El arte vasco llega a Times Square con un mensaje para Donald Trump

Times Square, uno de los grandes escaparates audiovisuales del mundo, se convertirá este domingo 6 de septiembre en escenario para la cultura vasca. El escultor vasco Patxi Xabier Lezama presentará en sus gigantescas pantallas su última obra  artística Mari, la principal figura femenina de la mitología vasca y una de las representaciones más poderosas del imaginario tradicional de Euskal Herria.
La escultura será proyectada durante 15 segundos de cada hora a lo largo de 24 horas, permitiendo que la imagen de Mari aparezca repetidamente durante una jornada completa en uno de los lugares más transitados y fotografiados de Nueva York. La intervención tendrá como escenario una de las carteleras situadas en 1560 Broadway, entre las calles 46 y 47, en plena zona de Times Square.
La ubicación elegida añade un componente especialmente significativo a la intervención artística. La pantalla se encuentra justo encima de la tienda de Pelé y frente a los famosos escalones rojos de TKTS, uno de los puntos más reconocibles de Times Square y lugar habitual de encuentro de turistas y residentes que acuden diariamente a este enclave de Manhattan.
Durante esas 24 horas, para las 330.000 personas que transitan cada día por Times Square, podrán encontrarse con una imagen escultórica procedente de la mitología vasca en medio del intenso movimiento de Broadway, los teatros, los comercios y las enormes pantallas publicitarias que caracterizan este espacio. El recorrido desde las antiguas tradiciones vascas hasta las luces de Manhattan constituye, en sí mismo, una poderosa metáfora sobre la capacidad de una cultura para proyectar sus símbolos más antiguos hacia un público internacional.
El salto no es menor. Una figura nacida de la tradición oral vasca, vinculada a las montañas, las cuevas y las fuerzas de la naturaleza, ocupará ahora el corazón de Manhattan. El resultado es un encuentro entre una cultura ancestral y una de las ciudades más cosmopolitas del planeta.

Pero Mari no llega a Nueva York como una simple imagen mitológica.

Llega acompañada de un mensaje.

En la tradición vasca, Mari aparece asociada a la justicia, al equilibrio y a la defensa de la honradez. Es una figura severa con quienes rompen las reglas de convivencia: desprecia la mentira, el robo, el incumplimiento de la palabra dada, la falta de respeto y la arrogancia. Su autoridad no se fundamenta en el poder político, sino en una concepción moral según la cual las acciones tienen consecuencias.

Es precisamente ahí donde la obra de Lezama adquiere una dimensión contemporánea.

Una antigua diosa frente al poder moderno

En una época dominada por la desinformación, la confrontación política y la creciente desconfianza hacia quienes ejercen el poder, la figura de Mari adquiere una inesperada actualidad.
Su código es sencillo y radical: la palabra dada debe cumplirse, la mentira tiene consecuencias, la arrogancia no es una virtud y la injusticia no debe quedar impune.
Que ese mensaje aparezca en Times Square, epicentro mundial de la publicidad, el consumo y la comunicación política y cultural, añade una poderosa carga simbólica.
Y resulta difícil no pensar en la política estadounidense y, particularmente, en Donald Trump, cuya figura ha marcado profundamente el debate político contemporáneo.
La referencia no tiene por qué entenderse únicamente como una provocación. Puede ser, sobre todo, una reflexión artística sobre los límites del poder.
¿Qué diría Mari ante un dirigente que miente? ¿Ante quien incumple su palabra? ¿Ante quien desprecia al adversario o utiliza la arrogancia como instrumento de poder?
La mitología vasca tiene una respuesta contundente: el poder no exime de responsabilidad.

De las montañas vascas a Manhattan

La propuesta de Patxi Xabier Lezama adquiere así una dimensión que va más allá de la escultura. Su Mari representa la posibilidad de proyectar la cultura vasca en un espacio global sin renunciar a sus raíces.
Durante generaciones, las historias sobre Mari sobrevivieron a través de la tradición oral. Hoy, su imagen puede aparecer en las pantallas de una de las plazas más conocidas del mundo.

El contraste es extraordinario: de las cuevas y montañas de Euskal Herria a los enormes paneles luminosos de Manhattan.

Pero quizá el mensaje de Mari no resulte tan extraño en Nueva York.
Porque los valores que representa —la honestidad, el respeto, la responsabilidad y la justicia— no pertenecen exclusivamente a una cultura. Son valores universales.
Lo que sí es profundamente vasco es la forma de expresarlos a través de una figura mitológica que durante siglos ha representado una fuerza superior a los individuos y a sus ambiciones.

Arte, identidad y memoria

La presencia de Mari en Times Square supone también una reivindicación de la capacidad del arte vasco para dialogar con el mundo.

Lezama convierte una figura de la memoria mitológica de Euskal Herria en una imagen contemporánea capaz de interpelar a un público internacional. La obra no necesita abandonar su identidad para adquirir una dimensión universal.
Al contrario: es precisamente desde sus raíces vascas desde donde Mari puede hablar al mundo.

Y quizá ahí resida la verdadera fuerza de esta intervención artística.

Mientras las pantallas de Times Square suelen estar ocupadas por marcas, celebridades, grandes producciones y mensajes comerciales, la imagen de una antigua diosa vasca introducirá una pregunta diferente en el corazón de Nueva York:

¿Qué ocurre cuando la justicia se enfrenta al poder?

Mari, según la tradición, no parece tener demasiadas dudas.

La mentira, el robo, el incumplimiento de la palabra, la falta de respeto y la arrogancia tienen consecuencias.

Un mensaje nacido hace siglos en Euskal Herria que, proyectado sobre Manhattan, adquiere una inquietante actualidad.

Y si Donald Trump se siente aludido, quizá no sea más que una consecuencia natural de poner a Mari, la diosa vasca de la justicia, frente al poder.

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