ENTREVISTA EXCLUSIVA

El 2021 ha sido un año de mucho movimiento para el prestigioso escritor “guategringo” David Unger, quien desde la infancia emigró con su familia desde Guatemala y radica en Nueva York, donde ha desplegado una fecunda labor como autor, maestro, traductor y activista cultural.

La actividad  literaria de David Unger, ha demostrado que la pandemia, -al igual que otros males que afectan a la humanidad en estos tiempos-, en lugar de reducirla, la ha incentivado.

En septiembre viajó a como escritor y ponente invitado de la Bienal de IV Novela Mario Vargas Llosa realizada en Guadalajara, México, cuyo lema fue: “La literatura, último refugio de la libertad” y en el cual participaron, además del Nobel Mario Vargas Llosa, treinta y un reconocidos autores iberoamericanos contemporáneos.

Además de publicar una decena de libros de su propia autoría y de que sus cuentos han sido incluidos en varias antologías de prestigiosas revistas literarias, ha traducido dieciséis libros del español al inglés, incluyendo tres obras de Rigoberta Menchú, además de otros de varios autores latinoamericanos.

Y mientras el mundo lamentaba el retiro obligado provocado por la pandemia, David Unger seguía produciendo, inició el 2020 publicando en febrero, una traducción de Folktales for Fearless Girls (2020) y en noviembre Sleeping With the Light On (Groundwood Books). En agosto de 2021 publicó  el libro infantil El topo pecoso/Moley Mole, e incluso ya está planificada la publicación en 2022 de su traducción de la obra El Señor Presidente de Miguel Ángel Asturias, Premio Nobel de 1967.

Durante la Bienal de Novela 2021, David Unger fue,- aún cuando él en su humildad no lo reconociera-,voz y representante de los migrantes latinoamericanos en Estados Unidos, al participar en la discusión, Los caminos de la libertad Literatura y migración, en la que compartió su experiencia como inmigrante.

David Unger continúa escribiendo, enseñando, traduciendo y participando en ferias y festivales literarios en Praga, Varsovia, Lima, Estambul, La Paz, Taipéi, Bogotá, Miami, Los Angeles, Guatemala, San Juan y Guadalajara.

A diferencia de otras artes, como las artes visuales, el trabajo de los escritores profesionales, de los literatos en sus diferentes géneros, parecería que se incentivó con la pandemia, ¿cuál es su apreciación y su experiencia personal al respecto?

- Creo que la mayoría de los escritores tenía un proyecto a largo plazo en camino. En mi caso, estuve terminando la traducción al inglés de El señor presidente, de Asturias, para la editorial Penguin Classics y terminando mi libro El topo pecoso/Mole Mole para la editorial Green Seeds Publishing, el cual salió este octubre pasado.

Sin estos proyectos, seguramente habría caído en un estado de depresión. Como la lectura es un acto personal y no social, la venta de libros por internet se incrementó muchísimo, aunque las librerías han sufrido mucho. Creo que estamos saliendo de la pandemia poco a poco.

 

La literatura es un recurso didáctico y pedagógico importante, particularmente para los niños. De acuerdo a estudios especializados, problemas como el de la corrupción solo se pueden comenzar a erradicar trabajando con niños desde su edad temprana. ¿Cómo percibe la producción literaria infantil en Latinoamérica?

- La corrupción es un cáncer que daña toda la sociedad y por supuesto, aún más a los chicos, que tienen menor control de la vida y que han sufrido mucho de las restricciones de movimiento. Sin embargo, la literatura les ofrece la oportunidad de “viajar” y “soñar” sin irse de la casa.

La producción literaria infantil en Latinoamérica anda muy bien: hay editoriales como Tecolote, Petra, Ekaré, Babel, que demuestran no solo su entrega con los patojos, sino también su compromiso con el placer de la lectura.

 

¿Cómo está el nivel de producción literaria en Latinoamérica en este momento?, ¿hay esperanza para la lectura?

- La cadena de producción de libros fue muy golpeada por la pandemia. La lectura de buena literatura es fundamental para el desarrollo cívico y social, mucho más allá de las distracciones que nos entretiene pero no nos nutre.

Qué vivan la literatura y la imaginación, así vamos a resolver los problemas que enfrentan nuestras sociedades!

 

 ¿Hasta qué punto la cultura puede promover un cambio en Guatemala, particularmente en el éxodo migratorio?

La verdad es que actualmente vivimos en sociedades en las cuales los artistas e intelectuales juegan un papel menor que antes. Guatemala también padece de eso. Hubo un tiempo en que los militares, los narcotraficantes, la alta sociedad que no valorava el trabajo de la gente pobre, temían a los artistas, que de cierta manera jugaron un rol importante en la caída de Batista, Somoza, Pinochet, los militares argentinos y uruguayos, pero actualmente no creo que tengamos ese mismo poder.

Tenemos que hacer alianzas con grupos cívicos y políticos que buscan, como nosotros, crear una sociedad más equitativa y respetuosa de los derechos humanos. Hay que encontrar maneras de sacar del poder a autócratas como Daniel Ortega, Nicolás Maduro, Alejandro Gianmattei, Nayib Bukele, que están destruyendo nuestros países, no solo por sus estrategias pero también por su falta de ideas e imaginación.

Espero que trabajando juntos logremos sacarlos del poder, porque en realidad contribuyen muy poco a mejorar la vida de nuestros pueblos.

 

Un mensaje final

Sin lectores no se cierra la cadena de nuestros libros: su apoyo es esencial. Tenemos que ganar su confianza con cada palabra y con cada libro.

 

 

 

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