Un diálogo absurdo agudiza el horror en “Passport”

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Por Nilda M. Tapia
IMPACTO LATIN NEWS

 

Los tres bien delineados personajes de esta trilogía dramática fueron encarnados por Noelle Mauri en el papel de Eugenia, la turista, por el actor Sandor Juan en el Oficial, y por la actriz de carácter Mafer Rodriguez en el rol del soldado.
Los tres bien delineados personajes de esta trilogía dramática fueron encarnados por Noelle Mauri en el papel de Eugenia, la turista, por el actor Sandor Juan en el Oficial, y por la actriz de carácter Mafer Rodriguez en el rol del soldado.

El IV Festival de Teatro Hispano del Comisionado presentó el pasado 14 de marzo, 2014 en la Sala Teatro del Comisionado Dominicano en NY de la calle 145  oeste y Broadway del Alto Manhattan la obra del venezolano Gustavo Ott, “Passport”, bajo la dirección del venezolano Alfonso Rey.  Los tres bien delineados personajes de esta trilogía dramática fueron encarnados por Noelle Mauri en el papel de Eugenia, la turista, por el actor Sandor Juan en el Oficial, y por la actriz de carácter Mafer Rodriguez en el rol del soldado.

Una aguda crítica a las abominables prácticas del totalitarismo se plantea en esta obra plagada de diálogos absurdos y rechazados por toda razón.  Hay que subrayar que Gustavo Ott consigue con este juego absurdo horrorizar al espectador a tal punto de desalentarlo y casi correrlo de la sala, pero al mismo tiempo, practica un acentuado cambio en el diálogo que recupera el interés del desalentado espectador al ofrecerle un claro dentro del tormentoso drama y brindarle una esperanza de capear la tormenta.

La acción comienza cuando una viajera extranjera cae víctima de dos abusivos guardias de un remoto puesto fronterizo al servicio de un totalitarismo que rechaza todo lo foráneo y lo que no logran entender.  La extranjera pide cortésmente direcciones para poder seguir su camino.  Los guardias de frontera aprovechan la ocasión para practicar toda clase de arbitrariedades para las cuales fueron cuidadosamente entrenados.  Lo más ofensivo a la razón es que cuando le piden documentación, la inocente extranjera entrega su pasaporte…  La malintencionada guardia, mira el documento y ve que es de uno de esos países donde ella percibe una vida mucho más atractiva.  Con el afán de sacar partido de todo aquello que su posición le brinda, decide arbitrariamente meterse el pasaporte en el bolsillo y comenzar un proceso por falta de documentación a la recién  llegada turista.  Ott usa muy bien el artificio de la falta de entendimiento entre la turista y los guardias…  y produce todos los elementos que requiere el drama teatral mediante un diálogo que irrita, desanima y despierta una fuerte reacción del espectador frente a las vicisitudes que tiene que afrontar un turista cuando llega a fronteras donde el totalitarismo es dueño y señor de la razón, donde todo elemento universalmente aceptado puede ser rechazado de plano por el solo hecho de desagradar a las reglas mezquinas del oficialismo reinante.

2El director Alfonso Rey manejó muy bien sus personajes y los movió acertadamente para transmitir sonora y visualmente la profundidad que el diálogo sugiere, haciendo de esta difícil puesta una exposición muy clara y dramática.  Jugó con una ambientación minimalista para obviar las exigencias de una sola presentación exigida por el festival.  No obstante, los elementos en escena añadieron muchísimo al drama, especialmente una amenazante cuerda colgante terminada en un aro anudado, denotando el poder absoluto que esos dos guardias tenían en ese remoto reducto totalitario.  Las luces fueron manejadas con manos cuidadosas que ofrecieron claridad sin perturbar el espectáculo.  El diálogo fue diáfano, expuesto con una calidad sonora encomiable, a tal punto que no hubo estridencias ni sobreactuaciones en momentos en que el drama puede fácilmente caer en vulgar panfleto.  Todo esto dice mucho de la elección de los actores… todos con voces armónicas que se complementaban como en el mejor de los coros.  El vestuario también resultó adecuado para cada personaje. En síntesis, una producción echa con sumo cuidado y esmero.

Noelle Mauri en el personaje de la turista tanto físicamente como en su calidad actoral redondeó con creces el personaje de Ott. Sandor Juan recreó un guardia tan firme en sus designios como en sus acciones.  Resultó un verdugo convincente y sin titubeos en las maniobras abusivas…  Mafer Rodríguez  mostró un desparpajo hacia todo lo razonable que no nos dejó un momento de duda que sus abusos los practicaba con el mayor de los convencimientos.  Pero otro momento muy encomiable de su labor fue cuando la representante de un totalitarismo absoluto se refugia en su instinto femenino y de repente va recuperando su razón humana.  El diálogo de Ott aquí puede subrayarse como magistral.  Con una naturalidad suprema el autor resuelve todo este drama usando otro elemento del totalitarismo… sus hilos perdidos que se van convirtiendo en hilachas con el desuso… y con las mismas, la razón y el buen entendimiento humano logran sepultar todo el horror mostrado para dejarnos como mensaje esa esperanza de que….  “No hay mal que dure cien años…”  Sólo el buen teatro puede decirnos tanto en un período tan corto.

 

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