
El pasado lunes 26 de marzo, las Naciones Unidas anunciaba el comienzo de la Cumbre sobre Seguridad Nuclear que tiene lugar en Seúl, en donde participan más de 50 jefes de Estado y de gobierno, además de numerosos organismos internacionales.
Es un encuentro en donde la premisa central será la de encontrar la forma de fortalecer la supremacía de las potencias, frente al debilitamiento en el que pueden verse inmersos, con el avance nuclear de países que no conforman el centro del poder y dominación internacional.
La propia página web de las Naciones Unidas anunció que la reunión entre el Secretario General de la ONU, Ban Ki- Moon, y los líderes mundiales tiene el objetivo de analizar las medidas de combate al terrorismo nuclear, además de la mejora de la seguridad de las instalaciones y materiales atómicos. El desarme (de las potencias) no es una opción, ni siquiera como demagogia.
La utilización del término “terrorismo nuclear”, pareciera dividir la existencia de lo nuclear en bueno y malo, para luego penetrar en la conciencia ciudadana con la idea desacertada que las armas nucleares son más o menos nocivas dependiendo de quien las posea o utilice. Estos actos, ideológicos, intentan legitimar y continuar fortaleciendo la el discurso dominante que indica que las armas nucleares solo son peligrosas en manos de los otros, del enemigo, de los que amenazan con quebrar el orden instaurado.
El relato histórico que cuenta que las peores catástrofes nucleares, ya sea con el claro fin de exterminar o por accidentes, han sido producto del accionar o negligencia de quienes detentan el poder hegemónico, el poder simbólico de nominación que se apropia del discurso para calar en las conciencias sociales.
El tema clave de esta Cumbre, más allá de los títulos y subtítulos que la describan, está dado por el claro peligro geopolítico que significa el Golfo Pérsico. E.E.U.U., Israel e Irán constituyen un triángulo en constante ebullición.
Washington insiste en acusar a Teherán de estar desarrollando un programa clandestino para armarse nuclearmente, mientras que el presidente de Irán, Mahmud Ahmadineyad, no flaquea en su defensa que asegura que el objetivo de su programa no es militar. Asegura que su única finalidad es producir energía eléctrica de origen nuclear.
El presidente estadounidense, Barack Obama, fue el encargado de encabezar la cumbre. El primer mandatario deberá desplegar toda su destreza política para abordar una temática en la que su país se muestra vulnerado, luego de experiencias fallidas en los últimos años.
Los resultados del conflicto con Irak, que finalmente quedó en manos de la mayoría chií, cercanos a Irán y la guerra fallida contra Afganistán, con armas nucleares inexistentes (excusa mediante la cual EU invade dicho país), han expuesto lo han expuesto a la condena generalizada.
Mientras tanto, en la Cumbre sobre Seguridad Nuclear, los líderes mundiales desarrollan estrategias para desarmar al “enemigo” y fortalecer su supremacía. Los habitantes del planeta tendrán una ardua tarea si, algún día, se detona cualquier arma nuclear por acción o accidente: deberán ser muy sagaces para determinar la localización de origen: solo deberán exterminarse si proviene de países sin “licencia para matar”, como podría ser Irán.



























