
Siempre el recordar cosas gratas y especialmente cuando te inicias en algo querido como lo es el teatro, se apetece por partida doble. Tal es el caso de mirar atrás, y hacer memoria cuando en 1967, dimos inicio en estas lides como asistente de dirección de “La soprano calva”, (así se llamaba esta puesta), del grupo ADA, Asociación de Arte, junto a Martha Velasco, Julio Lucía, Ángela Mancken, Alfonso Manosalvas, Ninfa Alonso y Jean-Paul Delgado, junto a la dirección de Oscar García.
Ha transcurrido medio siglo, y CODOCUL nos trajo una nueva puesta de “La cantante calva”, (este es el nombre de esta versión), de la mano de Luis Felipe Rodríguez, con el grupo de planta del Comisionado Dominicano de Cultura.
La puesta de Rodríguez, es poseedora de un poderío indiscutible y donde la excelencia de la escenografía y el vestuario, realzan de sobremanera el hecho directriz.

“La cantante calva”, transcurre de forma fluida, con situaciones bien intencionadas y logradas, y un elenco de mucha altura.
Antonio Rubio, actor de mucha solvencia y Jany Oviedo, de exquisito quehacer, dan vida con gran elocuencia a los disparatados señores Smith; mientras que Karina Blancovi y Ionesco Cabrera, dibujan felizmente a los señores Martin con gran destreza y precisión.

Arisleyda Lombert, como la criada, ejecuta su actuación de forma precisa, siendo esta el eje central del texto de Ionesco. Lombert convence por su gran desenfado y naturalidad, mientras que Gustavo Peña, como el bombero es también un hecho indispensable de la pieza, donde los ilógicos pero acertados parlamentos que el autor pone en este personaje lo hacen como otro abanderado de las fuerzas vivas.
Otro acierto de CODOCUL, además de llevar el teatro de nuestras tierras, al público neoyorquino, radica el presentar textos universales, de contenido social y de mensajes para nuestras audiencias neoyorquinas.



























