Es evidente que con la llegada de la pandemia del COVID-19 a la ciudad de Nueva York, todos hemos sufrido repentinos cambios que se han puesto de relieve mientras los contagios, hospitalizaciones y muertes se incrementaban.

No se trató solo de inminentes duelos, sino también de que miles de personas sufrieron pérdidas de sus ingresos económicos, perdidas de empleo, negocios cerrados, personas desalojadas de sus hogares, además de las consecuencias de la fatiga mental que a lo largo del tiempo persisten en las personas.

Desde el 11 de marzo del 2020 que la Organización Mundial de la Salud declaró oficialmente la pandemia de COVID-19, nuestros cambios abruptos se han vuelto cotidianos y en cierta medida nos hemos visto obligados a adaptarnos.

Retrospectiva de la pandemia en Nueva York

El 1 de marzo de 2020 se presentó el primer caso confirmado de COVID-19 en el estado de Nueva York, se trataba de una trabajadora de la salud de 39 años que vivía en el condado de Manhattan.

Días después, el exgobernador Andrew Cuomo declaró el estado de emergencia en Nueva York, a raíz de que se habían confirmado 89 casos en todo el estado, de los cuales 70 de ellos se localizaron en el condado de Westchester, mientras que 12 casos ya se habían presentado en la ciudad de Nueva York.

Seguido de ese anuncio, el exalcalde Bill de Blasio, para el 12 de marzo siguió el ejemplo del gobernador al declarar estado de emergencia en la ciudad de Nueva York, aludiendo que la pandemia provocaría pérdidas de empleos, cierres masivos, confinamientos e incluso escasez de alimentos. Misma situación que se había vivido en China, país donde se reportó el primer caso de COVID-19 a nivel mundial.

El transporte público como principal fuente de movilidad de las personas con menos recursos en la ciudad de Nueva York se convirtió en uno de los principales focos de contagio debido a la gran cantidad de personas que lo utilizan diariamente, con las consiguientes aglomeraciones. Limitar las probabilidades de contagio era casi imposible por su uso.

La rapidez con la que se propagó el virus fue impresionante, dejando por primera vez a la ciudad de Nueva York en silencio, todos sus hospitales abarrotados, Central Park transformado en hospital rodante, los destellos de las luces de las ambulancias en la entrada de los edificios era un indicador de que una persona contagiada sería trasladada al hospital sin saber si regresaría, lo que provocó que miles de cuerpos fueron apilados en camiones.

Entre las decisiones del alcalde para intentar disminuir los contagios se encontraba evitar que las personas salgan a las calles, recortar las horas del transporte público, cierre de algunos negocios, confinamientos, etc.

Mientras la ciudad de Nueva York elevaba los contagios en su pico más alto de la pandemia, el virus se enfrascó en los más vulnerables, siendo la comunidad latina la mayor afectada en comparación a las otras comunidades étnicas que habitan en la ciudad, según los mismos datos ofrecidos por el Departamento de Salud.

Las decisiones de las autoridades tuvieron un marcado impacto significativo en personas que tenían trabajos en la industria de restaurantes, limpiadoras de casas, asistente de hogar, tiendas minoristas, hoteles, sector turístico, salones de belleza, entre otros trabajos esporádicos.

Este enorme impacto político, económico y social provocado por la pandemia demostró que la ciudad de Nueva York no estaba preparada para una crisis de esa magnitud, en el que las personas con mayores recursos huyeron hacia los suburbios del estado o ciudades como Miami que tenían menos restricciones pandémicas.

Hasta diciembre de 2021 un informe de rastreador de empleos del Banco de la Reserva Federal de Nueva York, indicó que en la ciudad se mantienen unos 350.000 puestos de trabajo por debajo del pico pre pandémico.

Estas cifras representan una pérdida del 9,6% de todos los puestos de trabajo, mientras que la nación está solo un 2,6% por debajo de ese récord, esto se debió en gran parte a que las personas en la ciudad de Nueva York abandonaron la fuerza laboral.

La recuperación de empleos se ha visto retrasada en la ciudad de Nueva York. Estos sectores que en su mayoría los empleos son ocupados por personas de origen latino, se mantiene un 30% por debajo de su pico, la recreación ha bajado un 24% y el comercio minorista un 14%.

La ausencia de personas en la ciudad de Nueva York ha contribuido a la pérdida de más de 100.000 empleos en los restaurantes, bares y hoteles de la ciudad, además de casi 60.000 empleos adicionales en comercio minorista, artes escénicas, entretenimiento y recreación.

La pandemia dejó al descubierto las vulnerabilidades

La pandemia dejó al descubierto las vulnerabilidades, después de que Nueva York se convirtió en el epicentro de la pandemia. Sin embargo, el virus no creó este problema, sino que lo empeoró. Una desigualdad sistémica que ha existido en esta ciudad a lo largo de décadas.

Después de un poco más de dos años al estar confinados, distanciados y obsesionados con la limpieza, los trabajadores esenciales no tuvieron alternativas para protegerse del virus y quienes continuaron trabajando se expusieron a contagios porque sus empresas no proporcionaban equipos de protección personal.

En Queens, por ejemplo, un refugio de inmigrantes de origen latino y donde convergen tantas culturas, las personas que rodeaban el Hospital Elmhurst desde sus ventanas veían pasar las ambulancias, principalmente en los quince días donde Nueva York llegó al pico, sin poder hacer nada porque “se sentían atados de pies y manos”. Decenas de pacientes han abarrotado los pasillos mientras esperaban camas, aterrados, solos y a menudo sin poder comunicarse en inglés.

Varios informes y los mismos datos de los Departamentos del estado y la ciudad revelaron que los latinos se vieron afectados de manera desproporcionada por las infecciones, hospitalizaciones y muertes por COVID-19.

Según los informes en promedio, los vecindarios de la ciudad de Nueva York con las tasas de mortalidad más altas tienen tasas de vacunación más bajas, lo que crea una brecha de vacunación entre los vecindarios con mayor y menor necesidad.

Hay disparidades geográficas en las tasas de mortalidad y las tasas de vacunación de la ciudad de Nueva York en los condados de El Bronx y partes de Queens, Brooklyn y Staten Island tienen tasas de mortalidad altas y tasas de vacunación bajas, mientras que los vecindarios en Manhattan al sur de Harlem (excluyendo Chinatown) y en algunas partes de Brooklyn y Queens más cercanas a Manhattan tienen tasas de mortalidad relativamente más bajas y altas tasas de vacunación.

Las medidas para detener la propagación y COVID-19

Las mascarillas se convirtieron en una de las prendas más cotidianas de uso obligatorio diario de las personas en aviones, autobuses, trenes y otros medios de transporte público que viajan hacia, dentro o fuera de los Estados Unidos.

Se pidió a las personas mantener una distancia de 6 pies para evitar tener contacto cercano con personas que están enfermas, si es posible

Evitar las multitudes y los espacios con poca ventilación, hacerse las pruebas para prevenir la propagación, lavarse las manos con frecuencia, cubrirnos la nariz y la boca al toser y estornudar, nos empecinamos en limpiar y desinfectar los alimentos y superficies, monitorear nuestra salud todos los días, etc.

Otra de las medidas tomadas por las autoridades fue pausar el metro de la ciudad de Nueva York entre la 1 y las 5 de la mañana, afectando nuevamente a los más vulnerables que tuvieron que encontrar nuevas opciones de movilidad, lo que incurre en mayores gastos económicos y desgaste físico.

El sistema de escuelas públicas de la ciudad de Nueva York, el más grande del país, cerró sus puertas, innovando en el nuevo método de clases remotas. Lo que provocó que muchos estudiantes tuvieran retrasos en el aprendizaje, siendo nuevamente los estudiantes latinos de los barrios más pobres los más afectados porque muchos estudiantes no tenían acceso a internet, computadoras o los padres que guiaban a sus hijos experimentaban problemas con el idioma español.

El estado y la ciudad de Nueva York, el lunes 14 de diciembre de 2020, vivieron un día histórico, cuando la enfermera Sandra Lindsay, directora de la Unidad de Cuidados Intensivos del Centro Médico Judío en Queens, se convirtió en la primera persona del país en vacunarse.

Este momento de mucha trascendencia, representó una esperanza, porque esto marcaba el comienzo del fin de una época muy dolorosa en la historia de los Estados Unidos. Para muchos marcó el final del camino, en el que, se está iniciando un nuevo capítulo de una guerra silenciosa que parecía no tener fin, matando a diestra y siniestra a miles de personas, la mayoría de ellas de la comunidad latina.

La reapertura de la ciudad apunta a no cometer los errores del pasado

Con la reapertura de la ciudad y la eliminación de algunas restricciones pandémicas, los expertos aseguran que las autoridades del estado y la ciudad deben establecer prioridades para no cometer los mismos errores del pasado.

Restaurante de origen latino ubicado en Plaza Quisqueya en el Alto Manhattan.

Una publicación de la Oficina de Presupuesto Independiente (IBO) de la ciudad revisó drásticamente sus proyecciones económicas a la baja. El IBO ahora estima que la ciudad agregará solo 175,000 empleos este año y 100,000 en 2023, lo que significa que no recuperará todos los empleos perdidos en la pandemia hasta finales de 2025.

Mientras que las pequeñas empresas en su mayoría dirigidas por latinos e inmigrantes mayoritariamente dirigidas por latinos e inmigrantes a pesar de representar un importante sector económico y después de ser uno de los más afectados con altos índices de desempleo, no se sienten respaldados por las autoridades estatales y locales.

Restaurar la salud económica y los empleos será un desafío imponente para el alcalde en un momento que la ciudad atraviesa diferentes crisis que afectan principalmente a los pequeños negocios de los 5 condados.

Las cifras de desempleo pintan un panorama desalentador para el estado. Y en la ciudad de Nueva York existen varios riesgos que podrían empeorar la economía, entre los más predominantes, una mala dirección de la crisis sanitaria, el ritmo de la inflación y los problemas en la cadena de suministro.

Si bien ya están levantando algunas restricciones pandémicas, el aumento potencial de cualquier nueva variante podría prolongar las restricciones y las cuarentenas, lo que representaría un crecimiento limitado del empleo y la productividad.

Personas originarias de Ecuador celebran su parada en Queens.

Además de los riesgos anteriores, los cambios en el mercado laboral son un riesgo para la economía de Nueva York y, a su vez, para sus ingresos. La recuperación laboral de Nueva York de la pandemia ha sido lenta y hay menos trabajadores en la fuerza laboral.

Después de dos años de turbulencia económica y entrando en un tercer año pandémico, la ciudad de Nueva York, la ciudad de Nueva York todavía cuenta con unos 400.000 puestos de trabajo más que hace una década, según datos del Departamento de Trabajo del Estado. Pero con la población creciendo en más de 600,000 durante este tiempo, la ciudad necesita generar muchos más empleos.

Dos años y 40.000 muertes provocadas por la pandemia en Nueva York, quedan rasgaduras y grietas en el tejido social que no se han reparado y puede que no se reparen por un tiempo.

“Se ha perdido tiempo, definitivamente. Y, sin embargo, las terribles predicciones de una ciudad dañada sin posibilidad de reparación resultaron equivocadas”.

Expertos recomiendan a las autoridades: “Fortalecer los cimientos para el crecimiento futuro, realizar un esfuerzo por capacitar a los trabajadores, apoyar a los nuevos empresarios, ayudar a Nueva York a mantenerse competitivo en una era de trabajo remoto e híbrido, acelerar un repunte del turismo, etc.”.

El alcalde y la gobernadora deben reformar el sistema de desarrollo de la fuerza laboral al ayudar a miles de neoyorquinos a impulsar una recuperación económica equitativa y construir una economía más inclusiva.

Será necesario dentro del nuevo presupuesto estatal realizar las inversiones y los cambios de política necesarios para ayudar a los neoyorquinos a reincorporarse a la fuerza laboral mientras se encarrila a Nueva York hacia la movilidad económica.

Además de las importantes inversiones sobre las iniciativas de desarrollo económico del Estado, la legislatura también debe considerar los costos que hacen que el desarrollo comercial en Nueva York sea costoso y difícil.

También expertos recomiendan revisar los impuestos comerciales e impuestos sobre la renta personal más altos de la nación, además de leyes y reglamentos que aumentan el costo de construir y operar un negocio en el estado que disminuyen la competitividad económica y su capacidad para retener, expandir y atraer negocios y empleos.

Cropped engineer worker using alcohol based hand sanitizer gel for washing hand while working in factory warehouse in face mask. Keeping hand hygiene prevent Coronavirus Covid 19 pandemic virus spread
Compartir
[fbcomments]