación que constantemente sorprende y desalienta, tanto a los residentes como a los visitantes.
Si las nuevas leyes municipales ya no permiten al Departamento de Policía ni a ninguna otra dependencia, dar una multa a quien utiliza espacios públicos como servicios sanitarios, debería ser una prioridad para los empleados públicos de turno, incrementar la infraestructura de servicios sanitarios públicos y paralelamente, promover campañas de educación pública que incluya la ubicación de los mismos y las opciones disponibles.
Lamentablemente los oficiales electos no utilizan el transporte público diariamente y desconocen totalmente los retos que diariamente enfrentan los ciudadanos.



























