
Federico Fellini, quien al igual que Roberto Rossellini fue una de las figuras emblemáticas del movimiento neorrealista del cine de la posguerra, cobró vida en el reducido escenario del neoyorquino Teatro IATI, gracias al trabajo de dirección realizado por René Buch con la colaboración de Jorge Merced, en una breve temporada que comenzó el 23 de febrero, concluyendo el 6 de marzo.
Estos dos talentosos directores, pilares indiscutibles de los teatros Repertorio Español y Pregones, respectivamente, tuvieron de prueba de fuego una adaptación teatral de la película cumbre de Fellini, “La Strada”, filmada en 1954, y sin amilanarse ante el hecho de que esa película sirvió de consagración definitiva del mismo director fílmico y de sus dos intérpretes principales — Anthony Quinn y Giulietta Masina — la ofrecieron en una versión minimalista, que bien puede tomarse como una especie de tributo al genial director fílmico italiano, que escribió su libreto asistido por Tullio Pinelli y Ennio Flaiano.
En esta adaptación al castellano de Gerard Vázquez, el personaje principal sigue siendo el rudo Zampanó, que forma parte de un circo ambulante, y su sufrida víctima es una enigmática mujer llamada Gelsomina, quienes constituyen junto a otro itinerante personaje circense un extraño triángulo a punto de afrontar un explosivo desenlace.
El papel de Zampanó es extremadamente físico, y en esa forma lo interpreta con admirable propiedad el español Luis Carlos de la Lombana. Y algunas palabras de encomio corresponden al resto del elenco, y en particular a Irene Aguilar, Israel Ruiz y Winston Estévez.



























