EDITORIAL
La declaración pública de los bodegueros latinos de Nueva York, sobre la drástica medida de portar armas de fuego, con la debida licencia y entrenamiento, solo es una consecuencia de una crisis aguda que vive la ciudad.
El problema tiene varios matices y niveles, todos correlacionados, pero es imposible ignorar varias situaciones críticas y cruciales, de cuya solución depende directamente la continuación de la actual administración municipal, en todos sus niveles, desde el alcalde, concejales, fiscales, contralor y hasta comisionados, por mencionar algunos.
Las bodegas de la ciudad son extremadamente importantes, no solo a nivel económico, activando las economías a nivel de los barrios, generando fuentes honradas de empleo digno, generando impuestos a nivel local, estatal y federal, diversidad cultural, conexión entre grupos y nexos directos con la comunidad en diferentes niveles, desde lo emocional, porque son una vinculación con sus países de origen a través de productos, etc., hasta asesoría e información de diversos temas que incluyen pero no se limitan a lo legal, financiero, educativo, social, etc., etc.
Los problemas que enfrentan las bodegas de la ciudad son de muy diferente tipo y ello requiere un estudio especializado, para determinar las causas de esos problemas, en cada comunidad. Las autoridades, si realmente desean cumplir su trabajo en la comunidad, deben estudiar a fondo las causas de los diferentes problemas en las bodegas, que son un reflejo no solo de los problemas y retos de los miembros de la comunidad pero además, son una muestra del funcionamiento, mentalidad de cada barrio y los barrios de la ciudad difieren notablemente y ese término de “barrios de grupos relegados o segregados o marginados” es demasiado amplio y en la práctica no funciona, particularmente al momento de solucionar problemas, que no solo siguen latentes, pero que se acrecientan notablemente.
Las bodegas pueden ser una herramienta crucial en el mejoramiento de la calidad de vida de toda la ciudad. Pero para desarrollar proyectos encaminados a este objetivo, es fundamental coordinar el trabajo entre las bodegas, las entidades comunitarias de base, la policía, las escuelas, las autoridades, iglesias y centros espirituales y los medios de comunicación, sin ese trabajo el progreso es imposible.
Es una realidad numérica y una verdad palmaria que un importante porcentaje de bodegas de Nueva York, son propiedad de dominicanos, no podía ser de otra manera ya que actualmente esta comunidad es la de mayoría numérica entre todos los grupos latinos de la ciudad, pero los problemas de las bodegas son compartidos y los retos los mismos.
La United Bodegas de America desde su establecimiento en el 2018 ha dado grandes pasos y conseguido grandes logros, no solo unificando los intereses y necesidades de un sector vital de la ciudad, además estableciendo hitos como la celebración del Día del Bodeguero a nivel estatal, asesorando y luchando a nivel gubernamental para que se apoye y proteja a los bodegueros y ahora tienen la atención de toda la ciudad que ve en los bodegueros una opción vivificante de liderazgo práctico y realista. Ahora la UBA tiene la oportunidad de ampliar su membresía y tiene el interés de innumerables bodegas en todos los condados, pero el gran reto es para las autoridades.
La ciudad vive una ola de incertidumbre e inseguridad que no se puede cubrir con ruedas de prensa informando sobre números de crímenes, esto se trata de cómo siente la gente dentro de sus propios hogares, cuando sale de sus casas al trabajo, cuando camina las calles, cuando va a una tienda, cuando toma un tren o autobús. Los neoyorquinos se sienten cada vez en mayor peligro, la calidad del aire, en todos lados atraviesa un momento crítico, ya la gente no puede usar accesorios valiosos, porque corre el riesgo de ser asaltado e incluso de ser verbal o emocionalmente agredido por la ola de odio y violencia que crece en Nueva York.
El tema de la inseguridad en las bodegas es un reflejo de la grave crisis de la ciudad, el uso creciente de menores no solo para cometer delitos, para trabajar en un país donde es prohibido el trabajo de menores, que a vista de toda la ciudad continúan vendiendo caramelos en los trenes sin que nadie haga nada. Niños, mayoritariamente refugiados, inmigrantes y latinos, exponiéndose diariamente en las líneas del tren mientras el alcalde continúa con las ceremonias de izamiento de banderas.
Queremos ver al alcalde y a sus comisionados visitando los barrios, entrando a las bodegas, hablando con los niños vendedores de caramelos de las líneas del tren N, R, F, E y 7. Queremos ver a los mismos oficiales electos y oficiales designados por el alcalde que recibían a los refugiados en la Autoridad Portuaria, visitar los barrios y dejar la demagogia, con eventos rebuscados para ganarse la simpatía de ciertos grupos y usando a la prensa.
Las bodegas de Nueva York son una muestra, son un faro, son una posibilidad y tienen derecho a autoprotegerse, ante un actitud pasiva e ineficiente de las autoridades para ayudarles eficazmente. O las autoridades actuales hacen algo positivo o la crisis devorará sus aspiraciones políticas futuras y también el bienestar de una ciudad, que se hunde más y más.



























