
veredas, lo cual está prohibido por ley.
Cuando durante la primavera del 2020 la ciudad de Nueva York se cerró para contener la propagación del COVID-19, el tráfico peatonal, automovilístico y ciclístico prácticamente desapareció.
Ciclistas y peatones exigen corredores más seguros para mantener el distanciamiento social. El temor al contagio por COVID-19 ha desatado una guerra por el uso de las calles en la ciudad de Nueva York.
Al iniciar la reapertura las calles, mayoritariamente desiertas de tráfico particular, se convirtieron en espacios abiertos, para evitar la congestión de la población que se mantuvo durante meses en el encierro, dando así un respiro en una de las ciudades más pobladas del mundo.
Con la paulatina apertura los peatones, ciclistas y autos han regresado, además del servicio de miles de restaurantes, que actualmente se pelean por ocupar los espacios de las calles de la llamada Gran Manzana.

TEMOR AL CONTAGIO Y CONGESTIÓN VEHICULAR
Aún cuando ni las autoridades ni los científicos han aceptado que el contagio masivo de la primera ola hubiera ocurrido en el transporte público, -debido al hacinamiento particularmente durante las horas pico-, lo que sí es cierto de acuerdo a los científicos es que en lugares cerrados, con gran cantidad de personas, el contagio es más probable.
Un gran número de neoyorquinos preocupados por el virus, evitan el transporte público y para proteger su salud han optado por usar sus automóviles o bicicletas, así como caminar e incluso utilizar otros medios como patinetas electrónicas, incrementando el tráfico en las calles.
Muchos otros prefieren utilizar las calles para caminar, evadir el confinamiento y para cenar al aire libre, sin la circulación de automóviles. La competencia por las calles de Nueva York no es nada nuevo y desde la era Bloomberg importantes áreas como Times Square, se asignaron para funcionar como espacios públicos.
Esta tendencia se incrementó en los últimos años, con crecientes pedidos para evitar la circulación de automóviles, fundamentalmente para protección medioambiental y el plan de la ciudad para reducir el tráfico, mediante la imposición de una tarifa a autos y camiones que ingresen zonas congestionadas de Manhattan, está por el momento
estancado.
Sin embargo, la pandemia ha sido un detonante que ha motivado a los neoyorquinos a reclamar el uso de la calle, promoviendo cambios en el funcionamiento de la red vial urbana, a pesar de que a nivel laboral, más gente continúa trabajando desde casa.
El Departamento de Motores y Vehículos reportó un aumento del dieciocho por ciento en la matriculación de automóviles en los cinco condados durante junio y julio del 2020, en relación al año anterior.
El dinero que la gente utilizaba para bares, restaurantes, viajes e incluso viajes diarios al trabajo, se mantuvo intacto durante la mayor parte de los tres meses de encierro y con ese dinero muchos han preferido invertir en un auto, viejo o nuevo, que les sirve como una burbuja protectora del virus, a pesar de que la ciudad ha tenido la tendencia de
evitar su uso por el tema ecológico.
Las calles de la ciudad en muchos sectores han sufrido la eliminación de carriles para buses, bicicletas y para restaurantes.
Pero reducir el uso de autos tampoco es una opción, porque la gente continuará prefiriendo utilizar sus autos para evadir al virus y las posibilidades de contagio en el transporte público.
La demanda de estacionamiento en las calles de la ciudad también está aumentando y hay reportes sobre el incremento de las reservas mensuales en los estacionamientos de hasta un ciento veintitrés por ciento, desde julio del año pasado y este servicio ha incrementado las tarifas hasta un veinticinco por ciento.

exteriores de las calles de la ciudad.
RESTAURANTES EN GUERRA
El programa de restaurantes al aire libre en la ciudad será permanente y es un salvavidas vital que ha permitido a más de diez mil trescientos restaurantes y bares ocupar las veredas, calles y otros espacios públicos.
Bajo la presión de los defensores de los espacios abiertos y la industria de los restaurantes, la ciudad excluyó temporalmente la circulación vehicular de varias millas de calles abiertas para promover el distanciamiento social, el ciclismo y las comidas al aire libre.
La expansión del servicio de restaurantes al aire libre, que se mantendrá indefinidamente, es un factor que incrementa la batalla por las calles neoyorquinas, que han visto además la ampliación de carriles para bicicletas.
Ante la imposibilidad de atender dentro de sus restaurantes, los propietarios han invertido colocando mesas y sillas afuera, en un intento desesperado de sobrevivir económicamente.
En varios sectores, como en la calle Dyckman en el popular barrio latino de Inwood del Alto Manhattan, o la calle 32 del barrio coreano entre la Quinta y Sexta avenidas, los restaurantes se han apoderado de las vías.
Los restaurantes se han sacrificado e invertido para crear espacios exteriores, a pesar de que durante el invierno no pueden funcionar totalmente por las temperaturas y aún cuando la medida de servir en el exterior se mantiene indefinidamente, llegado el momento los restaurantes no están dispuestos a renunciar al espacio ganado.
Cientos de propietarios de restaurantes luchan por mantener los espacios exteriores que se les permitió desde el verano pasado y algunos han reportado que ese espacio, les permite atender a más clientes que dentro del restaurante, por lo cual hay ya una guerra declarada por mantenerse en las calles de la ciudad.
PARQUEOS ILEGALES
La ciudad continúa luchando para combatir el abuso desenfrenado de permisos de estacionamiento, cuya función es brindar a los empleados municipales un mejor acceso a las propiedades, parqueándose en la vereda cuando están trabajando.
Pero hay mucho abuso y los empleados municipales han convirtiendo aceras, cruces peatonales, carriles para bicicletas, carriles para autobuses y zonas prohibidas, en estacionamientos para sus autos.
En febrero de 2019 se introdujo calcomanías digitales, para evitar que los titulares cambien esos permisos de un vehículo a otro, pero su implementación ha sido mínima, en comparación a los miles de propietarios de permisos en la ciudad.
El Departamento de Transporte municipal emitió calcomanías a 1.700 conductores, de un estimado de más de 125.000. Mientras el plan de cambiar toda la ciudad para principios de este año, a un sistema de estacionamiento digital de pago por matrícula, -diseñado para registrar automáticamente los automóviles como estacionados legal o ilegalmente-, también está estancado.
De estos retrasos se ha culpado a la crisis presupuestaria y a la pandemia. El sistema de pago por placa requiere una revisión total de los 14.500 parquímetros de la ciudad, trabajo realizado por la Unidad de Observación de las Condiciones de la Calle, que no sucedió en 2020, porque esa unidad se dedicó a verificar la aplicación de COVID-19
en los restaurantes en la calle.
Pocos carteles han sido revocados bajo una política contra los infractores de la ley, mientras que una unidad de aplicación lanzada en 2019, fue eliminada por problemas presupuestarios provocados por la pandemia.
SANCIONAR POR DENUNCIA
Para ayudar a reducir la gran cantidad de automóviles estacionados ilegalmente en la ciudad, el concejal Stephen Levin (D-Brooklyn) presentó un proyecto de ley, por el cual los ciudadanos que denuncien a conductores, -incluidos policías-, que se estacionan ilegalmente en ciertos carriles para bicicletas, carriles para autobuses, aceras y cruces
peatonales, reciban una comisión del veinticinco por ciento de la multa, si el infractor es declarado culpable.
Según la propuesta, los neoyorquinos solo recibirán dinero en efectivo por infracciones denunciadas dentro de 1.320 pies de una escuela, pero todos los automóviles, incluidos patrulleros del NYPD y automóviles con permisos emitidos por el gobierno, serían elegibles para sanciones.
El nuevo proyecto de ley pagaría a los neoyorquinos para delatar a quienes se estacionen ilegalmente.
Los funcionarios de la ciudad han tratado repetidamente de frenar el uso ilegal de placas por parte de la policía y otros empleados de la ciudad y han fallado.
Una ley aprobada en noviembre de 2019, tuvo poco impacto en el abuso ilegal de placas alrededor de los distritos policiales y otros edificios gubernamentales. La política del alcalde para automovilistas que usan los carteles emitidos por la ciudad para estacionarse ilegalmente, quitó los permisos solo a dos empleados en el primer año y medio de aplicación.
ESTACIONAMIENTOS DE BICICLETAS
A pesar de que es una opción que se increment, la ciudad de Nueva York carece de estacionamiento para bicicletas, con solo un lugar por cada ciento dieciséis bicicletas y según quienes se quejan, esta escasez impulsó el incremento de robo de bicicletas en 2020, cuando el ciclismo ganó popularidad en medio de la pandemia de COVID-19.
La ciudad requiere más estacionamiento para bicicletas para promover la conservación del medio ambiente y para que la gente sienta que andar en bicicleta es seguro, confiable y accesible para todos.
Esta escasez se hace notoria en comparación con los 1.5 lugares de estacionamiento gratuitos en las aceras de la ciudad para cada automóvil.
En Chicago, San Francisco, Seattle y Washington, D.C. hay por lo menos seis estacionamientos para bicicletas por cada cien mil habitantes, en comparación con menos de cuatro en Nueva York.
La bicicleta como medio de transporte post pandemia es una alternativa viable particularmente para comunidades de bajos ingresos y comunidades de color.
Un representante del NYC DOT, dijo que la ciudad logró agregar 1.150 lugares de estacionamiento para bicicletas el 2020, a pesar de los desafíos de COVID.

NUEVO DISEÑO URBANO
Actualmente los espacios exteriores utilizables se han convertido en valiosas y esenciales opciones de funcionamiento empresarial y social, incluso promoviendo una redefinición de la planificación y diseño urbano de la ciudad.
La ciudad debe prepararse no solo para la última etapa de reapertura, cuando comiencen a funcionar nuevamente teatros, espectáculos deportivos y para el turismo, que ha sido una actividad vital en su funcionamiento.
En tiempos normales las calles de Nueva York han sufrido graves problemas de circulación y congestión, igualmente de abusos de parqueo. Pero la pandemia ha trastornado todo, particularmente el funcionamiento del tránsito de la ciudad.
Esta adaptación deberá incluir la creación de nuevas rutas para peatones y nuevos carriles para bicicletas, la ampliación de veredas y la reducción del tráfico en calles residenciales.
Funcionarios de la ciudad han informado que monitorean el tráfico y que están preparados para tomar medidas drásticas si el estancamiento se agrava, incluida la restricción de vehículos que ingresan a la ciudad por números de placa o exigir que los autos tengan al menos dos ocupantes, como ocurrió después de los ataques del 9/11 en el Bajo Manhattan.
La congestión de tránsito, que reduce la velocidad del transporte público se traduce en pérdidas para la ciudad por la disminución en la productividad, el incremento de gastos operativos y de combustible.
En la ciudad de Nueva York antes de la pandemia la congestión equivalía a veinte millones de pérdida anual.
Por temor, falta de empleo, trabajo desde el hogar, uso de medios alternativos como autos particulares o bicicletas, provocan una disminución de usuarios del transporte público, habrá un impacto negativo en los ingresos del ese sistema, que ya enfrenta una grave crisis financiera.
Entre otras cosas, uno de los grandes retos para el futuro nuevo alcalde de Nueva York, será ejecutar un gran y ambicioso plan para rediseñar permanentemente el paisaje urbano, incluyendo una mejor administración de las ventas callejeras, para evitar la reducción del espacio para los peatones y con ello la posibilidad de congestionamiento.



























