Los podemos encontrar en los barrios de la ciudad, pero en Manhattan, los días en que los edificios sacan los desperdicios para reciclaje, como un ejército de disciplinadas e incansables hormigas, los recogedores de latas y botellas, realizan un trabajo que aporta a la economía informal y  a la conservación del planeta.

En la ciudad de Nueva York se calcula que hay aproximadamente de ocho a diez mil recolectores de latas y otros productos reciclables. Es un grupo variado, mayoritariamente son inmigrantes, hay personas de la tercera edad, muchos sin estatus legal, otros ciudadanos que han caído en la mendicidad, hay veteranos de guerra y la mayoría pertenecen a las llamadas comunidades de color.

El mayor porcentaje de recolectores de latas y botellas lo conforman personas de cuarenta a sesenta años.

El 55% de los recolectores son latinos, el 24% son afro y el 18% asiáticos. Un tercio de ellos son mayores de sesenta años y el ochenta por ciento viven en comunidades que sobreviven bajo la línea que marca niveles de pobreza. El cincuenta y cinco por ciento de los recolectores de desperdicios de la ciudad han nacido fuera de Estados Unidos, es decir que son inmigrantes.

Los latinos son el grupo mayoritario de este sector de trabajadores informales de la ciudad, la gran mayoría son mujeres, además las investigaciones han develado que las mujeres recolectan cuantitativamente más, ya que son responsables de sus familias. Es un grupo que se mantiene en estado vulnerable a nivel económico y social. Por ser trabajadores informales, sin un empleador, no tienen ningún beneficio de desempleo, ni préstamos y un porcentaje no califica para ninguna ayuda.

SERVICIO DE LIMPIEZA Y RECICLAJE

La recolección de latas y otros productos como botellas de vidrio y plástico, provee a estas personas de un ingreso honesto y una posibilidad de sobrevivencia, sin depender de asistencia pública y es una opción particularmente cuando no tienen otras destrezas laborales, tienen problemas de salud para ejercer un trabajo o están aislados por limitaciones del lenguaje u otras circunstancias.

Estos trabajadores independientes, realizan un trabajo invaluable de mantenimiento del medio ambiente, asunto que se agravó con la pandemia, que colmó los basureros públicos. Este trabajo sigue un proceso que inicia con la recolección, clasificación y canje, un trabajo honesto pero que no es suficientemente valorado.

En la práctica, los recolectores son trabajadores que ofrecen un servicio de sanidad, realizan una tarea necesaria, que la mayoría no está dispuesta a hacer, ayudan a reducir las posibilidades de plagas y de condiciones insalubres, ayudan a reducir el impacto de nuestra sociedad al medio ambiente. Solo en el 2019 los recolectores canjearon más de doce millones de latas de aluminio, botellas plásticas y de vidrio que encontraron en las calles de la ciudad, evitando que terminen en ríos, desagües y redirigiéndolos a las fábricas para ser rehusados.

Envases de botellas
La Ley Botella, es una ley estatal para el retorno de envases

Los recolectores aportan al proyecto de zero desperdicios de la ciudad y son parte de la economía circular y la ciudad tiene la obligación de ayudar a dignificar su trabajo, ofreciéndoles protecciones en su trabajo, además de protecciones legales, incentivos, inclusión social, promoviendo la educación ambiental en las comunidades, para motivar al reciclaje, el desecho apropiado de materiales orgánicos para la producción de composta, etc.

 

GRUPO SEVERAMENTE IMPACTADO

Los recolectores fueron afectados durante el inicio de la pandemia y estudios revelan que hasta un sesenta y ocho por ciento de ellos, dejaron de trabajar en abril del 2020. De estos trabajadores las mujeres fueron desproporcionadamente afectadas por la crisis, ya que sus responsabilidades en el hogar aumentaron, con los niños sin ir a la escuela, familiares enfermos y sus ingresos se redujeron drásticamente.

En marzo del 2020 los centros para canjear las latas y otros materiales reciclables cerraron, varios recolectores enfermaron. En abril del 2020 el 68% de recolectores dejaron de trabajar y comenzaron a retornar sus labores en junio de ese año, pero solo retornó el ochenta por ciento y con horarios reducidos, a pesar de que la ciudad estaba inundada en basura por el recorte al presupuesto para ese rubro, el cierre de restaurantes y el descenso casi total del turismo, redujo las cantidades de latas y botellas para recolectar y canjear.

La reducción de actividades de los recolectores con la pandemia se debió primeramente al temor al contagio, los centros de canje fueron cerrados, se implementaron restricciones de movilidad en la ciudad y aumentaron las responsabilidades de atención en el hogar, por ejemplo la atención a los niños sin escuela, cuidado de personas mayores o enfermas.

Un veinte por ciento de los recolectores de latas fueron impactados por la pandemia al tener a un miembro de la familia infectado y muchos lidiaron con crisis emocionales provocadas por la inseguridad sobre el futuro, la enfermedad y la muerte de los miembros de sus familias y las responsabilidades financieras que no pararon como el pago de la renta, gastos generales, alimentos, medicinas, etc.

En junio y julio del 2020 los recolectores de latas retornaron a sus actividades y lograron retornar a sus niveles previos de ingresos, pero no fue suficiente para enfrentar la elevación de precios de implementos de protección y los riesgos de salud desde entonces, se han incrementado. A los recolectores les afectó el cierre de negocios, entonces se acentuó su trabajo en áreas residenciales, recolectando de los edificios de vivienda.

Mendigos recolectando latas y botellas para subsistencia.
Muchos mendigos de la ciudad también se dedican a recolectar latas y botellas para ayudarse en su subsistencia.

A su retorno, los recolectores reportaron usar equipo de protección personal en un ochenta por ciento, pero los costos de esa protección también han sido un costo adicional para estos trabajadores informales de la ciudad, de los cuales un veintinueve por ciento no ha recibido ninguna ayuda del gobierno y han reportado dificultades para cubrir sus costos de vida y gastos del hogar.

Como otros grupos de neoyorquinos de bajos ingresos y parte de la economía informal, sufrieron la crisis de trabajo, pérdida de ingresos, deudas, retrasos en el pago de vivienda y salud, no tienen ningún beneficio y además soportan el estigma social de realizar un trabajo poco deseable.

LO QUE ESPERAN

Los recolectores se han organizado para demandar de los oficiales de la ciudad y al Departamento de Sanidad, que se expanda el permiso para acceder a contenedores de basura, también necesitan ayuda con espacios para almacenar el material que recolectan. El trabajo de los recolectores de productos reciclables, particularmente de quienes recogen las latas de bebidas es, por simple y humilde que parezca, una tarea fundamental.

No hay estadísticas oficiales sobre el número exacto de recolectores de la ciudad, los datos disponibles se basan en un estudio que solo refleja a los miembros que se acogen a la ayuda de Sure We Can, una entidad sin fines de lucro con base en Brooklyn, que sirve como centro organizativo y de defensoría a la cual se acogen aproximadamente ochocientos recolectores.

El departamento de Conservación Ambiental de la ciudad consideró a los recolectores como trabajadores esenciales durante la pandemia, pero no ha habido ninguna ayuda a este grupo que fue severamente impactado. Su espíritu de resiliencia y persistencia les permite mantenerse a pesar de la su alta vulnerabilidad económica y social.

Este grupo se suma a los vendedores ambulantes y repartidores de comida, pero de entre todos ellos son los menos favorecidos y hace falta mucha ayuda para hacer justicia al importante trabajo de los recolectores de materiales reciclables.

Los recolectores de latas y botellas son trabajadores esenciales de la ciudad y del planeta.

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