EDITORIAL
La crisis provocada por la infestación de ratas en la ciudad de Nueva York ha alcanzado niveles preocupantes y en la primavera entran en vigencia nuevas medidas en un intento por reducir este problema potencialmente peligroso para la salud de los habitantes.
La nueva medida que reduce el tiempo de permanencia de la basura en las calles para su recolección, según los expertos no va a causar ningún efecto, porque es una crisis que requiere un enfoque integral, involucrando a toda la sociedad, desde la educación de los niños en las escuelas, donde debe enfatizarse la reducción de desperdicios, hasta el manejo apropiado de los centros que ofrecen comida gratis a miles de indigentes y personas con problemas mentales en la ciudad.
Durante la pandemia la administración De Blasio redujo el presupuesto de recolección de basura, desde entonces los basureros de las calles y parques de Nueva York se llenaron de desperdicios que se convirtieron en un paraíso para las ratas. Con la nueva administración el problema ha disminuido, sin embargo en ciertas zonas de la ciudad y en los barrios populares ,el problema de la basura continua, debido a factores como la presencia de mendigos y vendedores ambulantes.
El problema de la creciente presencia de los roedores en la ciudad de Nueva York es tan viejo como su historia urbana, sin embargo el detonante de la acumulación de basura provocada por la pandemia, ha desatado una crisis que eventualmente podría degenerar en una nueva crisis de salud.
La caridad en la ciudad de Nueva York, al igual que el problema migratorio, es otro de los grandes negocios que se han salido de las manos de las autoridades. Lugares de expendio de alimentos de caridad, como iglesias, son puntos a cuyos alrededores el problema de falta de limpieza es notorio. Los mendigos y personas con problemas mentales desechan las sobras de comida por doquier, además de que usan los espacios públicos y el sistema de trenes, para hacer sus necesidades básicas. Nadie controla esto y lo mínimo que se esperaría es que quienes reparten la comida de caridad, soliciten a quienes la reciben, que ayuden a cuidar la higiene de espacios públicos.
Los vendedores ambulantes libran otra batalla, en la cual debido al temor de ser permanentemente removido de las vías peatonales, que frontalmente invadieron durante la pandemia, están preocupados por mejorar sus hábitos de limpieza, pero acusan a los locales comerciales de desechar la basura en los recipientes para basura pública. En ese sentido tampoco ninguna autoridad hace nada al respecto, muy por el contrario los vendedores ambulantes están siendo utilizados por ciertos políticos para hacer bulla y tratar de acaparar atención. Los demagogos deben comprender de una vez por todas que las ventas ambulantes son propias de países tercermundistas, en un país del primer mundo se ayuda a los comerciantes informales a establecer negocios y emprendimientos que mejoren su situación, no a quedarse empantanados en empleos que las investigaciones especializadas indican son de gran peligro para su salud, bienestar y progreso.
Otro elemento en esta crisis es la falta de autoridad de las fuerzas del orden para hacer cumplir normas básicas de higiene. Nuevas leyes que permiten cualquier comportamiento anti-social, porque la contaminación de zonas públicas es un atentado al bienestar y salud públicos.
Los restaurantes son otro elemento clave en este problema estructural, no solo por el funcionamiento normal de estos negocios, en donde mayoritariamente no practican ni el reciclaje ni la composta, pero que además sus ampliaciones exteriores, sirven para propagar desperdicios, son lugares utilizados por los indigentes para pernoctar, hacer sus necesidades y acumular desperdicios que si bien se limpian al inicio del día, durante las horas de la noche son parte del paraíso de las ratas.
Los expertos afirman que los neoyorquinos deben acostumbrarse a convivir con las ratas permanentemente, pero no está por demás tener esperanza en que la nueva medida de reducción de las horas de exposición de la basura en las calles, ayude a controlar el crecimiento de la población de ratas.
El paquete legislativo aprobado por el consejo municipal necesita ajustes y contemplar todos los elementos de esta estructura que fomenta la permanente presencia de la basura por calles y parques, paraíso de las ratas, que pueden provocar nuevas epidemias, enfermedad y muerte.
En el sistema de trenes es otro elemento de esta estructura, ya que si bien la MTA mantiene a sus empleados limpiando las estaciones, debe promover una campaña educativa para los usuarios, locales y visitantes, aplicando sanciones a quienes promueven el deterioro de la higiene y salubridad pública, pero que se puede esperar, si durante las noches, especialmente, los vagones de los trenes son los hoteles de los mendigos, que durante el verano los dejaran de usar para trasladarse a calles y parques.
Las nuevas regulaciones, además de exigir que los edificios deben proveer botes de basura con tapas herméticas, los constructores deben contratar a un exterminador cuando inician sus proyectos, deben establecer campañas educativas intensas, promover los hábitos de limpieza en la población, exigir a las entidades de caridad que colaboren, reubicar a los vendedores ambulantes y proveerles de recursos para que establezcan emprendimientos estables, dar más recursos legales a la policía para que ayuden a promover la limpieza, que es parte del orden que una sociedad civilizada requiere para progresar.





























