La aprobación del Fondo de Trabajadores Excluidos en el presupuesto estatal de Nueva York el año pasado cambió la vida de miles de personas que sufrieron pérdida de ingresos durante la pandemia del COVID-19 y que además fueron excluidos de los programas federales que no eran elegibles para el seguro de desempleo o la asistencia de desempleo pandémico, siendo la mayoría trabajadores indocumentados.
La Sra. Dominga Kempes de la organización Iglesias Unidas por la Vivienda Justa (CUFHH), en una entrevista con Impacto Latino dijo que fue una de las beneficiadas en recibir el fondo que le ayudó a “pagar las rentas, las facturas pendientes y pagar dinero que pidió prestado durante la pandemia”.
A pesar de que ella sí recibió la ayuda, en las últimas semanas se ha convertido en una ferviente luchadora al acompañar a sus compañeras que quedaron fuera del fondo debido a que se agotó muy rápido, porque tuvieron complicaciones al aplicar, o se enteraron demasiado tarde.
El histórico Fondo de Trabajadores Excluidos (EWF) de $2.1 mil millones del estado de Nueva York, único en el país por la cantidad de dinero asignada, ayudó a más de 130,000 trabajadores que calificaron en el nivel uno para pagos únicos de hasta $15,600
Desde que se abrió la solicitud las personas desesperadas por obtener ingresos económicos aplicaron de inmediato, lo que provocó que se agotara en tiempo récord por la alta demanda.
Las intensas campañas realizadas por la coalición de varias organizaciones incluidas en el Fondo de Trabajadores Excluidos instan a la gobernadora Kathy Hochul, la aprobación de una segunda ronda y reponer el fondo con $3 mil millones adicionales.
Esta ayuda estaría destinada a inmigrantes indocumentados que enfrentaron las tasas más altas de despidos y desempleo durante la pandemia, provocando consecuencias económicas graves.
Este sector de la población trabajaba en restaurantes, hoteles, asistentes del hogar o trabajadores de servicios, quienes fueron las industrias más afectadas.
Urban Institute realizó en Nueva York nueve entrevistas a organizaciones comunitarias que apoyaron el proceso de solicitud y 15 entrevistas con solicitantes del fondo, sobre los impactos de la ayuda en las comunidades y en las familias.
Las personas que calificaron en el nivel uno, recibieron $15,600 mientras que las del nivel dos que carecían de algunas pruebas rigurosas recibieron $3,200 es decir, el equivalente a lo que recibieron las personas elegibles en los Estados Unidos en tres rondas de cheques de estímulo.
Según Urban Institute, persistieron al momento de la solicitud algunos desafíos, entre ellos, la renovación del pasaporte de las personas, proporcionar la documentación del alquiler, requisitos que se les hacía difícil cumplir.
Las entrevistas realizadas a las personas por teléfono en enero en varios idiomas incluido el español, descubrieron que todos carecían de autorización de trabajo en el momento en que solicitaron el fondo, a pesar de que los entrevistados han vivido en los Estados Unidos durante un promedio de 13 años.
De las entrevistadas doce eran mujeres y tres eran hombres. Trece eran padres que vivían con sus hijos en Nueva York o mantenían a sus hijos en su país de origen.
Por su parte, las entrevistas a los miembros de las organizaciones que en su mayoría estuvieron involucradas en abogar por la aprobación del fondo, descubrió que la mayoría recibió fondos del NYSDOL para luego ayudar con la divulgación a los trabajadores y la asistencia con la solicitud.
El impacto de quienes recibieron los fondos fue significativo entre los distintos sectores económicos del estado y la ciudad.
Al igual que la Sra. Dominga Kempes, los demás beneficiarios pagaron el alquiler, deudas contraídas por la pandemia, ayudó a estabilizar su vivienda.
Además, el fondo mejoró las economías locales, ya que las personas invirtieron en negocios de su zona, lo que proporcionó un impulso hacia una mayor inclusión social para las personas que a menudo mantienen excluidos.
En el informe de Urban Institute se detalló que algunos miembros del personal de organizaciones comunitarias comentaron cómo estos fondos finalmente regresaron a la economía local.
“Los fondos volvieron directamente a las empresas que apoyan; sacando a comer a sus familias; compra de materiales para útiles escolares, comprando muebles, camas, vehículos”, dijo uno de los entrevistados.
Los fondos se agotaron más rápido de lo esperado y, como resultado, las regiones donde los trabajadores fueron más rápidos para obtener solicitudes fueron las más beneficiadas.
Un análisis de Immigration Research Initiative mostró que todas las regiones del estado obtuvieron un impulso económico significativo de los $2 mil millones distribuidos a través del fondo, pero que muchas regiones quedaron rezagadas en términos de lo que deberían haber recibido en función de la proporción de inmigrantes indocumentados que viven allí.
Un nuevo informe realizado por la Iniciativa de Investigación de Inmigración, estima que 177,000 personas califican para el Fondo de Trabajadores Excluidos de Nueva York, que desde el año pasado se quedó sin fondos por la alta demanda.
Los trabajadores que quedaron sin empleo, ni ingresos económicos, hasta la fecha según el informe, no han recibido ningún tipo de ayuda económica, y la alta demanda representó la urgente necesidad de las personas en obtener ingresos, de los cuales muchos de ellos, fueron invertidos en deudas pendientes, compra de alimentos o pago retrasados de alquiler.
El estudio de Urban Institute indicó también que quienes no han recibido el fondo, el estrés de los ingresos inestables, la deuda, y las incertidumbres en torno a la pandemia de COVID-19 continúan acechando aún más.
Si bien el fondo sirvió de alivio, la necesidad de una segunda ronda de $3 mil millones en estos tiempos de incertidumbre ayudaría a miles de familias que continúan con dificultades generadas desde el año pasado por la pandemia.
Lea el informe de Urban Institute aquí.
Trabajadoras esenciales necesitan ser incluidos en el presupuesto estatal de Nueva York




























