La pandemia aceleró el incremento de vendedores ambulantes en las veredas de la avenida Roosevelt en Queens, situación que ha degenerado en una crisis, la cual tiene diferentes matices, con voces a favor y en contra. A continuación una panorámica general de esta controversia.

UNA AVENIDA VARIOS DISTRITOS
La avenida Roosevelt sobre la cual corre la línea del Tren 7 a partir de Sunnyside, atraviesa varios barrios, pasando por Sunnyside, Jackson Heights, Elmhurst y Corona, que son los barrios con gran población inmigrante, gran diversidad y gran presencia de latinoamericanos. Sin embargo de acuerdo a los mapas de los distritos, representados cada uno por un concejal, a lo largo de la avenida hay varios distritos, así por ejemplo el Distrito 21, representado por el concejal Francisco Moya, va desde la calle 92 hacia Citi Field. Es decir que los tramos de la avenida Roosevelt en las calles 74 hasta la calle 91, están en otro distrito.

Un tramo importante de la avenida Roosevelt, los barrios de Jackson Heights y Elmhurst, están en la jurisdicción del Distrito 25 representado por el concejal Shekar Krishnan, que preside el Comité de Parques y es parte, -entre otros-, del Comité de Pequeños Negocios.
Impacto Latino recorrió la avenida Roosevelt desde la calle 74 hasta la calle 104 y la diferencia entre barrios es notable, a pesar de que el factor común son las ventas ambulantes que se concentran en las paradas del tren. La estación principal de la calle 74, en donde convergen varias líneas de trenes y autobuses, se encuentran fuertemente custodiadas por la policía, sin embargo los vendedores ambulantes se han tomado hasta la propia estación de la MTA, en cuyos muros pegan fotografías y publicitan sus mini negocios.

En la esquina de la calle 75 continúan los vendedores de productos y la congestión peatonal. Esta situación continúa con ciertos tramos menos congestionados por vendedores, hasta la calle 82 donde se vuelve a congestionar y continúa en menor grado hasta llegar a las calles 88, 89 y 90 donde vuelve a congestionarse. Es decir, que las zonas donde se aglomeran las ventas ambulantes es alrededor de las paradas del Tren #7. Igualmente, baja la congestión de ventas ambulantes a partir de la calle 90 hasta llegar a Junction Blvd, donde vuelven a concentrarse las ventas ambulantes.

Varias calles ya permiten el paso tranquilo y plácido de los peatones, sin embargo el problema es en las estaciones del tren elevado. Al llegar a la parada de la 103, la reducción de vendedores ambulantes, comparado a la situación hace dos semanas, es notable, existen más espacios en la Plaza Corona, a donde continúa llegando la comunidad para un momento de relajacion, con mesas de juegos, ninos y varios carros de comidas, un puesto notable de frutas que ocupa un gran espacio, pero una disminución considerable de ventas ambulantes, a las cuales han reemplazado mesas solicitando respaldo para el retorno de los vendedores.
PLAZA CORONA RESUCITÓ
Fue una noticia de temporada, los vendedores ambulantes sin licencia ni permisos de la Plaza Corona, entre las calles 102 y 104 sobre Roosevelt, fueron desalojados. La medida ha sido recibida con gran beneplácito por los propietarios de pequeños negocios del área y por los residentes de la comunidad, a cuyos innumerables pedidos las autoridades finalmente respondieron, después de meses de quejas.
Empresarios y profesionales, entre ellos abogados, notarios, vendedores de artesanías y ropas típicas, directivos de organizaciones comunitarias, expresaron que el cambio ha sido positivo, ya que existen mejores condiciones para todos los habitantes, pequeños empresarios y trabajadores de la zona, para los niños, ancianos, mascotas, etc. sin el bullicio, ni la contaminación auditiva, la basura, el humo de los puestos de comida, los olores y los desperdicios que estos generaban.

A decir de la propietaria de Variedades Cóndor: “Con o sin ventas yo debo pagar la renta mensualmente, pero debo enfrentar la competencia desigual de gente que sin licencia ni permisos, ha comenzado a vender en los puestos ambulantes la misma mercadería que vendo yo en mi pequeña tienda, la cual está en peligro de cerrar, gracias a gente que además es muy violenta. A los vendedores ambulantes los ciudadanos no les podemos decir nada, porque nos insultan y hasta nos amenazan”.

“El otro día corrí para llegar a hacer una diligencia antes de que cierren una oficina en la esquina de Warren St, a una cuadra de Junction Blvd. la gente no podía pasar, había dos señoras con los carritos de sus bebés, pero las vendedoras de comida mientras ofrecen muestras de lo que preparan, no les dejaban pasar y yo les pedí que por favor se muevan, entonces me insultaron y una de ellas me mostró el cuchillo, diciendo que cual era mi problema”.

DIVERSIDAD DE VENDEDORES AMBULANTES
Maria Cabrera vende helados en la Ave. Roosevelt desde hace dieciocho años, ella dice: “Soy vendedora ambulante, sé y comprendo que todos tenemos derechos a trabajar y a ganarnos la vida, pero uno en esta ciudad tiene que hacer las cosas bien. Yo tengo y pago por los permisos respectivos, pago de acuerdo a lo que declaro en mis impuestos, porque pago impuestos, no solo locales, además federales. Cada tres meses pago ciento cuarenta dólares. Además pago por el permiso como vendedora ambulante, que no es mio, es rentado, temporal, del primero de abril al treinta y uno de octubre, que son solo siete meses, pago seis mil dólares. Pero llega la gente, pone una mesa, vende lo que quieren y encima son groseros, a los vendedores que llevamos más tiempo nos gritan, nos insultan, nos ofenden. No tienen permiso, ni pagan por el derecho de vender en la calle, como lo hacemos muchos de los que estamos aquí, por eso, porque tenemos los permisos, la policía no nos molesta, porque hacemos las cosas de acuerdo a las leyes de la ciudad.”

Los vendedores, con ayuda de la agrupación Street Vendor Project, que organiza ferias y les asesora legalmente, se encuentran protestando en el lugar donde por varios meses se instalaron para vender todo tipo de mercadería. Muchos de ellos se encuentran recolectando firmas de apoyo, buscan un diálogo con las autoridades, que les permitan terminar el año en ese lugar.
Los vendedores ambulantes en la Plaza Corona, que se encuentran protestando para retornar, por su parte dicen: “Nosotros también pagamos impuestos, no se trata de que no queremos trabajar con permiso, es que no hay más permisos disponibles que nosotros podamos comprar, eso no depende de nosotros, si no de las autoridades”. Entre este grupo de vendedores nos dicen: “Las autoridades dicen que quieren mejorar la seguridad del barrio y por qué no sacan a los que venden droga y tampoco cierran tanto negocio de prostitución que hay sobre Roosevelt. Aquí debe entrar en acción la DEA.”

Además indican que los desalojaron pero que no les dieron ninguna opción a donde ir a vender sus cosas. Entre ellos un simpático poblano nos dice: “Yo he vendido botanas (golosinas callejeras) desde hace dos años y medio y nunca tuve problema. Realmente no era competencia para ningún negocio establecido, vendía algo que mi familia me enviaba directamente desde mi país, ahora no se que hacer, por eso estoy aquí, pidiendo que nos permitan continuar trabajando honradamente.”
VIOLENCIA Y DROGAS
A pasos de Junction Blvd. en medio de las ventas ambulantes se encuentra la oficina del Comité Cívico Ecuatoriano, cuyo principal, Oswaldo Guzman nos dijo: “Es algo increíble, el otro día en una disputa frente a nuestra oficina se apuñalaron entre dos personas, llegó la policía. Se escucha no solo que venden documentos fraudulentos, además la venta de drogas. Yo aquí les presto el baño a los vendedores ambulantes, comprendo que la gente tiene necesidad y tiene el derecho a ganarse la vida, pero debe haber un orden, alguien tiene que hacer algo, porque en medio de todo el peligro es evidente”.

Las reglas de funcionamiento de la Plaza Corona se encuentra a la vista de todos, sin embargo la falta de atención a los rótulos, el poco interés en la lectura, la necesidad de sobrevivencia, la falta de conocimiento sobre las regulaciones, la importación del estilo de vida y funcionamiento de países en vías de desarrollo a Estados Unidos, hacen de los vendedores ambulantes no solo un elemento de descomposición de las comunidades, además los hace vulnerables y peor aún, manipulables.
Las autoridades, conjuntamente con las comunidades, deben buscar una solución definitiva, a un problema que afecta a un sector popular de Nueva York, en donde la desesperación por la sobrevivencia, está generando un sinnúmero de problemas socio-económicos.





























