Una recreación destructiva

EDITORIAL

Son innegables los efectos del uso de la marihuana en la salud pública, en el bienestar y seguridad de las comunidades en la Ciudad de Nueva York.

Siendo Estados Unidos la potencia líder del sistema capitalista, tampoco es un secreto que lo que predomina son los intereses económicos y Nueva York, el llamado Estado Imperio, tiene una casi inevitable obligación de llevar la posta en el asunto. El informe en el cual el alcalde de la ciudad basó su fundamento para apoyar la legalización total de la marihuana, apunta hacia ello, el promover el crecimiento en las comunidades mediante la comercialización de la marihuana, que generaría paralelamente ingresos en impuestos para el erario de la Ciudad.

Medidas como eliminar los arrestos por consumo de marihuana fueron probablemente la única alternativa realista a la ineficiencia del sistema carcelario de la ciudad, caso contrario podría percibirse como una medida de beneficio a los grupos criminales, pero no, los líderes del gobierno local han apelado a la gran discriminación hacia las llamadas minorías, que continúa siendo el estandarte para justificar cualquier medida que evite el control a crímenes y violaciones.

Nueva York a nivel estatal y local se acerca, casi inevitablemente, a la legalización de la marihuana recreativa, las autoridades tienen informes que respaldan su decisión que permitiría que adultos consuman marihuana legalmente por pura satisfacción y claro, se necesita una estructura para comercializarla y como toda actividad comercial generaría entre el siete y diez por ciento de impuestos. Cuomo, quien en algún momento llamó a la marihuana una droga de ingreso, refiriéndose a que es el primer paso en el proceso de adicción a drogas más potentes, ha cambiado radicalmente de opinión y de ello se ha hecho eco el alcalde Bill de Blasio, quien el fin de año también aprobó la legalización en la ciudad del uso recreación de la marihuana para el “desarrollo de pequeñas empresas”,  como  un impulso de oportunidades económicas para comunidades marginadas.

Estas decisiones conllevan una compleja estructura, por lo menos según los informes, de que se necesitará un marco regulatorio, campañas educativas, prevención de la codicia corporativa y según ese informe hay un gran énfasis en “la necesidad de garantizar que cualquier industria de la marihuana en la ciudad de Nueva York corrija los errores del pasado y promueva oportunidades económicas.” Por su parte la Primera Dama de la Ciudad, quien es muy activa en las campañas de salud mental y abuso de sustancias ha reconocido de que hay riesgos graves y ha dicho textualmente:  “Debemos hacer todo lo posible para proteger a los jóvenes de nuestra ciudad y educar a todos los neoyorquinos sobre el consumo de marihuana. Es por eso que este informe es tan importante, e insto a los legisladores estatales a usar las recomendaciones como una guía para su trabajo en los próximos meses ".

Pero estas acciones que parece corresponden más bien a una tendencia a apoyar la “ola progresista” que está muy de moda, suenan irrisorias cuando la realidad diaria en las calles, barrios, trenes, estaciones, incluso iglesias de toda la ciudad, se vive una realidad totalmente diferente. Actualmente cualquier persona que reside en Nueva York e incluso los visitantes y turistas, pueden identificar el humo de la marihuana como algo tan cotidiano como el olor de la basura y los miles de mendigos que deambulan por todos lados. Actualmente, cuando la marihuana aún no se ha legalizado para consumo recreacional, ya es parte de la vida diaria y eso no parece tan malo, pero cuando se tiene la oportunidad de ver directamente las reacciones de quienes fuman marihuana, los gritos que lanzan frente a niños y ancianos, la violencia, las alucinaciones, etc., sin considerar los daños a la salud, que incluyen consecuencias en quienes no la fuman pero la inhalan, resulta incomprensible. Para recrearse hay parques, museos, libros, teatro, cine, no drogas. Las drogas para personas enfermas las prescriben profesionales con licencia para ejercer.

La sola instauración de estas propuestas ya ha provocado una apertura y permisividad para el uso de marihuana que produce temor en la comunidad. Si actualmente no es legal y la usan por donde sea, sin necesidad de licencias, ni programas locales, ni regulaciones de cultivo, fabricación, comercialización, etc, qué se puede esperar? No hay el mínimo control y si bien el arresto ha demostrado no ser una solución por la falta de una infraestructura carcelaria, así como la falta de personal para procesar los miles de casos a nivel judicial, se ha creado un ambiente de inseguridad colectiva que incrementa preocupación, angustia, depresión, ansiedad, en una ciudad donde los indices de locura y problemas mentales ha provocado una campaña oficial. No hay un control adecuado en las escuelas, no hay educación a los padres de familia y los principales en caer en la adicción continúan siendo los más jóvenes.

Los estudios e investigaciones científicas son claras y contundentes, la marihuana tiene efectos nocivos en la salud física y mental de quien la consume, entre otras cosas puede interferir con la capacidad para recordar información nueva, entorpecer los reflejos, lo que puede afectar el desempeño en actividades físicas, puede causar depresión y nerviosismo o la sensación de que algo malo va a pasar, también puede causar problemas similares a los de fumar tabaco, como bronquitis e infecciones pulmonares. El uso de la marihuana se convierte en una adicción y una adicción de ninguna manera es buena para el individuo y por ende para las comunidades, porque lo vuelven esclavo, porque depende de algo. La búsqueda compulsiva de drogas, incluida la marihuana provoca otros problemas sociales graves, la violencia, la delincuencia, accidentes, enfermedades, disminución de la capacidad de aprendizaje, estudio y rendimiento laboral, eso que buena consecuencia puede provocar en las comunidades y particularmente en las llamadas minorías que son las más vulnerables?

Está estudiado y comprobado que más de la mitad de los usuarios nuevos de drogas ilícitas, comienzan consumiendo marihuana y en segundo lugar están los analgésicos (medicamentos para aliviar el dolor) que requieren receta médica, seguidos por drogas que se inhalan, que son más comunes entre los adolescentes jóvenes. La marihuana es una droga que sirve como "puerta de entrada" a otras drogas más fuertes.

En la historia de la ciudad quedará registrados los nombres de los legisladores quienes aprueben el uso de la marihuana. Ya se sentirán las consecuencias.

Marihuana en Nueva York una nueva controversia

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