¿Pajaritos preñados?

A pocas semanas de las elecciones de mitad de período en Estados Unidos, hay quienes imaginan que las consecuencias inmediatas de los resultados serán positivas para la vida de los venezolanos. ¡Qué equivocados están!

Todo augura una derrota aplastante para el partido del presidente Donald Trump y, por lo mismo, la pérdida de su mayoría en el Congreso. Pero eso es una cosa y otra el funcionamiento de las instituciones de la gran potencia, a raíz de lo cual no habrá modificación alguna en el Ejecutivo porque el presidente seguirá siendo Trump.

Trump tiene la opción de gobernar mediante órdenes ejecutivas, lo que en lenguaje venezolano denominamos decretos presidenciales, tal como hizo Barak Obama cuando el Partido Demócrata perdió la mayoría en el Congreso. Pero claro, habrá cosas de grueso calibre en las cuales el Congreso hará valer su capacidad legislativa y de control administrativo, pero nada hace pensar que Trump se verá obligado a sacar a los chavistas del poder en Venezuela.

Eso ocurrirá solo cuándo y cómo él lo decida. La estabilidad del presidente en el cargo pudiera verse en riesgo en la eventualidad de que el Parlamento encontrara razones para someterlo a juicio político y deponerlo, pero por ahora nada de eso pareciera estar en el panorama.

Algo importante frente a los excesos trumpistas es que la oposición venezolana se limita a demandar la celebración de elecciones inmediatas, sin tocar con el pétalo de una rosa algo de fondo: el problema de la soberanía nacional, los contratos petroleros írritos suscritos por los gobiernos de los hermanos Rodríguez y de Trump y el manejo directo de los ingresos provenientes por tales conceptos.

En las épocas de líderes venezolanos con formación política y sentido de la majestad del Estado, así como con conocimiento del significado verdadero de democracia, una actitud tan caótica como la actual habría sido impensable. Todos recordamos las luchas que condujeron al fin de las concesiones y a la nacionalización de la industria petrolera, así como a la creación de Petróleos de Venezuela S.A., que llegó a ser una de las empresas más poderosas y rentables del mundo.

Para no alejarme de las premisas iniciales de este artículo, señalo que para los miembros del Partido Demócrata norteamericano no es prioritario obligar a Trump a dar marcha atrás en la apropiación indebida de la riqueza venezolana. El interés de los demócratas es regresar a la Casa Blanca y, en ese sentido. las meteduras de pata de Trump facilitan las cosas para ellos.

En tiempos del presidente Gerald Ford había un dicho conforme al cual lo bueno para Ford era bueno para General Motors y algo así, precisamente, ocurre con lo que representa el caso venezolano para los norteamericanos. Parafraseando aquella conseja ya casi olvidada, tal vez podríamos afirmar que lo bueno para Trump también es bueno para los demócratas.

Por eso, no debemos creer que a Trump o a los demócratas les importan el rescate de la democracia y los derechos humanos de los venezolanos.

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