
El presidente de la COP20, Manuel Pulagr Vidal (i), celebra la aprabación de un documento "La llamada a la Acción de Lima", que implica que, por primera vez en la historia de las negociaciones climáticas, todos los países deben presentar a Naciones Unidas, antes del 1 de octubre de 2015, compromisos "cuantificables" de reducción de gases de efecto invernadero de una manera "clara, transparente y entendible por todos".
Lima.- La Cumbre del Clima de Lima, (Conferencia de la ONU sobre cambio climático (COP20)) aprobó un documento que implica que, por primera vez en la historia de las negociaciones climáticas, todos los países deben presentar acciones para combatir el calentamiento, de manera que encauza un futuro acuerdo en París 2015, aunque deja muchos frentes abiertos.
Según el texto adoptado, "La llamada a la Acción de Lima", todos los países tienen que presentar a Naciones Unidas, antes del 1 de octubre de 2015, compromisos "cuantificables" de reducción de gases de efecto invernadero de una manera "clara, transparente y entendible por todos".
Esos compromisos deben ser "ambiciosos" y "justos de acuerdo a las circunstancias nacionales", y han de ir acompañados de información detallada de las acciones qué va a desarrollar el país para que esa disminución de emisiones se cumpla.
También se "invita" a los países a que incluyan en sus compromisos cómo van a contribuir a financiar la adaptación a las sequías, subida del nivel del mar o pérdida de cosechas que acarreará el cambio climático; una fórmula lingüística elegante para tranquilizar a los países en desarrollo que se negaban a firmar nada que no hiciera referencia a la adaptación.
El otro gran avance del acuerdo de Lima, alcanzado in extremis en un intenso día de prórroga de las negociaciones, es que, tras la presentación de los compromisos, la ONU analizará el impacto global de esas contribuciones nacionales para determinar si son suficientes para que la temperatura del planeta no suba más de dos grados a finales de siglo, respecto a niveles preindustriales.
Tras la aprobación del acuerdo, el comisario europeo de Energía y Clima, el español Miguel Arias Cañete, valoró "la flexibidad" que han mostrado los cerca de 200 países reunidos en Lima para que estas negociaciones, que estuvieron bloqueadas hasta apenas dos horas antes de concluir, "salieran adelante".
Arias Cañete consideró que esta flexibilidad envía una señal positiva para avanzar en los próximos doce meses, y adoptar un acuerdo global de lucha contra el cambio climático en la próxima cumbre, que se celebrará en París, en diciembre de 2015.
La mayoría de los líderes de las delegaciones nacionales declararon que "La llamada a la Acción de Lima" facilita "una estructura de trabajo para continuar trabajando en el acuerdo de Francia, como dijo el enviado de Cambio Climático de la Administración Obama, Todd Stern.
"Han sido días muy intensos pero estamos satisfechos de haber podido alcanzar un texto, que es el mejor en estos momentos", declaró el secretario de Estado español de Medio Ambiente, Federico Ramos.
El texto contiene muchas referencias a los "elementos" que deberá contener ese futuro acuerdo de París, pero sin concretarlos, ya que en los trece días que ha durado la reunión quedó claro que, en Lima, el consenso iba ser imposible en torno a esos temas.
Ese hecho, implica "que quedan muchos frentes abiertos y mucho trabajo por delante el próximo año" para que París sea un éxito, asegura Teresa Ribera, directora de uno de los principales lobbies climáticos europeos, el IDDRI.
Lima deja abierta, por ejemplo, la fórmula jurídica que tendrá el futuro acuerdo, aunque propone tres opciones: "protocolo", "instrumento legal" o "resultado acordado".
Y habla de que deberá ser un pacto "equilibrado y de equidad", que contenga "responsabilidades comunes pero diferenciadas", pero no detalla cómo se va articular esa diferenciación.
Apela a desarrollar un mecanismo internacional para pérdidas y daños asociados con los impactos del cambio climático, y a implementar la financiación a la adaptación, pero no cuenta cómo ni presenta una hoja de ruta para alcanzar los 100.000 millones de dólares comprometidos por los países en esta última materia para 2020.
Tampoco aclara qué va a hacer la ONU si al contabilizar los compromisos de reducción que le presenten los países detecta que son insuficientes para que la temperatura global no supere esos dos grados, que podrían convertir el planeta en un lugar "inhabitable" según los científicos.
El presidente de la Cumbre, el ministro peruano Manuel Pulgar Vidal, despedía la reunión afirmando que La llamada a la Acción de Lima "da esperanza al mundo", pero, como ha reconocido Christiana Figueres, la secretaria de la Convención de Cambio Climático de la ONU, "queda mucho por hacer" para que el acuerdo de 2015 sea efectivo para afrontar este problema.
"París empieza en tres semanas", decía al abandonar la cumbre el ministro de medio ambiente de Singapur, Vivian Balakrishnan.

NUEVA BATALLA
La Cumbre del Clima de Lima puso en evidencia los diferentes enfoques que tienen los países ricos y los pobres para frenar el calentamiento global, y tras conseguir un acuerdo de mínimos ha dejado para resolver en París los temas más espinosos.
Se volvió a escenificar el debate de que los países desarrollados, que son los más contaminan, tiene que pagar más que los menos desarrollados que contaminan menos y son más vulnerables a los efectos del cambio climático.
El texto aprobado en Lima, denominado "La llamada a la Acción de Lima", hace una referencia a las "responsabilidades comunes pero diferenciadas" de los países frente al calentamiento global, pero no especifica cómo se va hacer esa diferenciación.
Aunque también enfatiza el tema de la financiación para la adaptación de los países en desarrollo al cambio climático, para las ONG faltan claramente referencias a la obligación urgente de los países desarrollados de proporcionar financiamiento climático.
Y es que la financiación ha sido uno de los principales objetos de desencuentro de esta conferencia.
Pese a que el Fondo Verde, que tiene como objetivo asistir sobre todo a los países en vía de desarrollo más pobres y vulnerables para afrontar o ralentizar los efectos del cambio climático, alcanzó en Lima los 10.000 millones de dólares, aún esta lejos de la meta de lograr 100.000 millones de dólares en 2020.
Desde hace 20 años representantes de cerca de 200 países se reúnen cada diciembre en ciudades de todo el planeta en busca de soluciones a un problema común, el calentamiento global; pero cuando, aproximadamente cada cinco años, llega el momento de alcanzar un gran acuerdo parecen incapaces de lograrlo.
La reunión de París es la siguiente tras Copenhague en la que los países se proponen alcanzar un pacto global, pero a solo 12 meses, en la cumbre preparatoria de Lima vuelven a demostrar la dificultad de que cerca de 200 estados con realidades diferentes concilien posiciones, a pesar de que la ciencia sobre la gravedad del problema es más firme que nunca, y la presión ciudadana tremenda.
¿Qué pasará si se da mal? ¿Tendrá sentido que Naciones Unidas siga celebrando Cumbres del Clima?



























