Pedro Almodóvar: "Gozar de nuestros cuerpos es el único, el último y el mejor de nuestros privilegios"

Pedro Almodóvar: "Gozar de nuestros cuerpos es el único, el último y el mejor de nuestros privilegios"

Por Mateo Sancho Cardiel

Pedro Almodóvar se desmelena todavía sin problemas a sus 63 años, pero también reflexiona sobre la situación política, la sexualidad y la libertad como concepto.

La gravedad ha reportado a Pedro Almodóvar dos Óscar, varios premios en Cannes y el prestigio internacional. Pero el "planeta Almodóvar" vuelve a la órbita del humor, el desenfreno y el disfrute sin complejos en "Los amantes pasajeros", vuelo que no factura pretensiones pero en el que se cuelan  reflexiones sobre la libertad y la política.

Pedro Almodóvar reflexiona sobre la política y la libertad, sobre el cine y su propia existencia como ser humano y realizador.

 

¿Por qué ha decidido volver a la comedia?

Después de todas las películas que he hech0 en este siglo, necesitaba airearme un poco en otro género, en este caso la comedia. No solo tenía la necesidad de escribirlo, sino de rodearme de actores en un rodaje con una historia en la que el humor sea el elemento más importante. Lo hacía tanto por mí mismo, por experimentarlo, como por el hech0 de que la gente me demandaba por la calle que volviera a hacer una comedia.

 

¿Es el género que más fácil le resulta?

Estas películas que parece que todo es espontáneo, que es una fiesta, que nos ha costado cinco días y ha salido de un tirón, son las que más ensayo precisan. La comedia es uno de los géneros más frágiles, necesita mucha más exactitud. En un drama pueden fallarte algunas cosas y la enormidad del tema puede de pronto suplirlas o que no las veas.

Y la sensación que dan los actores de que casi se están inventado las cosas en ese momento es falsa. Está ensayada milimétricamente y coreografiada como si fuese una obra de teatro. Lo pide el hech0 del género. El 'tempo' no es un 'tempo' racional. En la vida no podría enterarse de lo que le han dich0 y responderle al ritmo que se hace en una comedia.

 

¿Y cómo detona a través del humor a todos los personajes que se quedan encerrados en ese avión ante una posible catástrofe?

Lo que quería era mostrar cómo de pronto tienen que hacer un aterrizaje forzoso y tienen que vivir dentro del avión, que es muy jocoso y muy hilarante. Eso les lleva a un viaje moral, aunque sea a través de la droga, el sexo, de la celebración, de luchar contra el miedo, etc. No son mejores cuando bajan, pero sí es que cada uno se enfrenta a las cosas. Ninguno huye.

 

La película transmite sensación festiva, pero, ¿fue rodarla igualmente divertido?

Rodar generalmente no es una fiesta. Es un trabajo duro el del cine, estar todo el verano metido en un lugar en el que hacía muchísimo calor, que con los focos se multiplicaba y en un espacio muy pequeño, porque casi toda la película transcurre en el avión. Temía que los actores se cansaran o se pusieran nerviosos. No eran situaciones cómodas para estar viviéndolas durante tres meses. Pero lo que sí resultó una fiesta fue por el propio carácter de estos actores de escuelas, países y edades distintos.

 

Al volver al hedonismo, la irreverencia y el sexo libre, ¿le preocupa una reacción de polémica?

Las reacciones son imprevisibles. Van por modas sociales. En los 90 en Estados Unidos se vivía el inicio de lo políticamente correcto, que luego como todas las modas se trasladan al resto del mundo. En ese momento, la primera película mía que les cayó fue "¡tame!" y les parecía una ofensa absoluta y el peor ejemplo que podía recibir un joven americano. Por eso le pusieron la X. Los americanos son muy mitómanos y muy miméticos, y pensaron que a ver si de pronto lo que hacía Antonio Banderas se iba a convertir en un modelo y los chicos se iban a poner a raptar a las chicas. Sin embargo, "Hable con ella" se recibió desde el primer momento como mi obra cumbre. Y así funcionó en todos los sentidos, en todos los premios. Y no hubo nada de polémica con los toros.

 

Acostumbrado como está a manejar tramas disparatadas y personajes al límite, ¿cuánto confía usted en su genio, en que todo acabará teniendo un sentido?

Este trabajo consiste en una toma de decisiones continua a lo largo de, por lo menos, año y medio. Todas esas decisiones no son las acertadas siempre. Por eso compruebo sobre el terreno que las cosas funcionan, no doy nada por hech0 nunca, porque yo me equivoco, los demás se equivocan y debes tener un margen de tiempo para hacer una comprobación y reaccionar.

 

¿Se siente cómodo como embajador de España en el resto del mundo con esa "marca Almodóvar"?

Me pesa mucho ser un representante, especialmente fuera de España, de la cultura española, de la democracia española, etc.. No me comprometo con nada, ni conmigo mismo, ni con la realidad. Aunque la realidad de mi país y mi carrera han ido en paralelo porque nací con la democracia. Yo era una prueba de que esa democracia era real. En ningún país de Europa cuando estrenamos "Pepi, Luci, Bom" y otras chicas del montón" era posible algo así y, de hech0, se llevaron las manos a la cabeza. Nací artísticamente en el momento adecuado y me nutrí de lo que estaba pasando en nuestro país, que era maravilloso. Pero hay muchas Españas.

 

España y el mundo han cambiado mucho, pero "Los amantes pasajeros" recupera el espírito de los 80 en muchos sentidos, incluido el sexual. ¿Cree que se había perdido esa concepción tan festiva del sexo en su cine?

Gozar de nuestros cuerpos es el único, el último y el mejor de nuestros privilegios. Es algo que nadie te puede quitar. Hay una celebración de los sentidos y del sexo en concreto muy clara en esta película y sí que a mí me alegra que haya vuelto esa celebración. El sexo tiene muchos sentidos dependiendo del tipo de historias que estés contando. Porque no se puede renunciar a él, incluso vivir sin una actividad sexual como se supone que viven los que hacen voto de castidad. Están viviendo con una gran ausencia que está muy presente en sus vidas. Cuando puedo lo recupero como celebración, como en "¡tame!", el polvo eterno que echan Antonio Banderas y Victoria Abril. Son dos pobres personas, dos marginados, dos personas por las que nadie va a dar un duro. Y el sexo  les catapulta al séptimo cielo. En "Los amantes pasajeros" vuelve a ocurrir.

 

Llevaba mucho tiempo sin comedia, pero este momento de su vida, ¿qué le divierte a Pedro Almodóvar?

Hay pocas cosas más divertidas de ver ahora mismo que comprobar qué es lo que han dich0 los políticos de todo signo hace tres años sobre su trabajo, la sociedad, sus proyectos y programas y ver lo que están diciendo hoy. Aunque yo no las miro personalmente, también me río con la afloración de las redes sociales, hay un resurgimiento del humor anónimo que es muy interesante. Fíjate que me gusta a mí la chabacanería, pero hay un tipo de humor típico de mandarlo por Whatsapp que, sin ser el que me divierte más, sí me parece que es muy bueno. No he tenido nunca la sensación de que se han hech0 tantos chistes espontáneos como ahora. Ahora que cada cual puede coger y hacerte un collage o una felicitación de navidad muy divertidos.

 

¿Qué le inspira y qué le provoca?

Escribo historias de ficción, pero las cosas en las que se basan, en las que se apoyan son todas reales. Incluso las partes más excéntricas están basadas en algo que he leído en un periódico. Las páginas de sucesos es lo más inspirador y luego, naturalmente, mi propia vida, aunque en mis películas nunca hablo en primera persona. Y sobre lo que me provoca... Una película como "Amour", de Michale Haneke. Es incómoda de ver. La vi en casa, porque me la mandaron de la Academia de Hollywood, y en algún momento tuve que salir al salón a airearme. Me parece una película espléndida. Es uno de los alegatos más rotundos sobre la eutanasia y la necesidad de, si uno respeta al ser humano, el suicidio asistido. Es un problema que los gobiernos de todo el mundo deberían plantearse como algo prioritario. Se lo daría a todos los ministros de Sanidad de todos los gobiernos para que reflexionaran un poco sobre el tema.

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