Colombia despertó el lunes 10 de agosto con una tragedia

Colombia
Un terremoto de magnitud 7,4 sacudió Colombia la mañana del lunes 10 de agosto, provocando una de las mayores tragedias naturales que ha vivido el país en las últimas décadas. El balance preliminar supera los 180 muertos, hay miles de heridos y continúan las búsquedas entre edificios destruidos. A más de 2.000 millas de distancia, la tragedia también golpeó emocionalmente a Nueva York, donde una de las comunidades colombianas más grandes fuera del país se moviliza para ayudar.

A las 7:34 de la mañana, un poderoso terremoto de magnitud 7,4 estremeció gran parte del territorio colombiano. El epicentro fue localizado cerca de San José del Palmar, en el departamento del Chocó, según confirmó la Unidad Nacional para la Gestión del Riesgo de Desastres. El movimiento fue sentido en numerosas regiones del país y sus consecuencias se hicieron evidentes en cuestión de minutos.

Edificios colapsados, viviendas destruidas, carreteras afectadas, hospitales dañados y miles de personas corriendo hacia las calles comenzaron a dibujar la dimensión de la catástrofe. Dos días después, Colombia continúa contando sus muertos mientras los equipos de emergencia trabajan contra el reloj buscando sobrevivientes.

El balance sigue siendo provisional. Para este miércoles, reportes basados en información de las autoridades colombianas situaban en al menos 181 el número de fallecidos y en 2.595 los heridos, mientras centenares de personas continuaban reportadas como desaparecidas.

La cifra puede aumentar conforme los rescatistas logren llegar a comunidades incomunicadas y avancen las operaciones entre los escombros.

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Salvar vidas, la prioridad. Bomberos y personal de emergencia trasladan a una persona herida durante las intensas labores de rescate posteriores al terremoto.

Un terremoto que sacudió buena parte de Colombia

El epicentro estuvo situado en la región occidental del país, cerca de San José del Palmar, Chocó, una población de aproximadamente 4.800 habitantes. Pero los efectos del terremoto se extendieron mucho más allá del epicentro.

Entre las zonas más golpeadas aparecen Pereira, Cali, Manizales y Quibdó, donde se han reportado algunos de los daños más graves y donde los equipos de rescate concentran buena parte de sus esfuerzos.

El movimiento también fue sentido con fuerza en otras regiones y llegó hasta Bogotá, aunque la capital colombiana evitó los niveles de destrucción registrados en el occidente del país.

Una de las características del terremoto fue su profundidad. El movimiento se produjo a considerable profundidad bajo la superficie terrestre, un factor que permitió que la energía sísmica pudiera sentirse a grandes distancias. Expertos señalan que esa profundidad también pudo haber evitado una destrucción todavía mayor cerca del epicentro.

El Servicio Geológico Colombiano ha continuado registrando réplicas después del terremoto principal. Para este miércoles ya se habían contabilizado alrededor de 130 réplicas, algunas de magnitud de hasta 4,8, manteniendo en alerta tanto a la población como a los rescatistas que trabajan dentro y alrededor de estructuras dañadas.

Al menos 240 muertos en cuatro regiones de Colombia por el terremoto
Devastador terremoto deja muerte y destrucción mientras miles de colombianos en
Nueva York viven horas de angustia.

Una carrera contra el tiempo

Las primeras 72 horas después de un terremoto son consideradas fundamentales para localizar personas que hayan quedado atrapadas con vida.

Por eso, en diferentes ciudades colombianas, bomberos, policías, soldados, miembros de la Defensa Civil, personal médico, voluntarios y ciudadanos han trabajado prácticamente sin descanso.

En Pereira, una de las ciudades más afectadas, las imágenes de rescatistas excavando entre enormes cantidades de concreto se convirtieron en uno de los símbolos de la tragedia.

En medio de la devastación también surgieron historias de esperanza. Una mujer identificada como Daniela Largo fue rescatada con vida en Pereira después de una operación que se prolongó aproximadamente 12 horas, según reportó AP. Casos como el suyo mantienen viva la esperanza de familiares que todavía esperan noticias de sus seres queridos.

Sin embargo, las réplicas, los daños en las comunicaciones y las dificultades para acceder a algunas zonas están complicando las labores. Las autoridades han advertido que todavía no existe una imagen definitiva de la magnitud de la catástrofe.

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Rescate entre los escombros. Equipos de emergencia y voluntarios trabajan entre los restos de una edificación colapsada tras el fuerte terremoto que sacudió Colombia.

Miles de viviendas afectadas

La destrucción material también es considerable. Reportes preliminares señalan que cerca de 5.000 viviendas han sufrido algún tipo de daño, además de decenas de edificios colapsados y cientos de residencias destruidas. También se han registrado daños en carreteras y cierres de aeropuertos.

En Cali, uno de los episodios más graves ocurrió en un hospital donde el colapso de varios pisos dejó personas atrapadas y obligó a trasladar parte de la atención médica hacia el exterior.

Alrededor de 600 personas tuvieron que ser atendidas fuera de las instalaciones. Los cortes de electricidad, agua y comunicaciones agravaron la emergencia en distintas localidades. La tragedia también pone a prueba la capacidad del nuevo gobierno colombiano para coordinar una respuesta nacional de enormes dimensiones.

El gobierno declaró el estado de calamidad pública y estableció mecanismos de coordinación para concentrar los esfuerzos de rescate, asistencia humanitaria y reconstrucción.

Al mismo tiempo comenzó a llegar ayuda internacional. Estados Unidos anunció más de 15 millones de dólares para apoyar refugios de emergencia, alimentación y otras necesidades humanitarias, mientras países latinoamericanos preparaban equipos especializados y suministros.

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Una ciudad golpeada. Calles cubiertas de escombros y fachadas severamente dañadas muestran la fuerza del terremoto y la magnitud de la tarea de recuperación.

La tragedia cruza fronteras

Pero el terremoto colombiano no solamente se está viviendo en Colombia. En Nueva York, miles de colombianos pasaron las primeras horas después del desastre pegados al teléfono, enviando mensajes por WhatsApp, realizando llamadas y buscando desesperadamente información sobre familiares.

La región metropolitana de Nueva York alberga una de las mayores concentraciones de colombianos en Estados Unidos. En vecindarios de Queens como Jackson Heights, Elmhurst, Corona, Woodside y Astoria, la preocupación se hizo visible prácticamente desde las primeras horas después del terremoto.

Algunos colombianos lograron comunicarse rápidamente con sus familias. Otros tuvieron que esperar. Y para algunos, las noticias fueron devastadoras.

En Jackson Heights, residentes entrevistados por medios locales describieron la ansiedad de intentar conocer la situación de familiares y amigos. Una residente, Loni Cerna, relató que logró confirmar que su hijo, estudiante universitario en Cali, estaba a salvo, aunque partes de su campus habían resultado seriamente dañadas.

Es una experiencia que se ha repetido en cientos, posiblemente miles, de hogares colombianos del área de Nueva York. Para ellos, la distancia hace todavía más difícil la tragedia: saber que familiares están en una zona afectada mientras ellos se encuentran a miles de kilómetros sin posibilidad inmediata de llegar.

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Lo que queda de un hogar. Un hombre permanece sentado entre las paredes destruidas de una vivienda, una imagen que refleja el impacto humano de una tragedia que dejó a numerosas familias frente a enormes pérdidas.

Queens comienza a movilizarse

Pero la angustia rápidamente comenzó a convertirse en solidaridad. En Woodside, Queens, negocios y organizaciones de la comunidad empezaron a organizar centros de recolección de ayuda. Banderas colombianas aparecieron en establecimientos y comenzaron a acumularse cajas con donaciones.

John Londono, uno de los organizadores entrevistados por Spectrum News NY1, explicó que miembros de la comunidad comenzaron a comunicarse entre sí casi inmediatamente después de conocer la magnitud de la tragedia.

La información que recibían desde Colombia indicaba una necesidad urgente de materiales de primeros auxilios, tiendas de campaña, guantes, mascarillas y otros suministros necesarios para trabajar entre los escombros. En Astoria ocurrió algo similar.

Miembros de la comunidad colombiana comenzaron a intercambiar información sobre organizaciones confiables y posibles mecanismos para enviar ayuda a Colombia. La preocupación no era solamente recaudar dinero y suministros, sino asegurarse de que la ayuda realmente llegara a las víctimas.

Organizaciones de Nueva York también comenzaron campañas para recolectar fondos y víveres destinados a las zonas afectadas. Para una comunidad acostumbrada a celebrar públicamente su identidad —con restaurantes, comercios, festivales y banderas colombianas visibles en muchas calles de Queens— esta vez los colores amarillo, azul y rojo adquirieron otro significado.

Algunos restaurantes colombianos incluso colocaron sus banderas a media asta como señal de luto y solidaridad.

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Horas de incertidumbre. Un rescatista descansa junto a una estructura colapsada mientras continúan las operaciones de búsqueda entre toneladas de concreto y escombros.

Nueva York expresa su solidaridad

La tragedia también provocó una reacción inmediata de las autoridades de la ciudad. El alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, expresó públicamente su solidaridad con la comunidad colombiana y especialmente con quienes habían perdido familiares o permanecían esperando noticias.

El alcalde aseguró a los neoyorquinos afectados por la tragedia que la ciudad estaría pendiente de sus necesidades y anunció que su administración divulgaría información y recursos oficiales a medida que estuvieran disponibles.

El mensaje tiene un significado especial en una ciudad donde Colombia forma parte esencial de la identidad inmigrante. Durante décadas, miles de colombianos han convertido sectores de Queens en una extensión cultural de ciudades como Bogotá, Medellín, Cali, Pereira, Armenia y Manizales.

Por eso muchos de los lugares golpeados directamente por el terremoto tienen una conexión familiar inmediata con Nueva York. Cuando una vivienda cae en Pereira, puede haber una hija en Queens esperando una llamada.

Cuando una familia busca a un desaparecido en Cali, puede haber un hermano en Jackson Heights intentando conseguir información. Y cuando una comunidad colombiana necesita ayuda a miles de kilómetros de distancia, Nueva York responde.

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Una búsqueda contrarreloj. Rescatistas recorren cuidadosamente los restos de un edificio destruido mientras avanzan los esfuerzos para localizar posibles sobrevivientes.

Colombia todavía busca sobrevivientes

Mientras comienza la movilización internacional, dentro de Colombia la prioridad continúa siendo una sola: encontrar personas con vida.
Las próximas horas serán decisivas.

Los rescatistas continúan removiendo concreto, metal y escombros mientras familiares permanecen cerca de las zonas destruidas esperando escuchar un nombre, recibir una llamada o presenciar un rescate.

Al mismo tiempo, las autoridades intentan determinar cuántas viviendas deberán ser demolidas, cuántas familias quedaron sin hogar y cuánto costará reconstruir las ciudades y comunidades afectadas.

La dimensión definitiva del desastre probablemente tardará días, e incluso semanas, en conocerse. Colombia es un país acostumbrado a los terremotos. Su ubicación geográfica, en una compleja región donde interactúan importantes placas tectónicas, lo convierte en un territorio de considerable actividad sísmica.

Pero estar acostumbrado a los temblores nunca significa estar preparado emocionalmente para escenas como las de esta semana. Más de 180 vidas ya se han perdido según el balance oficial disponible mientras se preparaba esta edición. Miles de personas están heridas. Familias enteras han perdido sus viviendas y muchas otras siguen esperando noticias de desaparecidos.

Y mientras Colombia continúa excavando entre los escombros, otra parte del país observa desde Nueva York. Desde Jackson Heights hasta Woodside, desde Corona hasta Astoria, miles de colombianos viven la tragedia a la distancia, llaman a sus familias y comienzan a llenar cajas con suministros. El terremoto ocurrió en Colombia.

Pero para una ciudad con una comunidad colombiana tan grande como Nueva York, la tragedia también se siente aquí.

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El peso de la tragedia. Frente a una enorme estructura colapsada, un trabajador contempla la devastación durante una pausa en las labores de emergencia.

Hoy Colombia necesita de todos nosotros

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