
El esperado estreno de “La caída de Rafael Trujillo”, la obra de la prolífica y talentosa Carmen Rivera que explora la etapa final del férreo dictador dominicano ajusticiado en 1961, se produjo hace poco en el Teatro Círculo bajo la dirección de Cándido Tirado, y a pesar de que el papel titular fue confiado a José Cheo Oliveras, quien brindó una convincente actuación como el autoproclamado presidente anticomunista, en términos generales la producción sufrió de lo que en el argot artístico llaman “miscasting”, es decir la impropia selección actoral.
Ante nada, este cronista está en desventaja para aceptar las actuaciones de algunos de los personajes que integran esta pieza de historia relativamente reciente, ya que tenemos imágenes subjetivas de algunos de ellos, como el Dr. Joaquín Balaguer, el Dr. Jesús de Galíndez y el humorista Paco Escribano, a quienes en algún momento llegamos a conocer personalmente en distintas oportunidades tanto en nuestra natal República Dominicana como en la ciudad de Nueva York, pero queda el hecho de que ninguno de los tres actores seleccionados para esos papeles, aunque de indiscutible talento, se asemeja físicamente ni proyecta con fidelidad al personaje representado.
Particularmente nos referimos a Fermín Suárez, un actor de méritos indiscutibles a quien siempre hemos admirado, que no logró que su Balaguer nos convenciera, así como uno de los tres personajes asignados a Johary Ramos, que claramente no nos dio la talla del legendario Porfirio Rubirosa — y dicho sea de paso, sólo en justificadas ocasiones aprobamos que un actor interprete más de un papel en una puesta escénica.
Pero quizás el detrimento menos aceptable fue el Paco Escribano de la obra, que absolutamente en nada se parecía a su intérprete Marco Antonio Rodríguez, quien con un desparpajo y amaneramiento en grado extremo curiosamente se adueñó de una considerable porción de “La caída de Rafael Trujillo”.
Por otro lado, algo positivo debemos decir de Ed Trucco, que aportó admirable mesura al papel que hizo del diplomático estadounidense; y también reconocer que Iván Camilo mostró capacidad histriónica en el papel de Johnny Abbes, una de las figuras nefastas del sangriento régimen trujillista.
En cuanto al elemento femenino, puede decirse que Adriana Sananes y Eva Cristina Vásquez cumplieron en buena medida como la esposa y la amante del dictador, respectivamente.
En cuanto al trabajo de dramaturgia realizado por Carmen Rivera, corresponde decir que “La caída de Rafael Trujillo” reafirma su reputación como autora escénica de notable talento, puesto ya de evidencia en piezas como “La Gringa”, “La Lupe: Mi Vida, Mi Destino” y “La vida y música de Celia Cruz”.
Cierto es que en esta ocasión no tuvo suerte total con el elenco reunido, pero aún así es mucho lo que de ella podemos esperar en el futuro.



























