

Por Nilda M. Tapia
Pinceladas de un costumbrismo tan efectivo como convincente fue lo logrado en “La Barbería”, una comedia en español que llega tímidamente a un Broadway del New World MultiStages de la Calle 50…pero que penetra al fin la zona de las grandes luces. Por otro lado, es la primera expresión teatral “en español” que llega tan cerca de esta gloriosa vía, con dichos, modismos, cadencias y temática propias del Nueva York hispano, con un desafío que insinúa más lo espontáneo que lo invasivo. El diálogo es de una agilidad espontánea y tajante…más cómico que teatral. La frase cliché abunda, aunque de una contundencia tal que termina arrancando aplausos de aprobación, por eso mismo… por contundente. Nadie se va cabizbajo, toda la concurrencia deja la sala mirándose unos a otros y sonriendo… como no queriendo dejar atrás ese gran momento vivido. Un voto de aprobación al guión de David Maldonado y Ari Manuel Cruz.


El montaje de Raúl Abrego, no pudo ser más realista, pues no le faltó ningún elemento a la típica barbería del Alto Manhattan, con aquellos agregados que la familia va añadiendo para evidenciar los logros de la nueva generación. El elenco fue escogido con el cuidado que Argentina, Brasil y Colombia se toman para elegir a sus jugadores “cracks” para un mundial de fútbol. Y aquí se palpa la mano diestra de un Waddys Jaquez que maneja el ritmo de la comedia con la batuta mágica de un consumado director.

La trilogía tan estelar como cerrada de Manny Pérez, en un consumado y firme barbero en jefe, de Mateo Gómez en el tradicional y afincado barbero mayor tan tierno como exquisito, y de Ruperto Vanderpool en el cliente estrella, sólo puede ser penetrada por el peso teatral de un Modesto Lacén que desde el comienzo hasta el fin se roba la escena como la botellita de sal en la mesa familiar. Destacamos la labor del diestro Ruperto que se gasta tremendas luces como Dominican York, con un dominio corporal de “standup comedian” que se las trae, para luego aparecer en el segundo acto como el policía con la más elocuente espalda teatral que he visto en años.
Sunilda Caraballo representa a la nueva generación segura de su destino y con los pies en la tierra mientras saborea con mucho cuidado las primeras bocanadas del sueño americano. Hasta para moverse entre tantos tigres teatrales se mostró segura y con la fuerza suficiente para traernos los escasos números musicales que vinieron a subrayar el mensaje y a recordar al primer clásico musical que nos representó en Broadway. Iván Camilo le impuso a su personaje donjuanesco una buena dosis de caricatura, un recurso aplaudible para sobresalir entre tanto peso pesado y un excelente recurso para mantener el ritmo de esta ágil comedia. Las fugaces actuaciones de Graciani Miranda, Juan Carlos Díaz y Emme Bonilla se acoplaron estupendamente al excelente ritmo de esta comedia. El final del primer acto fue un excelente logro del impacto teatral que nos mandó a un receso, deseosos de volver para gozar con esa morbosidad propia de la barriada, viendo quien cayó en el atraco. El segundo acto nos nutre ese susodicho morbo que todos tenemos… En suma, La Barbería nos dejó esa gran satisfacción de haber pasado un momento ameno, y de sentirnos más hispanos que nunca.



























