Entrevista a Benjamín Ávila

Benjamín Ávila, realizador de “Infancia clandestina”, la película argentina precandidata a los premios Oscar 2013 como mejor film extranjero y nominada en la categoría “Mejor película Iberoamericana” para los Premios Goya.

Por Karina Borodnikoff

Entrevista al director cinematográfico Benjamín Ávila.

Realizador de “Infancia clandestina”, la película argentina precandidata a los premios Oscar 2013 como mejor film extranjero y nominada en la categoría “Mejor película Iberoamericana” para los Premios Goya.

… Siempre estaba preocupado por el futuro, desde muy chiquito. Sobre lo que iba a hacer y sobre cómo iba a ser mi relación con la humanidad. Por mi formación, por mi historia...

Tal vez, haya sido por aquella época en la que alguna parte de “Infancia clandestina” comenzaba a gestarse y a calar profundo en la temprana preocupación de Benjamín Ávila por el mundo en el que vivía.

Crecí en un ambiente de mucha conciencia social y mucho contexto revolucionario, de mucho debate. Con la idea de pertenecer a un todo, de ser seres sociales y no individuales. Esa concepción es algo muy intrínseco en mi...

Transcurren los últimos años de la década del setenta, época signada por dictaduras, represión y terrorismo de Estado en América Latina. Una familia argentina regresa a su país con la intención de llevar adelante una contraofensiva montonera, como líderes de una célula de resistencia.

Esta sería una breve y poco representativa reseña de una película que, más allá de su calidad, que hace honor al séptimo arte, logra universalizar el relato y superar el marco histórico-temporal. La trama, que se deja ver a través de las pupilas de un niño de 12 años, pone en evidencia la humanidad de los vínculos más profundos, las conflictivas relaciones interpersonales, tan dolorosas, como bellas y necesarias, un acontecer de situaciones locales, universales. Pasión, amor, ideología, más ser que deber.

      Es una película que no te deja sentarte y permanecer en el lugar que tenías antes de mirarla. Es una historia de amor y sobre el amor, en un contexto muy extremo y fuerte, que hace que todas las emociones tengan un valor mucho más poderoso. Tiene que ver con la fe, con eso que se ha perdido para siempre; esa generación maravillosa de las décadas del 60 y 70. Una época irrepetible, que fue eliminada y destruida en todo el mundo.

-          ¿Qué es exactamente lo que se perdió? ¿Qué lugar ocupa la memoria, entonces?

Lo que se perdió es la convicción de una idea, no la memoria. Está desaparecida del mundo la posibilidad de cambiar el mundo. Ahora se puede modificar una pequeña porción, una pequeña realidad. En aquellas épocas estaba la convicción, la fuerte creencia de que una acción podía desembocar en la concreción de cambiar el mundo. Esto era real, era cotidiano y estaban convencidos de que lo estaban logrando. La película expone esta vivencia de estar comprometidos verdaderamente con una causa, todos los días todo el tiempo y no desde tu casa un ratito. (Esta última apreciación hace alusión a la “militancia” virtual).

-          ¿Qué es lo que hace que tu mirada sea tan determinante?

La construcción de la realidad de los medios, su masificación, la apertura de la comunicación, son factores que ya no permiten tener una unilateralidad de discurso. Algo que, por el contrario, sí sucedía en la década del setenta. Hoy, en la masividad, se puede construir y deconstruir discursos, relatos, hacer un 15 M (España) así de rápido (chasquido de dedos). La militancia, en la época en que transcurre “Infancia clandestina”, tiene que ver con esto y con la consideración, la solidaridad, con ponerse en el lugar del otro.

- La película logra trascender un contexto histórico muy fuerte y doloroso…Universaliza…

Es que cuando se habla desde las emociones y no desde un lugar estrictamente político se comunica mucho más, se genera diálogo y eso es algo que yo hago a mucha conciencia. El no limitarse a una bajada de línea ideológica, permite un acercamiento. El logro es generar diálogo, no un debate porque éste se da solo, inevitablemente, sobre todo en las casas. Mucha gente me ha escrito para contarme que chicos adolescentes fueron a verla solos, ya sea por la protagonista, Natalia Oreiro, por la banda de música “Divididos” o porque me escucharon a mi en alguna entrevista. Se sorprendieron mucho con lo que vieron. Regresaron y les propusieron a sus papás o abuelos volver a verla juntos, compartirla y hacer las preguntas sobre lo que necesitaban más información. Cada casa tuvo su propia construcción. Esto es parte de lo que sucede con “Infancia clandestina”, moviliza y llama al diálogo, a comunicarse y hablar de cosas de las que tal vez no se habían conversado antes. También sucedió al revés, abuelos que llevaron a sus nietos a verla. Esa es una de las virtudes de Infancia, reparar más que generar enfrentamientos.

-          ¿Es otra forma de lucha esta manera de hacer cine?

Absolutamente. El diálogo siempre ayuda a la construcción de un todo, es inevitable. Hay determinados conceptos que están buenos renovarlos, modificarlos. En esa época nadie daba la vida por su ideal. Está mal la construcción de pensar que la gente daba la vida por un ideal porque en realidad no lo hacía. Sí vivía la vida por un ideal. Que una de las consecuencias podía ser que los maten, se sabía. Pero nadie hacía las cosas para morir. Era todo lo contrario, se hacían para vivir y mejor. La construcción social está mal discursivamente. Es algo que debería ser modificado. En aquella época, la gente que creía en un ideal y ponía el cuerpo no lo hacia para morir. La pretensión era la de construir una idea y llevarla adelante con convicción, con pasión.  Que los pudieran matar era una de las posibilidades, como también lo era ganar, como también lo era modificar la realidad, el mundo. Pero morir no era el objetivo. Estas son las construcciones que debemos, socialmente, comenzar a decir de otra manera. Porque, de lo contrario, se estigmatiza. También hay que decir que nuestros padres (montoneros, militantes) tampoco eran unos pobres inocentes estudiantes que peleaban por el boleto estudiantil y otras causas. Eran personas muy concientes, muy preparadas, sabían perfectamente lo que querían y tenían una definición política y una manera de cómo querían hacerlo muy claras. Eran gente con una formación descomunal y sabían muy bien lo que estaban haciendo. No fueron unos nenes engañados. Entonces, hay que decir las cosas, construir la historia, desde un lugar real.

-          ¿Decir que fueron chicos engañados es una forma de debilitar ideológicamente?

En los años 80y 90, desde los organismos de derech0s humanos se construyó esta idea porque la sociedad ni siquiera aceptaba que la dictadura había sucedido de esa manera. En Argentina, en particular, no se aceptaba que esto había sido así. Entonces, los organismos de derechos humanos tenían que ponerlos como unos pobres pibes que fueron aniquilados, ya que se creía que era la única manera posible para que la sociedad pudiera repensarse. Sólo parecía viable a partir de esta construcción discursiva. Después, con el enorme trabajo que hicieron las Madres y Abuelas de Plaza de Mayo permitieron que se fuera forzando esta situación, que la sociedad comience a aceptar los hechos y situaciones de una manera más cercana a lo que realmente había sucedido. Recién, en los últimos 10, 12 años, la sociedad comenzó a aceptar que esto es parte de su historia, que en el país se aniquiló gente de manera sistemática, que hubo un genocidio y a partir de eso se comenzó a elaborar otro discurso, el mismo que posibilita que yo pueda decir lo que estoy diciendo, que pueda contar lo que cuento. Quince años atrás, hablar de esto era considerado un terrible error de comunicación con respecto a la historia. La sociedad no estaba preparada para escuchar determinadas cosas. Considero que repensar la historia es un gran logro de la Argentina…

Fotos: Constanza Roncati

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