EDITORIAL

Estudios especializados sobre los vendedores ambulantes en países en vías de desarrollo han demostrado que se encuentran expuestos a innumerables factores que a largo plazo afectan su salud física y mental.

Algo debe estar claro, la presencia masiva de vendedores ambulantes demuestra que una comunidad, barrio o país se encuentra en condiciones precarias, donde no existen garantías de crecimiento ni progreso. La presencia numerosa de vendedores ambulantes es propia de países en vías de desarrollo o para dejar los eufemismos, de países tercermundistas.

Los vendedores ambulantes son un rezago de los inicios de la industria de ventas de épocas ya superadas por la civilización, sin embargo su presencia al evocarlas trae nostalgia y un aspecto de identidad a las ciudades y pueblos alrededor del mundo.

Como documentan los archivos de la ciudad, los vendedores ambulantes han sido parte del paisaje neoyorquino desde el arribo de los primeros inmigrantes europeos, que en barrios populares han puesto a disposición una serie de servicios y productos, originarios de los lugares desde donde han emigrado. En la ciudad de Nueva York y a lo largo de su historia, los vendedores ambulantes han sido además una alternativa de fuentes de empleo en tiempos de crisis, igualmente han sido parte del proceso de sobrevivencia y de incorporación de los nuevos inmigrantes al sistema productivo.

Pero el mantener a grandes cantidades de vendedores ambulantes, sin regulaciones, dando paso al desarrollo de pequeñas mafias que han comenzado a monopolizar el uso de espacios públicos y que quieren a las buenas o a las malas hacer lo que desean, por encima de las leyes establecidas por la ciudad, es algo que no corresponde en una ciudad y en un sistema en donde se promueve el progreso individual como garantía del progreso colectivo.

Es comprensible que cuando los nuevos inmigrantes llegan a la llamada Capital del Mundo, busquen formas de sobrevivir y entre ellas las ventas ambulantes sean de las mejores opciones. Sin embargo, que permanezcan en este estilo de vida es algo preocupante, porque significa que existe un empantanamiento del talento, de la fuerza laboral y de los capitales.

Lo ideal en una ciudad poderosa, desarrollada, a donde la gente emigra para progresar, es que las ventas ambulantes o ventas callejeras, sean el inicio de negocios y emprendimientos que se fortalezcan y crezcan, es decir que si hoy se instala un carrito de helados, en un ano se instale un camión, en dos años se abra un local pequeño, posteriormente una cadena, tal cual lo han hecho varios prósperos empresarios, para muestra la famosa Fanny Gerson, que comenzó vendiendo paletas en un carrito ambulante y ahora es propietaria de una marca propia, con varios locales y se encuentra en lugares emblemáticos de la ciudad.

Ejemplos hay una lista innumerable. Esa es la perspectiva que deben tener los vendedores ambulantes, no de terminar sus días en las calles, pasando fríos y calores extremos, inhalando el monóxido de carbono de los autos y los gases de los basureros. Las enfermedades que estos trabajadores desarrollan con el paso de los años son múltiples e incluyen desde enfermedades respiratorias, circulatorias, hasta obesidad y depresión.

Defender a los vendedores callejeros significa crear condiciones para que prosperen económicamente, que no se queden vendiendo en las calles, sino que tengan acceso a préstamos para crecer como emprendimientos, como pequeños negocios. No se trata de quitarlos o volverlos a colocar en un lugar determinado, si no de buscar espacios donde ofrecerles un sitio de mayor permanencia y seguridad.

Las comunidades inmigrantes en los barrios populares, tienen el mismo derecho a vivir en condiciones de limpieza, salud emocional, seguridad, respeto y armonía, que las comunidades adineradas. ¿Por qué no se permite el florecimiento de ventas ambulantes en la avenida Madison o en Park Avenue o Hudson Yards? En zonas turísticas es posible, pero qué atractivos turísticos o que impulsos en ese sentido se ha dado a los barrios a lo largo de la Ave. Roosevelt?

La ciudad ha gastado demasiados millones pagando a los propietarios de los hoteles para dar albergue temporal a los refugiados y ¿por qué no ha podido buscar un terreno abandonado o un lugar en donde construir mercados populares para dar una opción de trabajo digno a los cientos de vendedores ambulantes?

Las comunidades como familias y como pequeños empresarios, se encuentran mayoritariamente a favor de la remoción de las ventas ambulantes en la Plaza Corona y quieren mas limpieza, menos ventas ambulantes y mas endurecimiento de las regulaciones.

También es importante que los inmigrantes trabajadores tengan opciones, que reciban ayuda para generar recursos y no se conviertan en carga pública. La desesperacion por sobrevivir ha llevado a muchos inmigrantes a violar permanentemente las regulaciones de la ciudad que despues de la pandemia, permitio el incremento de ventas sin licencia. El estado y la gobernadora deben hacer algo además para incrementar el número de licencias de ventas ambulantes en forma organizada y bien planificada, no pueden continuar amparando a una mafia de renta de permisos que explota a los vendedores ambulantes, es inmoral e inhumano.

Lo último que podría tolerarse es que los vendedores ambulantes sean utilizados con fines politiqueros y demagógicos. No se trata de mantener a una población viviendo en condiciones de tercera para tener adeptos y respaldar agendas extremistas.

Se trata de buscar conseguir y ofrecer ayuda efectiva, real y que promueva su progreso. La Ave. Roosevelt es un mini universo que expresa los complejos problemas de la ciudad, las abismales diferencias y el deterioro de la política como servicio público, en beneficio de la demagogia. Aquí, cuando se encuentre una solución efectiva, se distinguiran los verdaderos líderes.

Lucha por espacios públicos en Roosevelt Ave.

Compartir
[fbcomments]