La ciudad de Nueva York es increíble, una verdadera caja de sorpresas y con justicia llamada Capital del Mundo, porque en ella se pueden encontrar las más diversas manifestaciones culturales del planeta.
Hace poco publicamos una nota sobre el vendedor de figuras hechas con tagua, el llamado marfil vegetal que ha sido otro de los productos emblema de Ecuador. Muy cerca de donde se encuentra el vendedor de figuras de tagua, encontramos a una joven inmigrante llamada Noemi, que recrea en forma increíble una de las milenarias tradiciones de los nativos ecuatorianos, los tejidos de lana.
En la ciudad de Otavalo, provincia de Imbabura, en la serranía ecuatoriana, hay una población nativa que desde tiempos preincaicos se ha dedicado a la producción artesanal de tejidos de lana. En esta ciudad, llena de historia y destacada desde tiempos inmemoriales, pasando porque se convirtió en una panaka y porque fue elevada de villa a ciudad por el Libertador Simón Bolívar, es muy famoso el mercado de tejidos, uno de los atractivos turísticos más populares a nivel nacional.
Otavalo es, como lo han afirmado escritores internacionales, la tierra del arte andino, donde se funden historia y tradición, donde las prácticas artesanales centenarias continúan recreándose, pero que gracias al talento y gran amor de los laboriosos nativos otavaleños, se ha dado a conocer a nivel mundial.

OTAVALEÑOS EN NUEVA YORK
Los otavaleños llegaron a Nueva York invitados por Galo Plaza, quien además de promover sus maravillosos tejidos, les dio muchas oportunidades educativas y laborales. Conociendo la historia, no nos extraña encontrar en la principal vía de Manhattan, Broadway, a una descendiente de otavaleños, tejiendo con su telar portátil.
Esta joven ecuatoriana que estudia y trabaja, no solo recrea un arte ancestral, recrea y concentra todo el colorido, laboriosidad y alegría de las ferias de tejidos en Otavalo, con su famosa “plaza de los ponchos” donde los textiles forman un arcoíris de tapices, fajas, suéteres, bufandas, gorros, guantes, todos producidos en forma artesana.
Esta jovencita, aprendió el arte de tejer artesanalmente de su madre y utiliza el telar elaborado por su padre, representante del mercado de artesanías más grande y fino de América del Sur. Con humildad, sencillez y una sonrisa candorosa, Noemi sorprende a los neoyorquinos con una bella variedad de pulseras de colores, pero sobre todo, con su arte de tejer, -en tan solo cinco minutos-, pulseras personalizadas con el nombre de quien lo solicite.

TELAR PORTATIL
Ante la mirada de los transeúntes, abre su telar portátil, coloca su banco, comienza a preparar el telar instalando los hilos por colores y comienza a tejer. También elabora manualmente otras pulseras con lanas de colores, a base de nudos. Son muy hermosas y además de ser un símbolo de la riqueza cultural de las naciones nativas andinoamericanas, son una forma sustentable de producir accesorios que no dañan al ambiente, como los de metales extraídos en proceso que dejan residuos tóxicos o elaborados con productos como el plástico.
En Otavalo los indígenas actualmente representan la mitad de la población, pero se los encuentra en Francia, Alemania, Centroamérica y muchos países de todo el mundo, ellos aman la música y tienen su propio instrumento, el rondador, del cual nos dicen es cien por ciento invención ecuatoriana.
Los trajes de los otavaleños expresan la riqueza de tejidos, una riqueza que durante la etapa colonial provocó que muchos de ellos fueran forzados a trabajar en obrajes, talleres textiles que llegaron a cobrar fama continental como y a la larga provocaron el establecimiento del comercio textil a nivel nacional, regional y continental.
Los otavaleños son muy respetados como productores de textiles y comerciantes, actividad a la cual muchos se dedican en la actualidad, no solo participando de las ferias callejeras de Nueva York, además con elegantes boutiques en barrios exclusivos de Estados Unidos.
Noemi, no utiliza la vestimenta tradicional de las otavaleñas y a pesar de eso, su presencia en las calles de la abismal Manhattan sobresale, por el talento que tiene para utilizando sus manos, tejer con la dulzura apacible de los paisajes andinos, pero con la determinación y la fuerza de los volcanes ecuatoriales.
El volcán Imbabura de 4.630 m de altura, que da nombre a la provincia donde se encuentra Otavalo, se encuentra a solo noventa kilómetros de la capital, Quito, pero los deseos de superación de esta joven, la han traído a la capital del mundo.
Las pulseras tienen un valor de siete dólares y las tejidas con el nombre diez, pero siempre esta abierta y muy amable a dar un pequeño descuento cuando se compran más de una pieza.

En la provincia de Imbabura existe un sinnumero de ciudades y lugares especializados en diferentes tipos de trabajo artesanal, como Peguche, también celebre por los tejidos, Cotacachi por el trabajo en cuero, San Antonio de Ibarra por los tallados en madera y muchas lagunas que incluyen al autódromo internacional de Yaguarcucha. En todos estos lugares hay exquisitos platos típicos, que incluyen golosinas elaboradas a base de frutas silvestres y frutos secos, como el arrope de mora y las nogadas, además del pan de leche, alfeñiques, melcochas, etc.
Los inmigrantes no solo son una importante fuerza laboral, también son promotores de la cultura, de la diversidad y del mantenimiento de prácticas ancestrales ecológicas.




























