Después de celebrar nuestra herencia, ¿qué construimos juntos?

01_Diversidad_Comunidad
La diversidad de edades, experiencias y raíces puede convertirse en una fuerza compartida para construir una comunidad más unida.

Durante un mes hemos celebrado nuestras raíces. Hemos hablado de nuestra música, nuestra comida, nuestros artistas, nuestros empresarios, nuestras tradiciones y las historias de quienes llegaron a Estados Unidos buscando una oportunidad. Hemos levantado las banderas de nuestros países y recordado las contribuciones de generaciones de latinos a esta nación.

Pero al llegar a la última semana del Mes de la Herencia Hispana, quizás sea momento de hacernos una pregunta diferente:

¿Qué viene ahora?

Celebrar nuestra historia es importante. Conocerla es indispensable. Pero la herencia no puede limitarse a recordar de dónde venimos. También debe ayudarnos a decidir hacia dónde queremos ir.

Y ese futuro presenta un reto particular para los latinos en Estados Unidos: aprender a convertir nuestra enorme diversidad en una fuerza colectiva sin sacrificar las identidades que nos hacen diferentes.

02_Negocios_Latinos
Apoyar a los negocios latinos fortalece la economía local y puede abrir nuevas oportunidades para trabajadores, familias y emprendedores.

No existe una sola manera de ser latino

Decimos “comunidad latina” como si habláramos de un solo grupo. La realidad es mucho más interesante. Somos mexicanos, puertorriqueños, dominicanos, cubanos, colombianos, ecuatorianos, venezolanos, salvadoreños, guatemaltecos, hondureños, peruanos, argentinos, costarricenses, panameños y personas provenientes de muchas otras naciones.

Somos afro-latinos, indígenas, mestizos y blancos. Algunos nacieron fuera de Estados Unidos y otros pertenecen a familias que llevan generaciones aquí. Algunos hablan español todos los días; otros lo entienden, pero no lo hablan con fluidez. Para muchos jóvenes, el inglés es su primer idioma.

Tenemos comidas diferentes, acentos diferentes, música diferente y hasta palabras distintas para nombrar las mismas cosas. Esa diversidad no debería ser un obstáculo para nuestra unidad. Debería ser una de nuestras mayores fortalezas. Porque unidad no significa uniformidad.

No necesitamos parecernos más entre nosotros para apoyarnos más. Un dominicano no tiene que ser menos dominicano, un mexicano menos mexicano ni un colombiano menos colombiano para reconocer que existen experiencias, aspiraciones y desafíos que compartimos.

Nuestro próximo paso puede ser aprender a sentir orgullo no solamente por nuestra propia bandera, sino también por el éxito de quien lleva otra.

03_Mentorazgo_Jovenes
Una conversación, una orientación o una primera oportunidad profesional pueden ayudar a un joven a encontrar el camino hacia sus metas.

La inclusión también comienza en casa

Con frecuencia hablamos de la necesidad de una mayor inclusión de los latinos en empresas, universidades, medios de comunicación e instituciones estadounidenses. Es una conversación necesaria. Pero también vale la pena mirar hacia adentro.

¿Somos igualmente inclusivos dentro de nuestra propia comunidad?

La experiencia latina no pertenece únicamente a los grupos más numerosos o visibles. También incluye a comunidades pequeñas que pocas veces aparecen en los grandes escenarios, a los afro-latinos, a quienes conservan raíces indígenas, a quienes llegaron recientemente y a quienes nacieron aquí y están tratando de comprender su relación con la cultura de sus padres o abuelos. Incluso el idioma puede convertirse involuntariamente en una barrera.

Un joven que no habla perfectamente español no es menos latino. Tampoco lo es alguien cuya experiencia cultural sea distinta a la nuestra. Si queremos pedir espacios más amplios en la sociedad, también debemos asegurarnos de crear espacios amplios entre nosotros.

Apoyarnos también es una decisión económica

La solidaridad puede expresarse de muchas maneras, y una de las más concretas ocurre todos los días cuando decidimos dónde gastar nuestro dinero. Detrás de un restaurante, una panadería, una empresa de construcción, una agencia, un periódico, una tienda o un pequeño negocio latino puede existir una familia intentando construir un futuro.

Apoyar empresas de nuestra comunidad cuando ofrecen buenos productos y servicios no significa cerrarnos a los demás. Significa comprender que el desarrollo económico también puede comenzar desde abajo.

Cuando una pequeña empresa crece, puede contratar empleados. Cuando un profesional prospera, puede abrir oportunidades para otros. Cuando un empresario adquiere experiencia, puede compartirla con alguien que apenas comienza. Pero ese apoyo debe ir más allá de comprar.

Los empresarios con experiencia pueden orientar a nuevos emprendedores. Los profesionales pueden recomendar a otros profesionales. Las organizaciones pueden compartir contactos. Las empresas establecidas pueden buscar proveedores pequeños que todavía necesitan una primera oportunidad.

Una comunidad económicamente fuerte se construye creando cadenas de oportunidades.

Abrir una puerta y mantenerla abierta

Hay otra forma de apoyo que cuesta muy poco y puede cambiar una vida: el mentorazgo. Muchos jóvenes cuentan con talento y ambición, pero no necesariamente con contactos. Puede que sean los primeros de su familia que quieren convertirse en médicos, abogados, ingenieros, periodistas, empresarios o ejecutivos. Sus padres pueden apoyarlos enormemente y, al mismo tiempo, no conocer el camino para entrar en esas profesiones. Ahí puede intervenir alguien que ya recorrió ese camino.

Una conversación, una recomendación, una pasantía o simplemente explicar cómo funciona determinada industria puede representar una ventaja extraordinaria para una persona joven.

El verdadero éxito comunitario no consiste solamente en atravesar una puerta que alguna vez estuvo cerrada. Consiste en mantenerla abierta para quien viene detrás.

04_Colaboracion_Comunitaria
La colaboración entre comunidades crea puentes y transforma pequeñas acciones
cotidianas en apoyo concreto para quienes lo necesitan.

Información que se convierte en oportunidad

También necesitamos compartir mejor la información. Existen familias que desconocen oportunidades de becas, programas educativos, capacitación laboral o recursos para emprendedores. Hay pequeños empresarios que necesitan comprender mejor el crédito, los impuestos, la tecnología o las herramientas disponibles para hacer crecer sus negocios.

Cerrar esas brechas no depende exclusivamente de grandes instituciones. Escuelas, organizaciones comunitarias, cámaras de comercio, iglesias, profesionales y medios de comunicación pueden convertirse en puentes.

Los medios latinos, particularmente, tenemos una responsabilidad que va más allá de informar sobre lo ocurrido. También podemos explicar oportunidades, presentar recursos y conectar a nuestros lectores con información que pueda mejorar sus vidas.

La información tiene mucho más valor cuando llega a quien puede utilizarla.

Menos islas, más puentes

En muchas ciudades existen excelentes organizaciones latinas trabajando por objetivos similares, pero no siempre trabajan juntas. Hay asociaciones empresariales, grupos culturales, organizaciones profesionales, fundaciones, medios y entidades comunitarias realizando esfuerzos importantes dentro de sus propios espacios.

Imaginen lo que podría ocurrir si compartiéramos más.

Más contactos. Más conocimiento. Más oportunidades. Más escenarios. Más colaboración entre nacionalidades y generaciones. No todo tiene que convertirse en una organización nueva. A veces basta con conectar las que ya existen.

También necesitamos construir puentes más allá de nuestra comunidad. La fortaleza latina no depende de aislarnos. Todo lo contrario. Las comunidades afroamericanas, asiáticas, judías, inmigrantes y muchas otras también poseen historias de lucha, adaptación, emprendimiento y preservación cultural. Existen enormes posibilidades cuando comunidades diferentes encuentran objetivos comunes y aprenden unas de otras.

Podemos sentir orgullo de quienes somos y, al mismo tiempo, acercarnos a quienes son diferentes.

05_Liderazgo_Audiovisual
La representación también se construye detrás de las cámaras, donde se escriben
historias, se toman decisiones y se abren puertas a nuevos talentos.

Nuestra fuerza también necesita representación

Una comunidad fuerte también necesita participar en las decisiones que afectan su futuro. Pero reconocer una identidad común no significa asumir que todos los latinos pensamos políticamente igual. Somos demócratas, republicanos, independientes y personas que no se identifican con ningún partido. Tenemos diferentes opiniones sobre economía, inmigración, educación, seguridad, salud y muchos otros asuntos. La unidad, por lo tanto, no significa votar de la misma manera. Significa comprender el valor de participar.

Votar es parte de ello, pero la representación comienza mucho antes de llegar a una elección. También significa participar en juntas escolares, asociaciones de vecinos, organizaciones comunitarias y gobiernos locales; conocer cómo funcionan nuestras instituciones; expresar nuestras necesidades y preparar a nuevas generaciones para ocupar posiciones de liderazgo.

Necesitamos jóvenes que puedan imaginarse no solamente como médicos, empresarios o ingenieros, sino también como concejales, jueces, funcionarios públicos, legisladores y líderes comunitarios.

Una comunidad políticamente madura no necesita una sola voz. Necesita muchas voces latinas en los lugares donde se toman decisiones. La verdadera influencia llega cuando nuestra presencia cultural, social y económica también encuentra espacio dentro de las instituciones públicas del país.

No basta con aparecer en la pantalla

El mismo desafío existe en el cine, la televisión y muchas otras industrias. Durante años hemos hablado de la necesidad de ver más rostros latinos en las pantallas. Eso importa.

Cuando un niño puede verse reflejado como médico, científica, empresario, héroe o protagonista de una historia, también se amplía su percepción de lo que puede llegar a ser. Pero la inclusión no termina frente a la cámara.

Importa quién escribe el guion. Quién dirige. Quién produce. Quién financia una película. Quién dirige un estudio. Quién decide qué historias merecen ser contadas. Y lo mismo sucede fuera de Hollywood.

Necesitamos mayor presencia en tecnología, finanzas, ciencia, medios de comunicación, educación, grandes empresas y en los puestos ejecutivos desde donde se toman decisiones.

La representación verdadera no consiste únicamente en ser invitados a participar. También significa llegar a posiciones desde las cuales podamos crear, dirigir, contratar, invertir y abrir oportunidades para otros.

Además, necesitamos historias que reflejen toda la amplitud de nuestra comunidad: el empresario y el trabajador, la médica y el artista, la familia recién llegada y la que lleva cuatro generaciones en Estados Unidos, el joven del Bronx y la científica trabajando en un laboratorio. No queremos simplemente estar presentes.

Queremos que nuestra complejidad también esté presente. La pregunta, entonces, deja de ser solamente: “¿Nos están representando?”
También debemos preguntarnos:

“¿Estamos en la mesa donde se decide cómo seremos representados?”

De la celebración a la participación

Durante el Mes de la Herencia Hispana vemos festivales, conciertos, desfiles, exposiciones y celebraciones llenas de banderas. Todo eso importa.

La comida que heredamos, las canciones que conocemos desde niños y las tradiciones familiares son formas de mantener viva nuestra identidad. Pero quizás el siguiente capítulo consista en transformar parte de ese orgullo en participación.

Ser voluntario. Orientar a un joven. Comprar alguna vez en un negocio local. Compartir una oportunidad laboral. Recomendar a un profesional. Participar en una organización comunitaria. Ayudar a alguien que acaba de llegar al país. Enseñar a nuestros hijos de dónde vienen. Escuchar las historias de latinos procedentes de lugares distintos al nuestro. Y también participar en los espacios donde todavía somos pocos. Ninguna de estas acciones parece revolucionaria. Precisamente por eso son posibles.

Una comunidad no se construye solamente mediante grandes discursos. Se construye a través de miles de pequeñas decisiones tomadas todos los días.

La próxima generación

Quizás dentro de algunas décadas nuestros hijos y nietos celebren nuevamente el Mes de la Herencia Hispana. Mirarán fotografías antiguas, escucharán nuestra música y conocerán las historias de quienes emigraron, trabajaron, emprendieron y formaron familias. Nosotros seremos entonces parte de la herencia que ellos recuerden.

Por eso, al terminar otro Mes de la Herencia Hispana, vale la pena comprender que la herencia no es solamente aquello que recibimos de quienes vinieron antes. También es aquello que dejamos a quienes vienen después.

Podemos dejarles nuestras recetas, nuestra música, nuestras tradiciones y nuestras banderas. Pero podemos dejarles algo todavía más poderoso: una comunidad que aprendió que sus diferencias no tenían que dividirla.

Una comunidad donde el éxito de uno pudiera convertirse en oportunidad para otro. Donde quienes lograron avanzar regresaran para extender una mano. Donde hubiera latinos creando empresas, contando nuestras historias, dirigiendo instituciones y participando en las decisiones que afectan nuestras vidas. Y donde ninguna nacionalidad tuviera que perder su identidad para sentirse parte de algo mayor.

Somos muchas historias, muchos países y muchas culturas.
Nuestro próximo capítulo todavía está por escribirse.
Y quizás la mejor manera de escribirlo sea juntos.

La herencia que vamos a dejar

Compartir
[fbcomments]