
Melissa Mark Viverito, quien se va en dos semanas, probablemente sea recordada porque encabezó la remoción de distintas estatuas que perennizan la esclavitud (incluyendo Cristóbal Colón) y el homenaje que quiso dar a Oscar López Rivera, líder independentista puertorriqueño.
Pero no es lo más importante. Ella se lleva el mérito de ser la primera mujer latina en ser electa presidenta del concejo municipal de la ciudad de Nueva York.
Pero sobre todo, siendo firme defensora no solo de palabras sino con hechos, del multilingüismo y multiculturalidad de la ciudad de Nueva York. Mark-Viverito impuso su determinación, por ejemplo, para balancear el presupuesto en publicidad que antes solo se distribuía a los grandes medios de habla inglesa, pero que casi no tienen acogida en los ‘niches’ minoritarios.
Ella cambió drásticamente eso y le otorgó 32 por ciento del presupuesto de la ciudad para este rubro (un aumento del 302 por ciento en el gasto para medios étnicos Y 156 por ciento para medios comunitarios desde 2013) a docenas de publicaciones étnicas y/o comunitarias.
Si esto es importante, lo fue aún más porque no dejó colgada en el perchero su espíritu -que nunca ha negado- pro sindical. Ella motorizó la lucha por el jornal de $15 la hora y, paralelo, a eso destacó en la defensa de los derechos de los inmigrantes, sean documentados o indocumentados.
Por su iniciativa la ciudad de Nueva York dio un ID a los indocumentados y se logró convertir en Ciudad Santuario. También por ella se impusieron nuevos procedimientos de operatividad en la policía, y se anuló el vicioso sistema de criminalizar -mayormente negros y latinos- por faltas menores. En síntesis, un balance positivo.



























