Aldo Bravo, el cálido testimonio de vivir bajo cero

La temperatura promedio durante el invierno en Anchorage, donde el Ing. Aldo Bravo residió durante siete años, es de dieciocho grados Fahrenheit, un equivalente de ocho grados centígrados.

La temperatura promedio durante el invierno en Anchorage, donde el Ing. Aldo Bravo residió durante siete años, es de dieciocho grados Fahrenheit, un equivalente de ocho grados centígrados.

El Ing. Aldo Bravo emigró de su natal Ecuador a Nueva York en 1958 y después de obtener su título profesional en Cooper Union, construyó una prestigiosa carrera profesional, participando en proyectos multimillonarios de las más importantes empresas constructoras de Estados Unidos, entre ellos el que construyó el oleoducto en Alaska.

En 1975 el Ing. Bravo estaba radicado en Denver, Colorado, cuando recibió una invitación de la empresa Tectonics, Inc. para realizar una consultoría sobre el oleoducto de Alaska, que estaba a punto de iniciar su construcción. Sobre esto recuerda con emoción: “Era una oportunidad que no podía dejar pasar y acepté ser socio de la empresa de ingeniería, que también tenía gran posibilidad de expandir sus servicios de consultoría en el ramo de ingeniería mecánica, mi especialidad.”

El Ing. Bravo fue socio, vicepresidente y jefe de Diseño Mecánico de Tectonics, Inc., la firma de ingenieros consultores en Anchorage, encargada de diseñar los sistemas mecánicos para aplicaciones comerciales, industriales, institucionales y residenciales, además de realizar las ventas y marketing, presentaciones a clientes, propuestas y estudios de factibilidad.

La construcción del oleoducto concluyó en 1977, pero el Ing. Bravo, quien llegó a Anchorage, Alaska como socio de Tectonics, permaneció ahí hasta 1982, cuando retornó a Nueva York para radicarse definitivamente en Long Island. Desde entonces ha retornado a Alaska en varias ocasiones, entre otras cosas para visitar a su hijo Aldo Jr., quien después de graduarse de la secundaria en Anchorage, decidió permanecer en Alaska cuando el resto de la familia regresó a Nueva York.

El oleoducto de Alaska se encuentra actualmente operando, extrae crudo del norte de Alaska y lo entrega al Puerto de Valdez, al sur de Alaska. Actualmente Aldo Bravo Jr. tiene una hija y dos hijos, todos profesionales, nacidos en Alaska.

El Ing. Bravo además de ser un prestigioso profesional y exitoso empresario, es miembro de varias organizaciones profesionales como AHAE, ASME, NSPE, CSI Tau Beta Pi y Pi Tau Sigma. Ha participado en el servicio comunitario, presidiendo el directorio y asesorando a notables agrupaciones comunitarias de la ciudad de Nueva York.

Mientras temperaturas gélidas han congelado a Nueva York estos días, fue interesante entrevistar a un latino notable, quien con su testimonio de vivir con temperaturas bajo cero es algo cotidiano, nos demuestra que ni el clima, ni las condiciones naturales, son un límite para desarrollar el talento, para luchar, estudiar, trabajar y crecer, no solo como indivíduos, sino como familia y comunidad.

 

¿Qué fue lo que más le impactó de llegar, conocer y vivir en Alaska?

- Lo más impactante de Alaska es la belleza de su paisaje. Observas preciosos nevados por un lado de la carretera y por el otro, un río donde los peces saltan de vez en cuando.

 

¿Cuán difícil es adaptarse mental y físicamente a una zona con temperaturas frías permanentes, durante la mayor parte del año, para vivir ahí?

- Yo fui a Alaska con un contrato de poco tiempo, pero una vez que llegaron a Anchorage mis hijos, les gustó mucho el ambiente y las amistades que hicieron en las escuelas y se hizo difícil decidir dejar tanto deleite, al punto que mi corto tiempo se convirtió en siete años, al cabo de los cuales, ninguno quería regresar.

En cuanto a las molestias por las tormentas de nieve y el invierno, las municipalidades y los habitantes están tan acostumbrados al frío, por lo que no prestan mucha atención. En lugares extremos, -como al norte de Alaska-, hay personas que dejan sus vehículos encendidos durante la noche para disminuir el peligro de congelación de los radiadores.

 

¿Qué diferencias notables hay con la llegada provisional de estas temperaturas y condiciones en zonas como Nueva York?

- En Alaska no existe el tráfico que es normal en Nueva York, en su mayor parte, las distancias de manejo son mucho menores y sin mucho tráfico, lo que facilita el transporte. Los inviernos son más intensos en Long Island y a pesar de ello, no se comparan con los inviernos de Alaska, donde la nieve es casi permanente durante toda la temporada invernal.

 

¿Qué dejó Alaska en el Ing. Aldo Bravo?

- Lo más impresionante para mí, de mi experiencia viviendo en Alaska, es el haber tenido el privilegio de compartir mi tiempo con individuos de ética profesional incorruptible.  La mayor parte de la población en Alaska se considera afortunada por tener la oportunidad de percibir salarios altos y hacer sus trabajos y labores honorablemente, sin mucha supervisión o represión.

 

Un mensaje final

- Alaska es el lugar de las oportunidades. Durante las vacaciones de verano, un gran número de profesores de California van a trabajar en Alaska y alcanzan remuneraciones igual a las que obtienen trabajando todo el año en sus lugares de origen. Yo fui muy afortunado de haber tenido esa experiencia y de haber podido compartirla con todos los miembros de mi familia, que gozaron mucho de su estadía en esa preciosa zona de Estados Unidos.

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