
escena de Balanza de los instintos.
Los nombres de sus personajes son tan tétricos cómo tal es su trama. Lugubre, escalofriante, llena de mucho dolor y denuncia.
Esta historia que podría ocurrir en cualquier ciudad de lo que llamaríamos el mundo civilizado de nuestros días, es la historia de Canjilón un viejo retirado marcado por la vida, debido al asesinato de su hija.
Este vive en un apartamento el cual pude pagar a pesar de sus entradas limitadas gracias a las leyes de rentas controladas vigentes por muchos años.
La Lunfarda, es una immigrante ilegal que cuida del anciano diariamente y que recibe de él un salario modesto producto de su jubilación.
Gélida Sturm, amiga de La Lunfarda, también una indocumentada es chatanjeada por un policia que le amenaza de reportar su estado migratorio si ambas no le pagan una suma que nunca podrían obtener.
Además de todo esto, la vida las enfrenta a Asno Mai, un repulsivo hombre de negocios y cuyo futuro solo depende el de poder vender el bloque de viejos apartamentos de su propiedad.
Solamente algo se interpone entre el maquiavélico negociante y el poder desarrollar un futuro economico lleno de riqueza: Canjilón.
Y ahí es donde aparece hija del ajiotísta: Presa Ibérica, un repulsivo caracter lleno de amargura, odio y venganza por el padre tan aberrante que le toco en vida.
Los dialogos de su autor, el español Antonio César Morón, son de tal peso y profundidad, que logra que la universalidad de su texto compita en algún instante con cualquier tragedia de nuestra literatura universal.

Morón nos presenta un mundo desolador para las gentes de bajos recursos y para los envejecientes.
Es muy encomiable que este texto provenga de España, país que sufrió los rigores más devastadores de la crisis del medio de la construcción: conocida en la península cómo la burbuja inmobiliaria.
El elenco, de rechupete, todos muy homogéneos y bien acoplados, pero seríamos incorrectos si quisieramos salir del paso con tan solo estas palabras.
Nuevamente es muy grato poder disfrutar de ese magnífico actor Juan Luis Acevedo, lleno de poderio escénico y gran proyección, su Asno Mai es un trabajo redondo.
Nicole Betancourt cómo Gélida Sturm, es una placidez, lleva su persnaje con gran naturalidad y mucho aplomo.
Carmen Cabrera es una actriz de grandes dotes teatrales, fuerza y brio. Su Presa Ibérica volcó en el escenario toda la pasión y dolor que cargaba dentro de sí su personaje.
La Lunfarda de Yaremis Félix fue un trabajo perfecto, donde la inseguridad, la ternura, el miedo estuvieron al alcance del público, y donde esta joven actriz nos manifiesta de manera total un trabajo de gran envergadura.
¡Ah! Y de Juan Villarreal ¿qué decir? Estuvo explendido cómo Canjilón, un trabajo total y redondo donde creemos no tener palabras para describirlo. Totalmente lleno de inteligencia y atino teatral.
Y por último la dirección de Mario Colón fue un acierto completo.
La forma cómo movió sus actores y la naturalidad con que estos proyectaron sus personajes es algo de admirar.
Un excelente treatrísta que debiera ofrecernos con más frecuencia su labor.
Cómo de admiración son tambien la funcional escenografía de Héctor Antonio Bermúdez, donde nos recordaba que no solo el mundo se derrumbaba dentro del apartamento de Canjilon sino también a sus alrrededores.
Buen sonido, luces y vestuario cómo así un acierto para IATI Theater en ofrecer este teatro de vanguardia para todo tipo de público.
Nuestro aplauso a Vivian Deangelo, Winston Estévez y Germán Baruffi en esta nueva y exitosa temporada.
Hasta el 5 de octubre, 2014. IATI Theater, 64 East 4th Street, New York. 212/505-6757.
De jueves a sábado 8 p.m. Domíngos, 3 p.m.


























