Semblanza conocida de Colombia está de vuelta

Los colombianos acudieron a las urnas y eligieron a un nuevo líder. Abelardo de la Espriella asumió la Presidencia de la República el viernes 7 de agosto. Su llegada representa un cambio significativo en la orientación política del país después de cuatro años de izquierda de Gustavo Petro.

A pesar de ser un recién llegado a la política electoral nacional, De la Espriella logró imponerse en una contienda presidencial muy reñida y asumió el liderazgo de un país profundamente polarizado.

En los primeros días de su administración ya comenzaron a conocerse las líneas que marcarán su gobierno. Uno de los principales cambios se encuentra en la política de seguridad y en la relación del Estado con los grupos al margen de la ley.

El nuevo gobierno ha optado por una estrategia de mayor confrontación militar contra organizaciones armadas, quienes han mantenido presencia en diferentes regiones del país, particularmente en departamentos de Arauca, Norte de Santander, Cauca, Nariño, Chocó, Valle del Cauca y Putumayo.

Esta política supone un cambio sustancial frente a la estrategia desarrollada durante el gobierno de Gustavo Petro, quien buscó establecer negociaciones y acercamientos con organizaciones armadas en el marco de su política de “paz total”. El gobierno de De la Espriella, por el contrario, parece apostar por una política de mayor presión militar y de fortalecimiento de la capacidad ofensiva del Estado.

En materia de política exterior, el cambio también resulta evidente. Como lo había anunciado durante la campaña, De la Espriella ha mostrado una clara disposición a fortalecer la alianza de Colombia con el gobierno de Donald Trump de Estados Unidos.

Hoy, Colombia ya toma parte de grupo denominado “Escudo de las Américas”, una iniciativa promovida por Trump para fortalecer la cooperación regional de los países de derecha.

Este acercamiento puede interpretarse como un nuevo alineamiento estratégico de Colombia con sectores conservadores de América Latina. En el terreno económico, el cambio podría ser igualmente profundo. Mientras los gobiernos de izquierda latinoamericanos suelen defender una mayor participación del Estado en la economía, los gobiernos de derecha tienden a confiar en mayor medida en la iniciativa privada y en la apertura económica como motores del crecimiento.

En consecuencia, es previsible que el gobierno de De la Espriella busque impulsar políticas relacionadas con la disciplina fiscal, el control del gasto público, reducción del aparato estatal, una mayor participación del sector privado, procesos de privatización y apertura de mercados.

Estas políticas ya se experimentaron en Colombia. De la Espriella piensa que es la única manera de salir avante, pero la experiencia nos dice que ese no es el camino.

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