El alcalde Adams acaba de anunciar la recuperación de más de cien proyectos para construir, restaurar y renovar parques en la ciudad y entre otras cosas dijo: "los parques de la ciudad de Nueva York no son un lujo, son una necesidad, tienen un rol fundamental en la construcción de una comunidad".
En la ciudad de Nueva York los parques tienen una importante conexión con la comunidad a la que pertenecen, son un ecualizador, un centro de reuniones informales y formales, son mucho más que un lugar recreativo y en el caso del parque María Hernández en Brooklyn, son un testimonio de la lucha de las latinas por lograr paz y seguridad para sus familias.

De entre los más de mil setecientos parques, áreas de juego y lugares recreacionales de la ciudad de Nueva York, solamente una veintena están dedicados a mujeres y de entre ellos, solamente uno a una latina, es el parque María Hernández ubicado en las avenidas Irving y Knickerbocker, entre las calles Star y Suydam en Bushwick.
Este parque municipal de 6.87 acres, que está cerca de la estación Jefferson Street del tren L, honra el legado de una líder cívica latina que impactó la historia. En el Mes Nacional de la Historia de la Mujer recordamos y exaltamos la memoria de María Hernández y su heroico legado.
HISTORIA DEL PARQUE
El parque comunitario más grande del vecindario, se llamó originalmente Bushwick Park (1896) y posteriormente, Knickerbocker Park. Bushwick, o Boswijk, como lo llamaron los holandeses en 1661, significa “pueblo de los bosques”, fue inicialmente tierra de cultivo para los primeros colonos, ex soldados de la revolución.
Los inmigrantes alemanes se mudaron a Bushwick cuando el Lower East Side se sobrepobló y establecieron cervecerías a lo largo de la calle Meserole, que se llamaba Brewers Row, donde hubo cuarenta y cinco cervecerías. En 1851 el pueblo de Bushwick se separó del pueblo de Williamsburg, hasta que en 1854 la municipalidad de Brooklyn los anexó.
El municipio de Brooklyn compró el terreno del parque a terratenientes locales, justo antes de la consolidación del Gran Nueva York. Uno de esos terratenientes fue Phineas T. Barnum, quien usó el terreno para almacenamiento y para instalar su circo cuando apareció el tren en 1888.
Con la industrialización, Bushwick atrajo empresas, fábricas de azúcar, productos químicos, petróleo y vidrio, instalándose una comunidad de obreros, pero su fama declinó después de la II Guerra Mundial. El paseo marítimo estaba desierto y las cervecerías cerraron, siendo Schaefer y Rheingold las últimas en irse en 1976. Los disturbios plagaron la sección pobre de Brooklyn a finales del siglo XX.
En la década de 1980, el vecindario cambió y pandillas comenzaron a instalarse y operar en sus calles, se convirtió en un barrio mayoritariamente hispano e italiano plagado de pobreza y drogas, había violencia a diario y pandillas en cada bloque.
En 1994 el parque fue rehabilitado como centro vecinal. Se realizó una campaña intensiva de limpieza y reparación y en 2006 y 2007 fue elegido como el "Parque del mes" de la ciudad, se le agregó una nueva cancha de baloncesto, cercas, un escenario para espectáculos y bancas. Los eventos deportivos reemplazaron las ventas de drogas.
A los grupos étnicos mixtos de escandinavos, italianos, puertorriqueños, afroamericanos y dominicanos, actualmente se unen millennials, hipsters, artistas y musulmanes. Con el renacimiento de Brooklyn, el barrio entero se está redescubriendo y rehabilitando, con María Hernández Park como joya de Bushwick.
MARÍA HERNÁNDEZ
Nació en Brooklyn en 1953 y se educó en las escuelas públicas del distrito. Obtuvo una licenciatura en contabilidad de la Universidad de Nueva York y trabajó para el Hospital Investment Management Corporation en Englewood, Nueva Jersey.

María residió por mucho tiempo en el área. Vivía con su esposo Carlos y sus tres hijos en el 105 en la calle Starr, en este barrio donde fueron muy activos contra los traficantes de drogas, enfrentándolos,, organizando fiestas en la cuadra, actividades deportivas, reuniones sociales y culturales y denunciando a los consumidores de drogas a la policía.
La heroína era la droga preferida y se vendían en las puertas de las tiendas y frente a las casas. Sus adictos ensuciaban las aceras y pululaban por los edificios abandonados. Los Hernández querían que su vecindario estuviera limpio y libre de la violencia para sus hijos.
La mañana del martes 8 de agosto de 1989, María Hernández se vestía para ir a su trabajo como contadora en Nueva Jersey, cuando cinco disparos atravesaron la ventana de su departamento, en el primer piso. Su esposo saltó encima de su hijo de tres años para protegerlo, pero una bala alcanzó a María en la sien.
Un traficante de apellido Figueroa pasó por su apartamento en un camaro rojo con su cómplice de apellido Santiago y disparó el tiro que le quitó la vida a María, quien falleció seis horas después en el Hospital Wyckoff. Ese día su esposo Carlos debía testificar ante un gran jurado contra un traficante de apellido González y a pesar de la tragedia así lo hizo.

Su muerte provocó gran conmoción en la ciudad y a nivel nacional. Las autoridades se unieron a la lucha de Carlos Hernández y el martirio de María. La comunidad dirigió un servicio conmemorativo de tres millas por las calles de Bushwick, donde el entonces alcalde Ed Koch, elogió su heroísmo.
En 1989, el Ayuntamiento cambió el nombre del parque Bushwick por el de María Hernández y actualmente es el centro de la vida pública de la comunidad, siempre lleno de gente y actividades.
La vitalidad, diversidad y seguridad del parque son testimonio vivo de la heroica labor y del legado de una latina, María Hernández.




























