Hoy Colombia necesita de todos nosotros

EDITORIAL

Las imágenes que llegan desde Colombia son difíciles de mirar. Edificios convertidos en escombros, viviendas destruidas, familias que lo han perdido todo, rescatistas trabajando sin descanso y personas esperando noticias de sus seres queridos. Detrás de cada cifra de esta tragedia existe una historia, una familia y una vida que cambió para siempre en cuestión de segundos.

Un terremoto no distingue entre ricos y pobres, jóvenes y ancianos. Llega sin aviso y, en pocos instantes, puede borrar aquello que tomó décadas construir. Una casa no es solamente paredes y techo. Es el lugar donde crecieron los hijos, donde se celebraron cumpleaños, donde quedaron fotografías, recuerdos y una parte de la historia de una familia.

Perderla significa mucho más que una pérdida económica. Desde Nueva York, la distancia puede hacernos sentir impotentes. Pero no lo somos. La comunidad latina de esta ciudad sabe muy bien lo que significa estar lejos de casa cuando ocurre una tragedia. Muchos hemos vivido ese momento de desesperación frente al teléfono, tratando de comunicarnos con nuestros padres, hermanos, hijos o amigos después de un huracán, un terremoto, una inundación o cualquier otra emergencia en nuestros países.

Hoy son nuestros hermanos colombianos quienes atraviesan ese dolor. Nueva York alberga una enorme y orgullosa comunidad colombiana. Basta caminar por Jackson Heights, Corona, Elmhurst, Woodside y tantos otros vecindarios para entender cuánto ha aportado Colombia a esta ciudad. Sus restaurantes, negocios, profesionales, trabajadores, artistas y familias forman parte inseparable de la historia latina de Nueva York.

Son vecinos, compañeros de trabajo, empresarios, maestros, médicos, trabajadores de la construcción, conductores y padres de los niños que estudian junto a los nuestros. Muchos llegaron a Estados Unidos buscando oportunidades y, como tantos inmigrantes, trabajan cada día mientras mantienen un vínculo profundo con la familia que dejaron atrás.

Por eso, cuando Colombia sufre, una parte de Nueva York también sufre. Pero esta tragedia no debe ser únicamente una preocupación de los colombianos. Debe ser una preocupación de todos nosotros.

La solidaridad latina adquiere verdadero significado precisamente en momentos como este. No importa si nuestras raíces están en México, República Dominicana, Puerto Rico, Ecuador, Perú, Venezuela, Centroamérica o cualquier otro rincón de nuestra América Latina.

Podemos tener diferentes acentos, costumbres y banderas, pero compartimos mucho más de lo que nos separa. Cuando una comunidad atraviesa una tragedia de esta magnitud, las diferencias desaparecen. Hoy somos Colombia.

Desde Impacto Latino hacemos un llamado a nuestra comunidad para apoyar los esfuerzos de ayuda. Quienes puedan contribuir económicamente deben hacerlo a través de organizaciones reconocidas y canales confiables. Quienes puedan donar suministros deben informarse sobre los centros de recolección establecidos en nuestra ciudad y sobre cuáles son realmente los artículos necesarios.

También podemos ayudar compartiendo información verificada y evitando rumores que solamente aumentan la angustia. En momentos de emergencia, la información falsa puede provocar confusión y hasta aprovecharse de la generosidad de quienes desean ayudar. Antes de realizar una donación, debemos asegurarnos de que llegue a organizaciones legítimas y, finalmente, a quienes verdaderamente la necesitan.

No todas las contribuciones tienen que ser grandes. Una caja de suministros, una pequeña donación o unas horas de trabajo voluntario pueden parecer poco frente a una tragedia de esta dimensión. Pero cuando miles de personas aportan un poco, el resultado puede ser extraordinario.

También debemos acompañar a nuestros vecinos colombianos. Preguntarles cómo están. Escucharlos. Ofrecer ayuda. Comprender que detrás de una persona que hoy está trabajando normalmente en un restaurante, una oficina, una construcción o conduciendo por las calles de Nueva York puede existir una familia al otro lado del continente enfrentando una situación desesperada.

A veces, la solidaridad comienza simplemente diciendo: “¿Está bien tu familia? ¿Hay algo en lo que pueda ayudarte?” La emergencia tampoco terminará cuando desaparezcan las imágenes de los noticieros.

Esa es quizás una de las lecciones más importantes que debemos recordar. Durante los primeros días, las tragedias reciben enorme atención. Después, las cámaras se marchan y otras noticias ocupan los titulares. Pero para las víctimas, la tragedia continúa.

Después de los rescates llegará una etapa posiblemente mucho más larga: reconstruir viviendas, recuperar negocios, reparar escuelas y hospitales, atender a los heridos y ayudar a familias que deberán comenzar nuevamente desde cero. Habrá personas que necesitarán apoyo durante meses e incluso años. Será entonces cuando Colombia necesitará que la solidaridad internacional continúe.

Nueva York ha demostrado innumerables veces que puede responder ante el sufrimiento de otros. Nuestra comunidad latina, construida en gran medida por inmigrantes que aprendieron a salir adelante ayudándose unos a otros, conoce particularmente bien el valor de extender una mano.

También sabemos que mañana la tragedia podría ocurrir en cualquiera de nuestros países. Y cuando eso suceda, esperamos que otros también estén dispuestos a acompañarnos. La solidaridad funciona precisamente así: hoy por ti, mañana por mí. Hoy esa mano debe extenderse hacia Colombia.

A las familias que han perdido a alguien, nuestro más profundo pésame. A quienes todavía esperan noticias, nuestra solidaridad y esperanza. A quienes perdieron sus hogares, nuestro compromiso de no olvidarlos. A los heridos, nuestros deseos de recuperación. Y a los bomberos, rescatistas, médicos, policías, voluntarios y ciudadanos que continúan buscando entre los escombros, nuestro reconocimiento y gratitud.

En medio de tanta destrucción también debemos mirar las imágenes de personas ayudándose unas a otras. Porque allí, entre el concreto destruido y el dolor, aparece otra cara de Colombia: la de un pueblo que se organiza, que rescata, que comparte y que se niega a abandonar a los suyos. Esa Colombia también merece ocupar nuestros titulares.

Colombia atraviesa horas profundamente dolorosas. Desde esta ciudad de inmigrantes, desde nuestros hogares, negocios y comunidades, podemos hacer que la distancia entre Nueva York y Colombia parezca un poco menor.

Que desde Nueva York reciba también un mensaje igualmente poderoso: No están solos. Colombia, estamos con ustedes.

Colombia despertó el lunes 10 de agosto con una tragedia

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