
Entre las medidas más negativas del gobernador Andrew Cuomo en 2017 fue su doble discurso con los “dreamers”.
Virtualmente los excluyó del presupuesto estatal, dejando marginados a cientos de jóvenes de la igualdad de oportunidades en el acceso a la educación universitaria.
Estos jóvenes, resultaron ‘invisibles’ y no han contado ni cuentan para el gobernador Cuomo: ¿Porque no votan? Asimismo, el talón de Aquiles de Cuomo ha sido la MTA, entidad que opera el estado como “caballo de troya” dentro de la ciudad.
Por su ineficiencia en el verano reciente se convirtió en normal que los trenes no lleguen a tiempo, queden paralizados entre estaciones, cambien de rutas, descarrilen o simplemente dejen de operar sin aviso oportuno.
Cuomo trató de salvar el caos nombrando a Joseph Lhota a la cabeza de la MTA, pero sin ceder o traspasar el control de la entidad a la ciudad de Nueva York, como seria lo lógico. Cuomo, por otro lado, sigue siendo investigado por fiscales federales por patrones de contratos de funcionarios en distintas agencias del estado de Nueva York que, se presume, están asociados al equipo político del expresidente Barack Obama y Hillary Clinton.
La sospecha que existe es que están engrosando la burocracia estatal -por la puerta de atrás- para servir a su potencial candidatura a la presidencia.
Igualmente, no ha escapado al cuestionamiento de solo centrar su financiamiento de campaña recurriendo a millonarios y billonarios, dejando reducido a nada -hasta hoy- a los pequeños aportantes que hicieron la diferencia con Barack Obama.


























