La falta de fondos de educación especial en Puerto Rico afecta a niños disléxicos

Al menos dos de cada diez niños en Puerto Rico sufren de dislexia, condición de la que en octubre se celebra el mes de su concienciación.
Al menos dos de cada diez niños en Puerto Rico sufren de dislexia, condición de la que en octubre se celebra el mes de su concienciación.

Al menos dos de cada diez niños en Puerto Rico sufren de dislexia, condición de la que en octubre se celebra el mes de su concienciación, y donde en la isla, el programa de educación especial, en el que recae dicho trastorno, trata de sobrevivir por la falta de dinero para tratarlo.

Los tratamientos para esta condición se verían bien afectados, debido a que recientemente la Junta de Supervisión Fiscal (JSF) para Puerto Rico informó que no daría paso a una medida legislativa que asignaría 123 millones de dólares al Departamento de Educación para costear el pago de terapias y evaluaciones para alumnos de educación especial.

En una carta a la gobernadora de Puerto Rico, Wanda Vázquez, y a los presidentes de las dos cámaras legislativas la JSF señalaba que no se aprobarán esos fondos al Departamento de Educación para el pago de terapias y evaluaciones para estudiantes de Educación Especial.

La JSF aduce que esa asignación va contra el Plan Fiscal certificado y de la ley Promesa.

"La mayoría de las personas que sufren de esta condición dependen de las terapias para vivir", aseguró a Efe la psicóloga escolar Rosamaría Sierra.

Dijo además que debido a la falta de presupuesto para el programa, los padres de los niños y los terapeutas buscan otras oportunidades en Estados Unidos.

En el año 2016 la Asociación Puertorriqueña de Dislexia expuso en una vista pública legislativa que para el año escolar 2014-2015 del sistema del Departamento de Educación, de una matrícula de 414.283 estudiantes, 114.747 "tenían carácter de dislexia".

Según dijo Sierra, en los Estados Unidos, entre el 10 y el 15 % de los estudiantes son diagnosticados con algún problema de aprendizaje, pero que en Puerto Rico podría sobrepasar el 35 %.

"A veces se evalúa, pero no se diagnostica correctamente", indicó.

"Siendo responsable y al ver que el problema es leve, recomiendo dar terapias y en dos años reevaluarlo. Si el niño continúa y lee sumamente lento y confunde las palabras, pues ya es una señal", agregó Sierra.

Explicó que normalmente un niño empieza a leer y a escribir entre las edades de 6 o 7 años, y que si no aprende rápidamente, los padres se frustran.

Ante ello, Sierra recomendó a los padres a que no tomen estos indicios a la ligera y esperen a que el niño prosiga aprendiendo a leer y escribir por uno o dos años más y si el menor aún no ha logrado lo propio, que entonces los lleven a algún profesional de la salud para que los traten y los ayuden con el problema.

"La dislexia no tiene cura, pero se puede tratar durante cinco años", indicó.

Mientras, la psicopedagoga Simona Morogan dijo a Efe que en su oficina -el Centro neuropsicológico de terapias Choicesmart Edu- "a diario" recibe algún niño con síntomas de dislexia, trastorno de aprendizaje que afecta la capacidad de leer, deletrear, escribir y hablar.

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"La dislexia puede afectar la vida de una persona por completo", afirmó Morogan.

Según la Organización Mundial de la Salud, la dislexia es un trastorno cuyo "rasgo principal es una dificultad específica y significativa en el desarrollo de las habilidades para la lectura que no puede explicarse únicamente por la edad mental, problemas de precisión visual o una escolarización inadecuada".

"A veces la dislexia se confunde mucho con problemas y son mal diagnosticados", sostuvo Morogan.

Morogan, a su vez, contó que así como recibe "a diario" a niños con señales del trastorno, también se reúne con los padres de estos, quienes les detallan que el Departamento de Educación no les ofrece la mejor ayuda para ayudar a los menores.

"El Departamento de Educación no ayuda a nadie. Al contrario, les pone piedras en el camino", afirmó.

Morogan indicó que en su despacho ha atendido a adultos de hasta 44 años de edad que sufren de dislexia porque se demoran 30 minutos en leer un párrafo, pero que aún así son profesionales y que lograron graduarse de la escuela superior tomando exámenes orales.

Ahondó que cuando recibe a adultos con problemas de lectura y escritura, tienen que ser tratados como niños de primero o segundo grado.

"Mi trabajo es recuperar el rezago y el tiempo perdido. Hacemos reconexiones a la edad que sea", dijo Morogan, quien también contó que ha conocido de jóvenes que se graduan de escuela superior con honores, pero no saben leer ni escribir bien.

"Para mí eso es maltrato. Como no saben qué hacer con esos niños ni cómo tratarlos, pues esto pasa", dijo. EFE

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