"Las Penas Saben Nadar" de Aberlardo Estorino, unipersonal por la actriz Olga Bucarelli

LAS PENAS SABEN NADAR

DE ABELARDO ESTORINO

UNIPERSONAL POR LA ACTRIZ DOMINICANA OLGA BUCARELLI,

DIRIGIDA POR ELVIRA TAVERAS

 

Nilda Tapia

 

 

 

Por Nilda M. Tapia
IMPACTO
La actriz dominicana Olga Bucarrelli.
La actriz dominicana Olga Bucarrelli.

Una muestra de gran efectividad actoral nos brindó la actriz dominicana Olga Bucarelli en el monólogo considerado ya clásico en el idioma español, “Las penas saben nadar”, del desaparecido dramaturgo cubano Abelardo Estorino.

Este celebrado evento teatral tuvo lugar en el Comisionado del Gobierno Dominicano en el oeste de la calle 145, en el Alto Manhattan, en el marco del Festival de Monólogos que se efectuara en las últimas semanas de noviembre y la primera semana de diciembre, 2013.

En teatro suceden grandes encuentros.  En este caso, el encuentro es de dos actrices dominicanas, dos mujeres del teatro de Santo Domingo, Olga Bucarelli, la actriz, y a cargo de la vara directriz de este espectáculo, Elvira Taveras,  ambas comprometidas en montar  este clásico monólogo del cubano Abelardo Estorino, ya presentado en Cuba, España y Santo Domingo con gran despliegue y por actrices de gran renombre en todos los casos.

Diríamos que “Las penas saben nadar” parece ser el trampolín donde las actrices que han mostrado gran histrionismo, se consagran y pasan a catalogar como grandes de la escena.  Todas aquellas que han actuado este monólogo, adquieren ese don de prestigio y como quiera, uno las respeta aún sin conocerlas.

Es que “Las penas saben nadar” tiene todos los recursos necesarios para que una actriz dramática se luzca a plenitud.  El monólogo es de una fuerza teatral de tal magnitud, que no tiene desperdicios.

Desde que pisa el escenario, Olga Bucarelli toma el toro por las astas y hace de él su hombre domado.  Su tiempo, sus movimientos corporales, sus manos tan ágiles y expresivas… sus silencios…toda ella es una fuerza teatral que subyuga nuestra vista, nuestro oído, nuestra sutilidad.

Unipersonal basado en todos los obstáculos que deberá vencer una actriz para lograr el reconocimiento, va dedicada también a las personas que necesitan vivr de su talento, que trabajan mucho para lograrlo, todo esto vivido intensamente por la actriz quien lo mismo pone pinceladas de humor que un gran humanismo y profundidad en el texto convertido en vida.
Unipersonal basado en todos los obstáculos que deberá vencer una actriz para lograr el reconocimiento, va dedicada también a las personas que necesitan vivr de su talento, que trabajan mucho para lograrlo, todo esto vivido intensamente por la actriz quien lo mismo pone pinceladas de humor que un gran humanismo y profundidad en el texto convertido en vida.

La Bucarelli luce vehemente coqueta, hembra, pero no deja nunca de comunicarnos su constante afán de fémina que quiere sacarle al monólogo el mejor de los provechos…para ella, como actriz, y para nosotros como espectadores.

Maneja habilidosamente su voz en innumerables gamas de matices…y para cada uno de ellos tiene un mohín en su rostro que esparce expresividad por doquier.

Todo estaría dicho ya, si no hubiésemos captado esa evidencia artística de una buena dirección.  Elvira Taveras, actriz al fin, logra sacarle a Olga Bucarelli toda esa gama de recursos.

La cuida en cada movimiento, en cada mirada, en cada paso que da esta actriz en escena.

La Taveras le dio al monólogo ese dinamismo y un gran acabado que hacen de este espectáculo un regalo de buen teatro.

Felicitamos a la Bucarelli por no prescindir de la labor tan importante de una buena dirección.

Puedo enumerar muchas grandes figuras que luego de triunfar con carreras que las confirman con todo derecho a un pedestal actoral, cuando bajan del mismo para volver a hacer su metier, fracasan lastimosamente al no dejarse dirigir…  Vuelvo y repito, los grandes … cuanto más grandes…deben de cuidar al máximo sus actuaciones sometiéndose a directores con experiencia  en el detalle  y un gran respeto al ejercicio teatral.

Abelardo Estorino  pregona la elección del talento antes que el favoritismo.  Y lo expone a lo largo de este monólogo… La actriz se queja que no la eligen… Es la eterna diva en busca del papel consagratorio que se recorre todas las selecciones de elenco en su entorno teatral.

Siempre la ignoran, eligiendo a una rival que resulta la antítesis de lo que ella representa como actriz.  Y sus quejas van describiendo las grandes desigualdades dentro de la labor teatral, las consabidas frustraciones de los grandes cultores frente a las complejas disyuntivas que tiene todo desenlace en un ambiente donde en el momento de elegir actores para los papeles principales, el aspecto artístico debe necesariamente que ceder al gran peso del mercadeo.

“Las penas saben nadar” es en realidad un compendio abreviado de las rigurosas vicisitudes que pasa todo actor a lo largo de su carrera.

Y por eso es que la actriz (y no faltará algún actor) que tenga la dicha de poder actuar este monólogo se merece un reconocimiento especial.

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