“MACHO’ CAMACHO: EL ADIOS A UN CAMPEÓN DEL PUEBLO
Por ARMANDO BERMUDEZ
Fotos por Felix Lam

Nueva York (ILN).- Pareció el capítulo final del cuento de un campeón del pueblo. Mañana fría y sabatina, multitud que gritaba su nombre mientras desfilaba su ataúd impecablemente envuelto con la bandera mono-estrellada puertorriqueña, recordando su estoicismo de gladiador en el ring: “¡Macho, Macho!”
El último gong de la campana Héctor “Macho” Camacho, sin embargo, no lo escuchó en el cuadrilátero sino en el cementerio St. Raymond de El Bronx, cuya brisa gélida no pudo apagar la cálida despedida de sus fans que incansables repetían su nombre: “¡Macho, Macho!”. Era 1 de diciembre, exactamente 11 días después que un pistolero lo dejó muerto cerebralmente en Puerto Rico.
IMPACTO fue testigo que el mismo entusiasmo, miles de personas sencillas, entre amas de casa, jubilados, profesores, empleados, estudiantes, y masa trabajadora en general, ya lo habían exteriorizado en las calles de El Barrio, en el Este de Harlem.
La vida de “Macho” Camacho había saltado nuevamente a la palestra, luego que el programa “Mira Quién Baila” de Univision recientemente lo invitó a participar en sus shows. Camacho, con su gracia y picardía se hizo apreciar inmediatamente por sus seguidores. Pero el destino le trazó otra senda fuera de los sets televisivos.
La señora Laura Pagán, 75, en silla de ruedas abrazaba un cuadro con la fotografía autografiada de “Macho Camacho’ peleando con Ray “Boom Boom” Mancini. Estaba allí para darle su bendición de vecina, admiradora y puertorriqueña.
“Dios te tenga en la gloria, hijo”, declaró Pagán. “Él nos alegró con su jovialidad. ¡Viva el campeón de El Barrio y Puerto Rico!”.
Doris Martínez, activista comunitaria de El Barrio, confesó estar triplemente dolida por la forma en que él ha terminado su carrera, mientras espectaba frente a “La Catedral de El Barrio” las incidencias del despliegue del cuerpo del ex campeón.
“Un hermano mío y mi sobrino murieron de la misma manera que ‘Macho’ Camacho en Puerto Rico”, refirió Martínez, ex empleada por 15 años en Citibank. “A los dos los mataron a balazos y a mi me da miedo vivir allá. Yo viví y crecí entre las calles 106 y 104, pero también por la violencia me tuve que mudar a Seaport en el bajo Manhattan”.
Aun caminando con dificultad usando un bastón, Rosa Rosario natural de Río Grande, pueblo de la Isla del Encanto, hizo fila cerca de media hora con cientos de fans más para ver y orar brevemente ante el cuerpo de su ídolo. Pagó $10 por una camiseta negra estampada con la figura de Camacho, mientras floristas entre la multitud vendían dos rosas blancas por $5 para depositarlas en su capilla ardiente.
Rosario dijo ver “feo como ha muerto” el boxeador. “Nos estamos matando unos a otros”, indicó. “Fue un charlatán, gracioso y peleador. Siempre recordaré sus peleas que vi muchas veces por televisión”.

A su turno, Nelson Cruz, de Carolina –quien llevaba unos pequeños guantes de boxeo- exteriorizó claro sus sentimientos: “Estoy triste porque ha desaparecido un gran campeón. Él ha sido, es y será un gran campeón”, precisó.
Franklin, de Sabana Grande, orgulloso fan del caído boxeador contó que su hija Amanda de 21 años de edad, se está preparando para los ‘Golden Gloves’ en Brooklyn, tan igual como en una época lo hizo el campeón de Bayamón. “Espero surja más adelante”, indicó sobre su hija, y sobre su ídolo. “No ha habido nadie como ‘Macho’ Camacho. Es un Michael Jordan del boxeo”.
A través de Facebook, Miriam Ayala, ex periodista de Univision 41, me alcanzó su comentario sobre el tributo al campeón: “Es tan bello y acogedor ver como los latinos se unen en El Barrio para despedir a un campeón, a un hijo de ese lugar. Creo que, aunque triste, la muerte del Macho Camacho sirvió para elevar el espíritu de alegría y hermandad en un abrazo, que tanta falta hacía”.
Quedan para el anecdotario las broncas de su familia, los dimes y diretes de sus exs, los llantos y desmayos francos y correrías de ambulancias llevando presas de nervios a unos y otros.
Lo cierto es que Héctor “Macho” Camacho se despidió movilizando a decenas de policías y miles de fans. Se fue vestido con traje-terno (chaqueta y pantalón sastre) tan blanco como aquel que llevó cuando de niño hizo la primera comunión en la misma iglesia Santa Cecilia. Esta vez dos corceles blancos encabezaron la calesa mortuoria que enalteció al alegre, disparatado y amical boxeador llevándolo en una urna de cristal, para el adiós final.



























